Termina
diciembre, un mes distinto a lo que siempre, desde que tengo conciencia de
mi misma, ha sido esta época. No evito el placer que me da pensar como
deben estar de molestos y perplejos estos vándalos que aún permanecen en
el gobierno, al constatar que el venezolano posee la capacidad única de
asumir la gravedad de una circunstancia no importándole otra cosa que no
sea su deber.
Soy
parte de un pueblo que responde, un pueblo que tiene tanto coraje que
compensa la falta de valor y gallardía de instituciones como la militar,
que comienza a resultarnos un parapeto factible de ser prostituido,
desmantelado y colocado al servicio de un proyecto indigno. Un componente
sobornable cuya misión de defender la soberanía ojalá no se necesite
poner a prueba con otros invasores, ya que sin duda, igual que han permitido
que Chávez le entregue a Castro nuestro país, permitirá cualquier
despojo... En Altamira creo ver como para una muestra el honor que una vez
poseyeron, en los cuarteles en cambio, el vergonzante resultado de una
venta. Soy parte de un pueblo que desarmado da una lección de decencia a
esa milicia indigna, a esa guardia del pretorio que ha resultado un fiasco.
Soy
parte de un pueblo que al lado de la risa, de la frivolidad, de la simpatía
posee el temple necesario para plantarle cara a quien lo imaginó sumiso. Un
pueblo al que nadie le podrá meter cuentos, ni reeditarse a punta de
cabellos oscurecidos y mensajitos sensibleros que no borran negociados ni
cubren de olvido gobernaciones abandonadas cuando la capacidad y la
honestidad no dieron la talla... Un pueblo que no se deja engatusar por
quien ejerce de primera dama cuando hacerlo da beneficios y cuando las papas
se ponen duras monta una comedia, se sacude al bacalao y trata de salvar lo
que a punta de abusos de poder logró atesorar.
Soy
venezolana, y escribirlo o decirlo me llena de orgullo, se me regaló la
fortuna de vivir y ser parte activa de este tiempo, por eso de cara al 2003,
a ese año nuevo que comienza, si me preguntan que quiero, respondo: Quiero
seguir siendo lo que soy, una voz en un coro de pueblo soberano. Quiero
llorar o reír pero en Venezuela. Quiero permanecer alerta para no perderme
detalles de esta batalla hermosa por la democracia. Quiero por los que han
muerto ser memoria y acción de una nación indomable, quiero vivir y morir
en libertad, comprometida por siempre con la dignidad.
(*)
Periodista, Editora de nuestro Web Magazine
Columnista
de El Universal de Caracas y del Nuevo Herald de Miami, Fl.