powerlook
New York, 1999
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Ha llegado el momento de renovar el vestuario exageradamente
serio de las ejecutivas (Foto Digital Visión)
 
La mujer de hoy, segura de si misma, no requiere competir con los hombres.
Las Mujeres del Tercer Milenio: Ejecutivas, capacitadas, triunfadoras, ya no requieren de un saco masculino para ejercer profesionalmente, y así recuperan feminidad
 
Nueva York.- Las mujeres ejecutivas se rebelaron contra el "power look" y decidieron vestirse de manera más atractiva, en un cambio que según algunos expertos tiene aires de cuestionamiento a la cultura machista.
 
Los talleres, los trajes cruzados grises y los sacos azules, se transformaron en prendas molestas para las mujeres profesionales, que se inclinan ahora por prendas más prácticas y coloridas.
El cambio asestó un duro golpe a famosas firmas como Donna Karan, Liz Claiborne y Tahari, que desde fines de los años ochenta son el punto de referencia de las mujeres que ingresaron a las alturas del mundo financiero.
 
La ropa femenina para la oficina es un mercado que sólo en EEUU maneja alrededor de cien millones de dólares al año y los estilistas, que siguen proponiendo saco y pantalón, corren el riesgo de quedarse con las migajas, pues aun las ejecutivas que no renuncian al saco prefieren un blazer respecto de las prendas de corte clásico y formal.
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Diez años atrás en Wall Street las mujeres no se quitaban el saco ni por un minuto, mientras sus colegas varones se presentaban con frecuencia en mangas de camisa, con la corbata suelta.
"Jamás habría soñado presentarme en el trabajo sin un traje: habría sido una muestra de inseguridad y no quería ser demasiado visible como mujer", comenta a ANSA una ejecutiva emocionada por la "liberación", pues con el "power look" las mujeres se veían obligadas a parecerse a los hombres. Según el crítico de arte y semiólogo Marshall Blonsky, la moda fue cómplice de esta cultura patriarcal y finalmente las mujeres decidieron volver a ser ellas mismas.
El cambio llegó de la mano de la última generación, mujeres jóvenes con un brillante currículum y una sólida preparación, que sienten que no tienen necesidad de parecerse a sus colegas hombres para ser aceptadas en el trabajo.

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Estas jóvenes entran en las oficinas pisando la alfombra con sandalias y se arremangan, porque trabajan sin nada que temer.
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