violenciaporpopularidad
 
Nueva moda en los colegios
VIOLENCIA   POR   POPULARIDAD
 
Por: Blanca García Bocaranda
 
Aunque ya la población estudiantil disfruta de sus vacaciones, el año escolar que recién finalizó sorprendió a padres y especialistas en Medicina del Adolescente porque algunas instituciones educativas privadas comenzaron a solicitar  su asesoría para enfrentar una situación relativamente nueva entre alumnos, un brote de violencia con características especiales.
 
No es una novedad entre los adolescentes , y aún más clásicamente, entre los varones, que se evidencien episodios de violencia física, peleas por las más variadas razones, desde situaciones románticas, pasando por las disputas testosterónicas-machistas sin motivo aparente, hasta las manifestaciones de rebeldía típicas de la edad. Sin embargo, lo curioso de las actuales situaciones de violencia, no radica sólo en que ahora quienes protagonizan estos eventos con mayor frecuencia son las adolescentes, sino en el cúmulo de razones expuestas por ellas. Nos referimos al manejo de la popularidad, o el poder de producir cambios importantes en relación a las conductas en los adolescentes de la institución educativa, como la razón fundamental que justifica este tipo de actos.
 
“Cuando me llamaron de la dirección del colegio, lo último que imaginaba era que mi hija formaba parte del grupo de niñas que maltrataba consuetudinariamente a otras niñas”, reportaba  una madre angustiada en la consulta, sobre un incidente en 7mo grado. Es cierto, que esto podría catalogarse como anecdótico, sin embargo al triangular los datos abundantes sobre casos similares en la consulta de Medicina del Adolescente, con la solicitud de ayuda para el manejo de los mismos por parte de los propios colegios, los especialistas no pueden dejar de prestar atención.
 
Según Ricardo Montiel Parra, médico de adolescentes, del Centro Médico Docente La Trinidad, “la otra fuente importante para reflexionar sobre el tema como algo importante es la cantidad de información anecdótica que recibimos en nuestra consulta, a través de los pacientes que vemos de manera rutinaria, es decir, que quienes consultan se basan en problemas académicos, como las conductas disruptivas escolares, en las cuales están involucrados los muchachos y, fundamentalmente, referidas a violencia dentro del plantel escolar, bien sea con sus propios compañeros, sus pares, e inclusive con las figuras autoritarias del plantel, llámense profesores, orientadores, o directivo.
 
Por lo tanto esta realidad nos conduce a la búsqueda de opciones capaces de dar lugar a una acción efectiva. El carácter multifactorial de tal situación no facilita su explicación, sin embargo podríamos mencionar algunos factores de riesgo relevantes a la hora de establecer las causas de este fenómeno, pues no hay una razón específica culpable del problema multifactorial. Algo muy importante es el sistema emocional donde se maneja desenvuelve la adolescencia del siglo XXI. El handicap de ser adolescente representa un factor determinante, pero si además agregamos los diferentes riesgos, que enfrenta por el accidente cronológico de serlo durante este período histórico donde las posibilidades de crecimiento personal, sano esparcimiento, sociabilidad segura y, en general, la consecución de los objetivos que caracterizan la “adultez sana”, son bastante más limitados que en otros momentos; pudieran ser una explicación a la frustración que muchas de estas personas experimentan. Frustración posible de canalizar, potencialmente, a violencia si consideramos otros elementos como los mencionados a continuación.
LOS ROLES
Cada vez son más contradictorios los roles a copiar. Desde los observados en casa, con nuestras familias, hasta las figuras externas que podrían servir de modelaje. Como padres estamos sufriendo la epidemia del “has lo que digo, pero no lo que hago”.
 
