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- Joan Manuel Serrat
- EL ULTIMO DE LOS JUGLARES
- Por Alberto Naranjo
- Para definir el trabajo de un juglar existen
muchas formas. Igualmente conocido como trovador, trovero, ministril, minnesinger, o,
maestro cantor, el término se origina en distintas partes y épocas de Europa, aludiendo
a aquellos mensajeros de la memoria y cuenta del oficio musical, en el que el cantar
trasciende a menudo más que si se asume como una mera profesión. Cantantes del
heroísmo, el amor y la naturaleza, su expresión es por lo general más idealista que la
de otros cultores del canto, pues añaden a cada interpretación una necesaria complejidad
intelectual, con todos sus reglamentos y otros detalles.

- En estos finales de siglo, es recién cuando
muchos de nuestros países comienzan a escribir sus verdaderas historias. Por ello, el
oficio del juglar cobra más valor. Más allá de la manipulación y simple
interpretación contemplativa registrada por algunos historiadores, el canto del verdadero
juglar propone la participación, no necesariamente expresando la protesta social que
satisfaga vicariamente a aquellos seres inertes, sino ayudando a ensanchar los caminos del
espíritu a cada individuo para que trate de cumplir su propia misión ante la vida.
-
- Durante varias décadas hemos sido testigos
de la emergencia de muchas promesas artísticas que se quedaron en el camino por Re o por
Fa. Las modas musicales, como cualquier otra moda, se integran y desintegran por
combustión propia. Los últimos 30 años nos han servido para observar muchos nacimientos
y defunciones de algunas modas artísticas; también para atesorar valores y establecer
parámetros de comparación que sean justos, sin tener que esperar por algo que no haya
sido prometido jamás. A veces es un arma de doble filo, pues por un lado se depura la
capacidad para discernir la música, y por el otro se aleja su valor como elemento
pasajero para lo material o corporal. Por fortuna, existen honrosas aunque escasas
excepciones. Por eso, a la hora en que hay que meterle la cabeza al asunto musical desde
una tribuna observadora, para deleite del espíritu, es cuando cobra valor la obra
intelectual de Joan Manuel Serrat, amigo de lo auténtico, militante de su propia verdad,
guardián de los sueños, y eterno defensor de la participación colectiva, al margen de
la frivolidad del panfleto político o religioso tan característico en estos tiempos. Una
voz fácilmente identificable y su extraña habilidad para comunicar, son las principales
armas con que cuenta Serrat, sin necesidad del cosmético audiovisual ni del aparatoso
escándalo publicitario inherente a muchos artistas esclavizados por la traicionera moda.
Su forma elegante, sutil y a la vez sencilla y próxima, hacen de él un elemento único
en el oficio del juglar. Joan Manuel Serrat, además de poeta, es cantautor, esta vez
catalán como Antoni Gaudí, Antonio Tapies, Joan Miró, J.J. Bigas Luna y Tete Montoliu,
al igual que él, incapaces de aceptar comparaciones por su dimensión artística.

- El 27 de diciembre de 1943, nace Joan Manuel
Serrat en Barcelona, España, en una humilde cuna. Hijo de Josep, obrero catalán y de
Angeles, campesina aragonesa, Serrat ha mostrado durante toda su carrera una clara
ambivalencia cultural, pero sin concesiones acomodaticias, sin necesidad de caminar sobre
una cuerda floja. Prueba de ello es que sus canciones han sido compuestas en catalán y
español; sobre el campo o la ciudad; sobre seres humanos de distinta edad y/o sexo;
abarcan las expectativas europeas o latinoamericanas, pero que en cualquiera de los casos
y de dicha ambivalencia, carecen del doble mensaje típico de los farsantes. Eso justifica
que cada grabación o recital de Serrat sea una convocatoria generacional múltiple, con
gente de la segunda y tercera edad cómplice solidaria de tantas vivencias, en grato
abrazo con una juventud ansiosa por escuchar respuestas, y que recién comienza un
vínculo que promete extenderse hasta más no poder. Es que la sensibilidad no tiene edad,
y aunque alguien dijo alguna vez que los tiempos cambian, Serrat lo rebate dándole vuelta
a la hoja. Su génesis sigue siendo inalterable, aunque con un fondo más sólido que
nunca. Sus canciones se pueden escuchar una y otra vez, pues siempre se les encuentra algo
nuevo, y como el oro en polvo, cobran más valor según pasa el tiempo.

- Este dibujo es una obra de Teresa de Neuquén
-
- En 1968, Serrat comienza a llamar la
atención de propios y extraños, gracias a "Dedicado a Antonio Machado", basado
en versos de este poeta, a los que le pone música bajo la dirección y arreglos de Ricard
Miralles, y que al año de su publicación, es considerado como el álbum más vendido en
España. El éxito alcanzado por este trabajo hace eco más allá del mar, y Serrat es
idolatrado en América, uno de sus sueños más anhelados, comenzando una gira de cinco
meses por el Nuevo Continente.

- Después de eso han venido más grabaciones
y visitas personales. Así, la historia inicial vuelve a repetirse 30 años después
gracias a su reciente álbum Sombras de la China, con el que el gran cantautor
catalán viene a revalidar sus incuestionables pergaminos. Es posible que en su nuevo
discurso no aparezca el copioso verso de su juventud, como en Mediterráneo, Penélope o
Señora, pues el beneficio de los años lo han hecho más hondo y reflexivo en su prosa.
Lo hace en castellano mayormente con canciones de amor, lo que supone el mejor rumbo para
su poesía, aunque reincidan el buen humor, la originalidad y claridad del mensaje, sin
olvidarse del contenido social. El asunto es mantenerse en el candelero y llegar por igual
a los jóvenes y a otros no tan jóvenes como nosotros, para que en nuestras jornadas de
ilusiones y extravíos, podamos sentirlo como un eterno compañero de viaje.
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