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Un hueso imposible 
de roer
 
por Eleonora Bruzual
Posted on Sat, Nov. 02, 2002
 
Caracas.-  Esta oposición venezolana, madura, firme temeraria. Masa variopinta donde se hermanan colores, credos, posiciones políticas y económicas alrededor de un objetivo: impedirle a Hugo Chávez, destruir la democracia, convirtiendo a Venezuela en un satélite del comunismo cubano y del monotema de un senil tirano, que durante más de 40 años ha ambicionado adueñarse de los recursos del país más afortunado de América Latina. Mucha agua ha corrido desde las invasiones de Machurucuto y el cerro El Bachiller, mas tenemos clara conciencia de que el verdugo de Cuba no ha perdido las ganas de posar su garra opresora en una nación hecha para la libertad.
 
Casi lo logra, sólo que no contaban con esa madera fina, libertaria con la cual estamos hechos los venezolanos. Todos, desde los más pequeños inocentes y candorosos que nos llevan a convertirnos en guardianes de su futuro, hasta aquéllos que han tenido la fortuna de acumular años, recuerdos y experiencias, pasando por los jóvenes y la gente madura. A todos reconozcámosle coraje, arrojo decisión, y entre todos, como ya lo señalara Carlos Alberto Montaner, son las mujeres de esta tierra de heroínas las que con más fuerza patearon las ambiciones del tiranosaurio y su pupilito bravucón, acorralado hoy por las acciones inéditas de una mayoría democrática que espontánea está en las calles, en vigilia perenne, resguardando a unos militares institucionales que, acorde a la tradición libertadora de nuestras fuerzas armadas, plantan cara al tiranillo vendepatria, haciendo uso de un artículo de esa Carta Magna cortada a la medida de un asalto, pero que permitió que se colara el 350, quizá porque lo creyeron inofensivo e inútil. El consagra: El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos.
 
Y qué más menoscabo a nuestra dignidad y soberanía que esta banda de forajidos que han tomado por asalto este país de vieja tradición democrática, y sistemáticamente desmantelan instituciones, penetrando de mercenarios de la narcoguerrilla, elementos del terrorismo internacional y agentes del castrocomunismo a organismos, desestabilizando la seguridad del estado, haciendo que hoy padezcamos los efectos de un plan macabro orquestado y ordenado desde La Habana.
 
Una vez más se repite el sino de una izquierda latinoamericana ramplona y trasnochada, en su adoración a Castro, esperpéntico personaje de dientes amarillos y barba desaseada, dialéctico morboso que condena descarado lo que él mismo practica. Castro, repitiendo en el tropero bravucón de Sabaneta, la misma tragedia de Allende, de Torrijos, de Bishop... Castro único sobreviviente sobre un montículo de cadáveres. Más de un coronel Tortoló debe existir en esta Venezuela invadida con el beneplácito de unos vendepatrias. ''Tortolós'' mintiéndoles descaradamente, mientras llenan las últimas alforjas producto de un despojo sin parangón. Con el dramatismo de una novela de Félix B. Caignet, factible de llamarse El derecho de invadir, hablarán de inmolaciones, para terminar como ya es costumbre, poniendo pie en polvorosa, a los fines de que los muertos sean otros...
 
Hugo Rafael Chávez, único golpista de esta historia. José Vicente Rangel, depredador compulsivo. Hatajo de resentidos y frustrados que como un castigo divino no pueden entrar a ningún lugar público a gastarse el dinero que han robado al pueblo venezolano a nombre de una revolución de pacotilla. Escondidos como leprosos, el bravo pueblo venezolano les saca de restaurantes, teatros, aviones al ritmo ensordecedor de cacerolas y al grito de "¡ladrones!"
 
Mal maestro es Castro, porque realmente no conocía la materia: Venezuela, tierra amable pero indómita. El gran verdugo de Cuba, en pleno siglo XXI aquí tuvo su Waterloo tropical. El farsante ha sabido condenar cualquier tipo de intervencionismo sobre Cuba mientras él, sin el menor recato, lo practica en cada lugar que su ambición escoge. Castro, que le ha enseñado la táctica de ''montar'' atentados cada vez que se requiera distraer la atención de tanto y tanto fracaso estrepitoso de un sueño revolucionario que no es más que un abordaje pirata. Ahora no más el que se quitó su emblemática verruga mostró un cañón antitanques AT4, con el cual pretendió convencernos de un plan golpista, y todos nos reímos por el absurdo de intentar decirnos que a un payaso le sale magnicidio... ''¡Valientes, Valientes!'', les grita un pueblo bravo a sus militares demócratas, y campanas de réquiem suenan por unos vándalos que pretendieron destruir un gran país.
 
ebruzual@cantv.net
© El Nuevo Herald
* Eleonora Bruzual, es Editora de este Web Magazine
 
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