Valdría la pena preguntarnos, cómo manejamos nuestra frustración cotidiana, algo relativamente frecuente en nuestra rutina de emociones?, cuál es el sistema predominante de resolución de conflictos que utilizamos tanto con nuestros hijos, como el resto de los seres con quienes interactuamos a diario? La violencia verbal, física y emocional es un ingrediente cada vez más importante de nuestro sistema de vida. Y, lo que hacemos en nuestro rol de padres tiene un impacto vital en la formación de la personalidad de nuestros representados. Por otra parte, cuántas veces nos tomamos el tiempo para “negociar”, de forma “ganar ganar” con ellos sin que exista una lucha de poderes donde, finalmente, se impone la “autoridad”paterna, con, o sin razón? Si, además, las figuras fuera del ámbito familiar que podrían servir de ideales para ellos, también son escasos, presentan conductas identificables como violentas, entonces reforzamos patrones emocionales de resolución de conflicto, poco menos que efectivos.
 
La justificación de la violencia y la insensibilización en relación a la misma, son otros elementos. “La ejecución de acciones violentas está justificada siempre que sea efectuada por los personajes catalogados como “buenos”, o “los héroes”. No existen límites en cuanto a la magnitud del castigo, que podrían recibir los malhechores, pero aún más grave es que no hay una consideración especial sobre la magnitud del daño físico y emocional, que estos actos podrían causar, tanto como los propios “malos”, como a sus familias”, explica Montiel Parra.
 
Todo ello origina una insensibilización  progresiva de nuestros pequeñitos que, a la hora de la verdad, si esto continua a lo largo del tiempo, sin ninguna otra intervención, corre la posibilidad de que esto se complique en el futuro y sea la conducta aprendida en forma regular para todos los adolescentes con violencia inherente. Esto no sólo justifica los actos violentos, sino que los insensibiliza sobre las consecuencias de los mismos, colocándonos en mayor riesgo a considerarlos como alternativas viables antes de cualquier conflicto. Además, la glorificación de los instrumentos de violencia complica aún más esta situación.
 
Otro elemento es la concepción generalizada sobre el mundo como lugar violento y por lo tanto, no queda otro remedio que defenderse para poder sobrevivir. Para estas personas en pleno crecimiento, la sensación de que el mundo es violento y considerar como  única opción para  sobreponerse al mismo el ser tan, o más violento que el mundo que nos rodea, también es una realidad que profundiza el riesgo a la violencia. “Quizás estamos ante la presencia de un nuevo componente incontrolable, el “superpar”, visto como un alterego de los adolescentes, vinculado a los medios de comunicación , la cultura, etc.
 Todo conjugado en el gran “superpar”, que sin duda alguna, ellos perciben como el otorgamiento de una “luz verde” para que esto se presente y ocurra. “Si todo el mundo se comporta así, por qué tú no lo vas a hacer?” Por qué si toda la gente toma, por qué tú no estás tomando?” Y, si todos tienen relaciones sexuales, por qué no las tienes todavía?...Si todo el mundo se defiende y agrede, qué te está pasando y no lo estás haciendo aún? Tomemos este planteamiento muy en cuenta, en este momento, si queremos lograr unos adolescentes resilientes, capaces de manejar situaciones similares eficazmente y resolver lo que la vida va presentándoles lo más exitosamente posible, tanto para ellos como para quienes les rodean.   
 
LUCHA DE PODERES
 
La generación actual de adolescentes ha perdido un poco el rol de orientación de los padres, lo cual si tuvimos las generaciones precedentes. Significa que se ha tergiversado el rol del padre “amigo” por el “pana”, equivalente a perder al papá y han adquirido un “pana viejo”, quien muchas veces para sostenerse en tal situación ha sido flexible y permisivo, en situaciones que quebrantan evidentemente las normas de la familia, con las consecuencias inherentes. Los adolescentes pueden tener muchos amigos, pero sólo disponen de un set de figuras paternales, quienes idealmente deberían ser comunicativos y accesibles. 
“Perdemos entonces las limitaciones en el orden ético y moral de las normas de la casa. Una vez que esto ocurre comenzamos a ver como los adolescentes se extralimitan en su situación de experimentar hasta donde pueden llegar, “se pasan de la raya” y, si para ese momento, queremos retomar los roles de padres, se nos hace prácticamente imposible, crear una situación conflictiva de lucha de poderes, la cual potencialmente desembocaría en violencia, creando una situación de violencia entre ellos y nosotros, los papás”, agrega Montiel Parra.
No puedo dejar de mencionar otros actores en este drama. Otras figuras como, profesores, entrenadores, tutores, etc. quienes al interactuar como figuras representativas de autoridad  tienen el riesgo de ser blanco de esta lucha de poder y, lamentablemente, muchas veces responden de la forma menos apropiada, reforzando aún más este tipo de conductas.
 
