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La preocupación inmediata
es Venezuela
 
Por Belkis Cuza Male
Queridos amigos:
Aunque considero que la sociedad es una fuente mayor de influencia en la formación de sus ciudadanos, y que estos aprenden imitando lo que les ofrecen como bueno, somos cada uno de nosotros, seres
individuales, reflejos de Dios, los que debemos intentar primero que nada el cambio a nivel personal. Una sociedad es el conjunto de todos, y si todos cambiamos, no habrá modo de que no lo haga el entorno.
 
De modo que la revolución que pido es la interna, la revolución del ser, la vuelta a Dios, a la decencia, a la honestidad, a la compasión, a la sabiduría del espíritu. La vuelta al alma, tan maltratada, tan "rapeada"
(para usar un vocablo que tomo prestado del feo mundo del Rap). Para que un país cambie necesitamos cambiar nosotros mismos primero. Yo no espero milagros en Cuba, por ejemplo, a menos que esa deseada reconciliación nacional se produzca tras un gran "exorcismo", tras la sacudida que ha de tronar como rayo en nuestra conciencia, que ha de limpiar y sanar las heridas. Sólo la sangre de Cristo podría hacer esa hazaña. Sólo a través del Espíritu Santo podríamos lograr que la sociedad cubana del futuro se transforme en un ejemplo a imitar por el resto de las naciones.
 
Pero vale la pena que esperemos --por fe-- ese cambio, que no vacilemos en mantener nuestro sueño de restaurar en Cuba la libertad, precedida por el perdón de los unos a los otros. He dicho perdón, pero también, justicia. Sólo Dios sabe cómo administrar ambos.

Ahora, sin embargo, la preocupación inmediata es Venezuela, país hermano,  país que está ya de hecho bajo la bota de ese seguidor de Fidel Castro. Hemos visto cómo los últimos acontecimientos lo han puesto al borde del abismo, y cómo se están produciendo amenazas, nada solapadas, contra los opositores al gobierno de Hugo Chávez. ¿A quién no va a dolerle lo que pueda ocurrir en Venezuela en los próximos días o meses? En mi caso, tengo desde niña un cariño especial por ese país al que, sin embargo, nunca he visitado.
A Venezuela se fue a trabajar mi padre al principio de los años cincuenta, y desde allá nos enviaba "trozos" del país, mientras estaba en Maracaibo construyendo un central azucarero. Recuerdo aquellos libros de escolares historia de Venezuela, que me había hecho llegar con el ánimo de que aprendiésemos a amarlo y respetarlo, por lo que también trajo a casa una enorme bandera venezolana. De las selvas de ese país, llegó un día Tapara, nuestra monita araña, que convivió con nosotros más de dos décadas, y extrañamente, creo que el primer libro que leía con emoción fueron aquellas cartas de la escritora venezolana Teresa de la Parra, que para sorpresa mía le había regalado a mi padre la aerolínea venezolana en la que solía volar.
De modo que Venezuela ha sido siempre un sueño en la memoria, una "patria chiquita" a la que tanto me hubiera gustado visitar. Incluso el acento "o cantadito" de los santiagueros (y yo también me siento parte de ellos, tras muchos de residencia) ha sido siempre confundido con el de los venezolanos.
 
Lo que escribí aquí hace años, es por desgracia un fiel reflejo de lo que yo y todo el que haya sufrido la tiranía marxistoide sabe de antemano que va a suceder. Ahora, sólo nos queda esperar en Dios, de modo que no haya otra segunda Cuba en este hemisferio. Sé que no va a suceder, que el demonio no se enraizará en la dulce Venezuela.
 
Belkis Cuza Male
BELKISBELL@aol.com
 
 
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