- Una botella al mar...
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- Por Norma Hopson
- Miami, Fl.
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- CARTA A ELIAN
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- Elian:
- Deambulando por estas redes del Internet,
desde un rincón de mi casa, en esta ciudad que te acogió como a un
milagro, me encuentro con esta sección que te han dedicado y aunque se
que este mensaje jamás llegara a ti, te lo envío, como quien tira una
botella al mar, por si algún día alguien la encuentra miles de millas
detrás del horizonte.
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Tu recuerdo, aun
permanece. Tu pequeña figura, tu imagen inocente aun permea
el sentimiento de los que te hubiésemos querido acunar. Y tus
manitas diciendo adiós, serán una prueba más de nuestra
impotencia.
- Si cada uno de nosotros hubiese
podido abrazarte, el calor de nuestros cuerpos sería suficiente
para ampararte del invierno más frío. Y estás lejos....
Tan lejos...!, que es imposible describir la distancia que
hoy nos separa.
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- No es una distancia geográfica, es una
distancia existencial de ideas, odios injustos y arbitrarios absurdos.
- Y te doy las gracias, porque tuviste el
don de unirnos, aunque fuera por unos días, por unas horas, más nos
uniste con el sólo don de tu sonrisa, de tu cuerpo frágil vapuleado por
la injusticia y la traición en la trama distorsionada del destino. Tal
vez, un día, cuando seas un hombre, en el marasmo de esos recuerdos de tu
niñez, tan trágica a pesar de nuestro esfuerzo, recordarás aquellas
caras desconocidas, aquella gente gesticulando y gritando frente a ti, por
ti... Para entonces, es que escribo estas líneas.
- Quiero que sepas lo que tu representaste
para cada uno de nosotros.
- Tu fuiste un poco el hijo de todos, el
nieto de todos, el símbolo de todos.
Tu fuiste también, ese niño que cada uno de nosotros llevamos dentro
hasta el fin de nuestros días, ese que no queremos dejar morir, porque
gracias a él, aún podemos sonreír y llorar espontáneamente, cuando la
felicidad raramente nos toca, cuando el dolor casi a diario nos sacude.
- Te convertiste en el ideal de todos los
niños que nosotros quisiéramos salvar.
En mi corazón tu tienes un sitio. Mi corazón no es especial.
Tu rincón en él, si lo es.
En el permanecerás con esa, tu mirada perdida en la inocencia de tu
tragedia, diciéndonos adiós, desde aquella mañana de primavera del año
2000.
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- Mientras tu te alejabas, el
alma de cada uno de nosotros se colgaba a las alas de aquella
nave que te arrancaba para siempre de la libertad, en rumbo
cierto hacia la ignominia.
- Tu estuviste allí, en cada
casa que nunca visitaste personalmente, pero donde tu presencia
se sintió día tras día y nuestras lagrimas, desde entonces,
se unieron al mar que nos separa ahora, el mismo que acogió en
sus entrañas el seno heroico de donde procediste un día.
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- Gracias Elián, por darnos la
oportunidad, aunque breve, para ser mejores y para dejar salir de adentro
a ese niño que es la esperanza y que es la fe de nuestro pueblo exilado,
el cual espera, como el pueblo judío en las tierras de Egipto, regresar
algún día a la tierra prometida, cuando algún otro Moisés nos guíe de
regreso hasta sus costas.
Dios te bendiga, niño querido.
Norma Hopson
(una cubana que no olvida donde nació y por qué, no está en su patria
de origen)
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- La Tragedia
interminable
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¿Cómo
decirte Elián?
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