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El acompañamiento de la sección
rítmica en la salsa respeta los patrones rítmicos de la música cubana, pero su
ejecución es menos destellante y más asentada, si se quiere con un criterio más
afronorteamericano que afrocubano. En los arreglos u orquestaciones de la salsa de los
setenta existen espacios muy extensos para que uno o más solistas improvisen, a semejanza
del jazz, que contrastan con las muy breves improvisaciones que encontramos en la guaracha
cubana. Por añadidura, mientras la estructura armónica de la salsa contiene
acordes, progresiones y bitonalidades afines al jazz, con grados de extensión ampliados a
treceavas, o novenas y onceavas aumentadas, en la guaracha cubana tradicional se
utilizan armonías más convencionales, como triadas, con tónica y dominante de
séptima, salvo la excepción de orquestadores como Chico OFarrill o Dámaso Pérez
Prado, que en los años cincuenta energizaron su música, obviamente inspirados en las
aventuras musicales de Stan Kenton, Benny Goodman, Charlie Parker y Dizzy Gillespie.
Por si fuera poco, algunos
destacados líderes de la salsa de los setenta, como Ray Barretto, Eddie
Palmieri y Tito Puente, que hoy en día representan tres poderosas fuerzas en el mundo del
latin jazz, virtualmente andan por ahí repitiendo sus viejos esquemas musicales,
heredados de Machito y Bauza y compartidos con Tito Rodríguez desde los tiempos del
Palladium. Así que la salsa no es enteramente de Cuba, Puerto Rico o Nueva