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La sobrevivencia de Israel *
por el Rabino Pynchas Brener

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Existen diferentes teorías acerca del origen del antisemitismo, ninguna completamente satisfactoria, en parte, debido a que la conducta humana es el resultado de numerosos factores, sin que muchos de ellos sean identificables. Incluso sin poder puntualizar el por qué de la sostenida e incansable persecución del pueblo judío en el transcurso de los últimos dos milenios, el enorme sufrimiento de este pueblo, debido a este odio irracional, está claramente documentado. El vil asesinato, el genocidio de una tercera parte de los judíos, perpetrado cinco décadas atrás, constituyó un episodio trágico, solamente por su dimensión, formó parte de una persistente y larga historia de discriminación y vejación, matanza y exilio. La banda amarilla con una 'Estrella de David', impuesta por los nazis como el uniforme obligado de todo judío, se había ensayado con anterioridad en la Edad Media. La reclusión de los judíos en ghettos para su fácil identificación había sido utilizada en Rusia, Polonia y en casi toda Europa y el Africa del Norte. Los alemanes demostraron mayor eficiencia con su 'maquinaria de muerte'. El éxito de esta nefasta práctica fue el resultado de un embaucamiento, ¿quién podría haber imaginado que un pueblo que produjo a Beethoven y a Heine, paradigma de cultura, podría maquinar y ejecutar un plan diabólico que incluiría el genocidio, el asesinato de centenares de miles de personas en cámaras de gas letal, cuyos cuerpos serían incinerados en los crematorios? A todo momento se recibían órdenes en los campos de exterminio de sus superiores para 'mejorar' el procedimiento de muerte, acelerar el exterminio. La proverbial eficiencia alemana se hizo presente en esta tragedia de toda la humanidad.
 
Unos años atrás, viajé con un grupo de jóvenes para visitar la comunidad judía de Cuba. Fuimos al cementerio judío de La Habana, y frente a un monumento erigido en memoria de los seis millones de judíos que fueron exterminados en la II Guerra Mundial, reflexionamos internamente sobre el destino final de niños y mujeres, adultos y ancianos que perecieron de la manera más vil. Debajo del monumento yacía enterrada una pastilla de jabón, elaborada por los nazis con grasa humana, grasa judía, horrible recordatorio del ser humano convertido en bestia. Quienes visitamos el cementerio, recitamos kadish, la oración fúnebre que no menciona la muerte, que reafirma la grandeza y santidad de Dios, incluso en el momento de la pérdida de la vida.
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Se sugiere que una de las razones por las cuales floreció el antisemitismo fue la falta de tierra propia del pueblo judío. Durante dos milenios había errado por el mundo, inmigrando a los países que le permitían residencia, huyendo de persecuciones, trasladándose a horizontes diferentes cuando sus anfitriones así lo exigían. El auge del nacionalismo europeo produjo un efecto de nostalgia por un pasado glorioso, el pueblo judío deseaba reafirmar su identidad nacional, retornar en masa a su tierra ancestral. Es así como después de varias olas migratorias que tuvieron que reclamar las tierras que habían sido abandonadas durante siglos, entrenarse para eliminar el pantano y la malaria, aprender oficios para los cuales no tenían preparación, arar y sembrar, cuidar y cosechar. El judío no había olvidado, pero ahora se enamoró nuevamente de las arenas sobre las cuales habían transitado Abraham, Isaac y Jacob, Jeremías e Isaías, Ezequiel y Mica, los reyes Salomón y David, los poetas y pensadores, los personajes que, en gran parte, definieron y sellaron la naturaleza y contenido de la espiritualidad del hombre occidental.
 
Aunque había una presencia judía considerable en Palestina durante el período de la Guerra Mundial, los ingleses, encargados por la Liga de Naciones para velar por la tranquilidad y el desarrollo del área, no permitieron que quienes lograban escapar de Europa se refugiaran en esas latitudes. ¿Cuán diferente hubiera sido la suerte del pueblo judío de haber existido en aquella época un Estado de Israel que pudiera haber actuado con soberanía en favor de las probables víctimas de los nazis. El genocidio nunca hubiera alcanzado la dimensión que obtuvo.
 
