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Visité Auschvitz en el marco de un festival de cine en Cracovia. Pasé por debajo de ese famoso y horrible arco que dice que “sólo el trabajo nos libera”. Fue una de las experiencias más extraordinarias que me ha tocado vivir. A medida que iba avanzando por aquel horror me iba desmoronando. La guía que llevaba al grupo pensó que yo era judío. Le aclaré que era venezolano pero que estaba agonizando. Fue terrible ver la huella, la evidencia de lo que ha significado una de las cosas más monstruosas que haya conocido la humanidad. Al mismo tiempo que me iba desmoronando iba sintiendo una extraña fascinación porque descubrí que aquello era de una frialdad empresarial increíble, era una verdadera industria de la muerte, como si se tratara de la Genera Motors o la Olivetti.