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A
Venezuela se fue a trabajar mi padre al principio de los años cincuenta,
y desde allá nos enviaba "trozos" del país, mientras estaba en Maracaibo
construyendo un central azucarero. Recuerdo aquellos libros de escolares
historia de Venezuela, que me había hecho llegar con el ánimo de que
aprendiésemos a amarlo y respetarlo, por lo que también trajo a casa una
enorme bandera venezolana. De las selvas de ese país, llegó un día
Tapara, nuestra monita araña, que convivió con nosotros más de dos
décadas, y extrañamente, creo que el primer libro que leía con emoción
fueron aquellas cartas de la escritora venezolana Teresa de la Parra,
que para sorpresa mía le había regalado a mi padre la aerolínea
venezolana en la que solía volar. |