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wpe133.jpg (4416 bytes)  Orígenes de la música cubana

  Los españoles que acompañaron a Cristóbal Colón en su empresa de colonización
americana, provenían de un conjunto de pueblos y razas que acababa de obtener su unidad política con las reconquistas peninsulares de los Reyes Católicos. Como tal, no puede
hablarse de una homogeneidad cultural hispana. Aún existen marcadas diferencias entre un catalán, un vasco, un gallego, un canario o un andaluz. En este último caso, a fines del Siglo
XV Andalucía es un territorio recién conquistado a los moros, que no eran más que una
mezcla de poblados indígenas cristianos, descendientes de anteriores colonizaciones
fenicias, griegas, romanas y celtíberas, cruzadas con judíos, árabes y mozárabes. Los rastros
de estas diferentes y antiquísimas culturas se fijaron en el continente recién descubierto de muchas maneras, variando de Siglo en Siglo, viajando de una región de América a otra
región de América, devolviéndose al Viejo Continente, regresando, reinventándose sin
parar, siendo en gran parte la razón principal para que tengamos en América no un género musical popular, sino una inmensa cantidad de géneros musicales populares, algunos con estrecha semejanza entre sí, y otros no. Pero no hay que olvidar que durante todos estos
siglos, la música sigue siendo un monopolio casi exclusivo de la Iglesia Católica, aunque
esta música sacra no es local sino universal, pero no procede de España, sino de Roma, y
no se canta en español, sino en latín.  Eso da una idea del contenido de la mayor parte de la expresión musical durante más de tres siglos de colonización, con preferencia hacia la
música escrita, opuesta a la popular, de tradición oral.
Es por eso que hoy conservamos cientos de misas, motetes y otras composiciones musicales, ubicadas desde el Siglo XV al XIX, y tan pocas coplas y canciones populares, dado que la Iglesia representó el único centro de trabajo de carácter permanente para laborar profesionalmente la música, institucionalizando los estudios musicales e introduciendo instrumentos y formas musicales de una gran complejidad, aunque sin preocuparse mucho
por transcribir musicalmente los cantos indígenas con propósitos de preservación.

  Sin embargo, hay una diferencia en el ambiente musical cubano en relación al resto de las colonias españolas. Entre las más grandes culturas indígenas, como la azteca, la maya o la incaica, hubo una conducta más pacífica y negociadora en comparación a la guerrera actitud
de otras etnias indígenas, como la cubana, que una vez agotadas sus opciones defensivas, prefirieron un honroso suicidio antes que una pasiva sumisión.
A todas estas, los primeros aportes musicales del Africa Negra en Cuba datan del Siglo XVII. Y es que lo africano, que comenzara a delinearse en el siglo anterior, se desborda en  este siglo. Como en el caso de lo hispano, no hay un influjo africano, hay influjos africanos.
Al igual que el crisol cultural de España, Africa cuenta con un mosaico de pueblos, en ocasiones coincidiendo con dos influencias culturales afines a España, la árabe y la judaica.
De acuerdo a los historiadores, los aportes africanos en el Continente Americano
dependieron según la entidad colonialista, la mayoría de ellos procediendo del Africa Occidental. En las colonias inglesas y holandesas (este de los Estados Unidos, Jamaica, Surinam y parte de las Antillas) resalta la cultura fanti-ashanti de Alto Volta y Ghana; en las ibéricas (Brasil, Cuba, etc.) la cultura yoruba de Nigeria y/o la  bantú de Angola y el Congo,
y en las francesas (sur de los Estados Unidos, Haití, etc.) la cultura ewe-fon de Dahomey.
Por otro lado, la ubicación geográfica de Cuba representó para los viajeros de Indias un estratégico punto, bien fuera como centro de abastecimiento o intercambio comercial, así
como para el tráfico de esclavos.
         
  Entre tanto, mientras que la Iglesia dá gran importancia a la música coral por intermedio
de villancicos y cánticos en los idiomas aborígenes, como un medio para ir permeando las grandes masas aztecas, quechuas y mayas, en Cuba ya no existen los indios, y el negro trasciende la música religiosa, dominando con facilidad la técnica de los instrumentos o
como integrante de un coro, pero no como aficionado o anónimo, sino como un profesional de la música. Paralelamente surge un evento continental que afectará notablemente el desarrollo
de la música cubana.

  Con el estallido de la Revolución Francesa, los esclavos negros --que constituían la mayor parte de la población haitiana-- fueron declarados libres. Aún así, hacia 1791 se alzan
contra los antiguos amos blancos, que comienzan a huir despavoridos, algunos a New
Orleans, la mayoría al Oriente de Cuba, por su relativa cercanía. Muchos de los antiguos esclavos, aún no muy convencidos de los privilegios de la libertad, prefieren acompañar sumisamente a sus antiguos patronos. Cualquier exiliado, si bien no carga encima bienes de fortuna, lleva su cultura y sus deseos de trabajar al nuevo suelo que le tiende una mano
amiga y lo ayuda a comenzar de nuevo. En el caso de los haitianos, además de su equipaje repleto de ilusiones se llevaron consigo su contradanza a Cuba.
Alberto Naranjo
alnasmusic@cantv.net

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