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Rompiendo Mitos...
Hay que decirlo, sobre todo cuando son muchos los hispanohablantes que poseen una ilusión muy grande ante la idea de trasladarse a vivir a los Estados Unidos de Norteamérica, un país con muchos mitos y generador de expectativas que no siempre se cumplen. El veintitrés por ciento de la comunidad latina en este país vive bajo el nivel de pobreza. Descarnadamente, esto significa que casi uno de cada cuatro latinos vive en pobreza, aunque se conozca que los latinoamericanos formamos una gran parte de la fuerza laboral de USA. Muchos sueñan con que se les aumente el salario mínimo (conocido en ingles como el “minimum wage”) como si esto –por si solo- realizará el milagro de permitirles ascender en la escala socioeconómica. Son muchas las necesidades: económicas, educativas, laborales, médicas que hay que enfrentar y resolver para terminar con el fantasma de la pobreza también aquí donde miles de latinoamericanos vienen huyendo de la miseria extrema que viven en sus países de origen, y claro, entre esa serie de puntos, el aumento del salario mínimo tiene su lugar resaltante y clave.
 
Es necesario que aquellos que creen que emigrando a USA conseguirán de inmediato la prosperidad, nos vemos forzados a desencantarles. Actualmente, el sueldo mínimo es $5.15 la hora - o $10.700 al año para una persona que trabaja en una posición a tiempo completo. De acuerdo a cifras del censo más reciente más de nueve millones de latinos trabajan pagados por hora. De esos nueve millones, mas de 650.000 ganan $5.15 la hora o menos. 
Un dato nada halagador debe hacer desistir de tantas quimeras y pisar tierra: El ingreso medio por semana para latinos en el año 1998 fue $370 ($337 para latinas) no ha subido mucho en estos cinco años... Debemos también resaltar que por muchos factores, incluida una latente segregación los trabajadores de origen anglosajón ganan $545. Una diferencia que no causa mucha alegría.
 
Hay que conocer que a pesar de que la guerra de Iraq ya casi es historia y ya han terminado los ataques, bombardeos, artillería, y desplazamiento por el desierto de miles de soldados aliados en su ruta hacia Bagdad, esta contienda ha generado una serie de impactos a la economía norteamericana de la cual las poblaciones hispanohablantes no están ajenas. Y tanto estas comunidades como el resto del conglomerado norteamericano espera del gobierno del Presidente Bus que comience –luego de esta guerra- a prestarle más atención a los problemas internos.
 
No logra la economía norteamericana superar todavía el impacto combinado de los atentados del 11 de septiembre, la guerra contra el terrorismo, y ahora este conflicto con Iraq que desencadenó en esta guerra rápida y costosísima.
Rompiendo mitos y fábulas, hay que decirle a aquellos que sueñan con paraísos americanos que la  recesión económica se siente en todas partes.  Y aún manteniendo la Reserva Federal los tipos de interés en su nivel más bajo desde 1961, la economía continúa estancada, y el difícil fiscal sigue subiendo.
  Resaltemos que en el año 2002 la economía de USA terminó con un déficit de 157.000 millones y los informes del Departamento del Tesoro, dan cuenta que en los primeros seis meses de ese año el déficit llegó a 252.000 millones, casi el doble de los 131,900 millones registrados en el mismo período del año 2001.
 
Si nos ocupamos de ver este primer trimestre de 2003 hay que tomar en cuenta que en este mes de marzo hubo un aumento de 58.700 millones, agravado con un descenso de ingresos del 6.1 por ciento, y un aumento de gastos del 6.6, más la pérdida de 2.6 millones de puestos de trabajo, y el índice de desempleo es de 5.8%. Con todo esto, no es USA un lugar para sueños bobos. Cierto que es un gran país pero con muchos conflictos y realidades adversas. Este país necesita algo más que una simple reducción de impuestos para levantar nuevamente su economía.
 
La opinión de algunos expertos aconseja que con un poco de dinero adicional en las manos del contribuyente, esto impulsará el consumo de bienes y servicios y pondrá más circulante en las calles. La reducción impositiva que propone el presidente no está de más. Serán muchos los que lograrán aliviar su economía personal, pero eso no resuelve el problema de fondo. Para los conocedores de la materia económica se necesita urgentemente que el  gobierno elabore un plan comprensivo de recuperación, que además de fomentar las inversiones, el crecimiento económico, y la creación de empleos, también ajuste el gasto público. 
 
Muchos norteamericanos y muchos residentes consideran que ya es tiempo de que el gobierno del Sr. Bush deje de preocuparse tanto por los problemas del mundo, y se preocupe un poco más por los problemas de sus ciudadanos.

 

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