Tomando en cuenta lo ante dicho, alusión a algunos hechos que representan solamente una infinitésima parte de lo sufrido por el judío, ¿se puede concebir acaso que el pueblo judío vaya a arriesgar la sobrevivencia del Estado de Israel en el presente, después de esos dos milenios de vejación? Desde el punto de vista de Israel, el problema no reside en la cantidad de kilómetros cuadrados ni en los porcentajes de territorios a ceder. Si se toma en cuenta que numerosos palestinos se apostaron sobre los techos, durante la Guerra del Golfo, para aplaudir los misiles provenientes de Irak cuyo destino era Israel, cuando el aniversario del establecimiento del Estado de Israel, resultado de una votación de las Naciones Unidas en noviembre de 1947, se convierte en un día de duelo para los palestinos; al Nakba, "La catástrofe" es el nombre que recibe el 14 de mayo, aniversario de la proclamación del establecimiento del Estado de Israel, con la obligada quema de la bandera de Israel, los desfiles de niños que han sido entrenados en el odio. El dilema que surge es: ¿con quién se va a negociar, se puede confiar acaso en la palabra de quienes no ocultan su intención de destruir a Israel? Hay quienes opinan que los deseos palestinos de destruir Israel son irrelevantes mientras no posean los medios físicos para hacerlo. Sin embargo, una cautela elemental sugiere que si en el proceso de las conversaciones y negociaciones, en el momento cuando el único interlocutor que está en la posición de entregar tierras es Israel, la otra parte, que sólo puede prometer no agredir en el futuro, si durante este momento no se percibe un cambio sustancial de actitud, se vuelve casi imposible, para cualquier gobierno, convencer a su ciudadanía acerca de las bondades de un acuerdo político.
 
La cautela actual de Israel no implica ninguna negativa de permitir la autodeterminación de otro pueblo, solamente es la manifestación del deseo de evitar la creación de una entidad política cuyo propósito fundamental sea la destrucción de Israel. Tiene que haber un cambio palpable de enfoque y actitud. Hasta el presente, todo mapa utilizado en una escuela palestina no incluye la realidad geográfica del Estado de Israel, simplemente no existe. La carta fundamental de la OLP continúa exigiendo la destrucción de Israel, no obstante el ofrecimiento de corregirla.
 
No existe la menor duda de que el único camino es la paz, el entendimiento y la armonía entre los pueblos; sin embargo, si los requisitos implican que Israel debe sustraer, minimizar su grado de seguridad, sería exigirle lo que es impracticable.
Cabe destacar que Binyamín Netanyahu, primer ministro de Israel, fue electo en un proceso democrático y transparente, con un mandato para la consecución de la paz, pero sin reducir la indispensable invulnerabilidad de la nación. La suya, no es una tarea fácil, exige la comprensión y el apoyo de la comunidad internacional que, con el pasar de los días, reconoce más el valor de la democracia y la libertad. Vale recordar la transformación pacífica que sufrió el mundo bajo la órbita soviética que pasó del comunismo a un sistema de participación democrática. Y por qué no destacar de que incluso los países árabes moderados, no son democracias, no responden a la voluntad de sus habitantes. Israel, en cambio, es el ejemplo de una sociedad que aun bajo circunstancias muy adversas, de peligro nacional, no ofreció la democracia en el altar de la integridad de sus fronteras. Nunca sucumbió a una dictadura.
 
Resulta incomprensible la posición de quienes sostienen que la política de Estados Unidos se rige por una excesiva influencia de la comunidad judía que allí reside, la cual, no obstante su número comparativamente pequeño, representa una fuerza intelectual y económica determinante en ese país. Este hecho, si así lo fuera, podría haberse interpretado como una demostración de las oportunidades que ofrece el vecino del norte, donde un grupo puede sobresalir, gracias a su perseverancia y esfuerzo, trabajo y constancia. Siempre pensamos que los latinoamericanos nos quejábamos que la política de las grandes potencias ignoraba los deseos y las necesidades de las minorías, obedecía solamente a sus intereses económicos propios, a las necesidades energéticas indispensables de sus parques industriales. Obviamente, la posibilidad de la razón y justicia de la causa israelí, no es una opción para quienes asumen esta postura. Pensar que las decisiones del Congreso de Estados Unidos son el resultado de la presión de la comunidad judía, comunidad unida en su propósito obsesivo con Israel, es menospreciar la inteligencia de los legisladores, cuestionar su fidelidad por los intereses de su nación. Por otro lado, es igualmente ingenuo pensar que la comunidad judía es monolítica con un pensamiento uniforme, la realidad es otra. El pueblo judío está entrenado en la controversia intelectual. Según el adagio popular, cuando dos judíos discuten se puede escuchar tres opiniones. Sin embargo, lo que sí es una realidad es que estamos convencidos de la 'inconveniencia' del 'autosuicidio' nacional.
 
Decimos Kadish por la destrucción del Templo de Jerusalén dos milenios atrás, recitamos Kadish por los que fueron exterminados durante la II Guerra Mundial. De ninguna manera contemplamos la posibilidad de tener que decir Kadish por el Estado de Israel.
La paz con los palestinos y la seguridad e integridad del Estado de Israel deben y pueden ser compatibles. La inseguridad y la vulnerabilidad se constituirían en una invitación a una nueva conflagración, situación que se opone y contradice el deseo impostergable y universal por una paz íntegra y duradera en todos los rincones del planeta.
 
*Este artículo fue publicado en Caracas, el jueves 21 de mayo, 1998, sin duda, hoy, agosto de 1999, continúa con una gran vigencia

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