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Sopor revolucionario
por: María Teresa Romero
 
ESTE LLUVIOSO Y CALUROSO MES de agosto, plagado de mosquitos y delincuentes, me ha terminado de aplastar el ánimo ya de por sí golpeado tras un anárquico semestre académico. Imagínense cómo estaré que ya ni me inmuto ante las andanzas y hazañas revolucionarias de Chávez y sus genuflexos seguidores. Cuerpo y mente calados están de indiferencia y aburrimiento.
Créanme. Dejo pasar como agua que cae las tramoyas bolivarianas. Ya ni me fijo en los blancos dientes del negro Aristóbulo cuando en amplia sonrisa brillan hacia Miquilena. Impasible recibí la más reciente amenaza presidencial lanzada desde Chile, durante el homenaje ofrecido por sectores de la izquierda chilena, de usar la fuerza armada y al pueblo revolucionario (también armado) contra quienes se atrevan a aplicarle 'la fórmula de Allende'. Tampoco salí del letargo cuando escuché a Chávez recordar a Neruda y ni siquiera nombrar a nuestro Andrés Bello. Mella no me hicieron ni tan siquiera los amapuches de Chávez y Fidel, ni las arremetidas en contra de la globalización, el neoliberalismo y el imperialismo yanqui.
 
Por cierto, la obsesión conspirativa chavista ha llegado a niveles francamente ridículos. 
 
¿De qué otra forma se pueden entender las pintorescas denuncias de nuestro embajador Julio Portillo sobre las supuestas actividades conspirativas de Carlos Andrés Pérez en República Dominicana? En esta constante chavista de echarle la culpa de sus fracasos y errores revolucionarios a una conspiración nacional y/o internacional, dirigida por los oligarcas, los puntofijistas y los medios de comunicación, subyace lo que los psiquiatras denominan el síndrome del locus externo de control , conducta enfermiza que sufren quienes siempre le atribuyen la responsabilidad de lo que les pasa a algo o alguien externo. Las personas que lo padecen no tienen capacidad de verse a sí mismas, menos de responzabilizarse por las consecuencias de sus decisiones y acciones.
 
Pero nada, ni esto realmente me importa.
 
Y esto es grave; sospecho que estoy enferma y no de dengue, sino del terrible mal que padece la mayoría de los venezolanos, según las más recientes teorías psicosociales: el de anomia colectiva, el cual constituye el éxito real del gobierno chavista y su anodino proceso cundido de mediocridad e ineficiencia. Pero, amigos, existe un antídoto para este pegajoso sopor revolucionario que inutiliza nuestra capacidad de asombro y respuesta. Es la fantástica lectura de Harry Potter. Es lo único que funciona. No se la pierdan.
Caracas, miércoles 29 de agosto, 2001
 
* Politóloga y analista internacional
E- Mail mtromero@visionvenezolana.com
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