Al entrevistado le llama la atención esta necesidad de urgente autoprotección, culturalmente ajena a nosotros y creada de manera artificial. Una vez más, la lucha de poder juega un papel importante en este problema, siendo representado el poder en este caso, por la popularidad, o por la posibilidad de hacer “moda” en el colegio, o mejor aún, “dictar pauta”, cosa que corresponde a los líderes. Pero, si por naturaleza no tienen esa capacidad, entonces la imposición a través de cualquier medio es la opción restante, si la popularidad es la meta y por lo tanto, es justificable. “Cuando digo, culturalmente, ajena y artificialmente creada hablo de patrones de conducta no autóctonos de nuestro bagaje cultural, siendo copia de otros países donde el problema de violencia en los adolescentes alcanza niveles insospechados”, asegura.
 
“Necesito mis panas para poder aguantar la burla de los que se creen populares”, es la expresión de los adolescentes y esa necesidad de autoprotección ante la burla, segregación y presión ante los grupos “populares” crea un ambiente de potencial violencia. Por supuesto, no estamos en niveles tan críticos como el de los adolescentes que dispararon sobre sus compañeros y profesores el año pasado n Littletown, USA, pero los expertos en la materia recuerdan haber participado en reuniones de padres y representantes preocupados por situaciones muy similares a las que estamos observando en Venezuela, menos de 5 años antes de presentarse los fatales eventos.
 
Es cierto que hay alguna cosas, particularmente, muy importadas en este tipo de fenómeno, pero sin duda alguna el común denominador es el de adolescentes que tratan de ser más chéveres que los otros y ser chéveres  significa agredir, avasallar, arrollar a otros grupos menos populares y sin tanto poder. Esto es parte de una escalada, pues ahora sólo son agresiones verbales, o “no perteneces al grupo porque no llenas nuestros requisitos” y eso duele a los adolescentes quienes tienen la necesidad de pertenencia importante, sino que otros grupos al tratar de competir con el poderío de la popularidad producen conflictos reales, muchas veces evidenciados en agresiones verbales y hasta físicas. Es una forma de conducta que pudiera escalar, progresivamente, con el tiempo si no tomamos esta realidad y la dejamos pasar a ser situaciones todavía más conflictivas, más complejas.
 
Cuando la Clínica de Adolescentes del Centro Médico Docente La Trinidad ha sido consultada por colegios en calidad de asesora ha utilizado diferentes estrategias, como la de  colocar grupos de personas preparadas para manejar las cosas de manera distinta. Es decir, grupos de adolescentes capacitados para manejar los conflictos de forma distinta, con las herramientas básicas que les permitan ser eficaces a la hora de resolver conflictos sin tener que recurrir a la violencia como instrumento. Esto funciona. Los grupos de adolescentes sirven, al mismo tiempo, como multiplicadores del mensaje, a la vez que son roles a copiar dentro del ambiente estudiantil.
 
La buena noticia, según Montiel Parra, es que existen alternativas para enfrentar el potencial problema, que en el presente se nos presenta en las etapas más fácilmente controlables y al ponerlas en práctica a tiempo podríamos evitar su escalada a niveles inaceptables. 
 
Caracas, agosto 2001
smart@cantv.net
 
Pana (s): Modismo venezolano que significa amigo, camarada.
 
Chévere: modismo venezolano que significa triunfador, maravilloso, popular, etc. Utilizado como adjetivo calificativo de cualidades positivas.
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