rizaguirre

Visité Auschvitz en el marco de un festival de cine en Cracovia. Pasé por debajo de ese famoso y horrible arco que dice que “sólo el trabajo nos libera”. Fue una de las experiencias más extraordinarias que me ha tocado vivir. A medida que iba avanzando por aquel horror me iba desmoronando. La guía que llevaba al grupo pensó que yo era judío. Le aclaré que era venezolano pero que estaba agonizando. Fue terrible ver la huella, la evidencia de lo que ha significado una de las cosas más monstruosas que haya conocido la humanidad. Al mismo tiempo que me iba desmoronando iba sintiendo una extraña fascinación porque descubrí que aquello era de una frialdad empresarial increíble, era una verdadera industria de la muerte, como si se tratara de la Genera Motors o la Olivetti.

Los nazis cruzaron todos los límites de la razón y entraron en el desvarío total. Lo que aterra es que aquello no ha muerto y el espíritu del nazismo sigue vivo, la prueba está en Austria, justamente en uno de los lugares donde comenzó todo. La reflexión que podemos hacer hoy es que el Holocausto no es competencia exclusiva del pueblo judío sino que atañe y compete a toda la humanidad.
 
Todos debemos sentirnos involucrados. Mientras más silencio se arroje sobre el tema, más cómplices nos haremos de un error y una catástrofe. Debemos mantenernos muy alertas para que eso no se repita jamás.
Rodolfo Izaguirre
(Crítico de cine, fundador y director de la Cinemateca Nacional)
 
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