Infinidad
de mitos y falsas creencias existen sobre la utilización de analgésicos
fuertes, lamentablemente, muy arraigados no sólo en médicos y personal que
trabaja en salud, sino también en los pacientes y público en general. Para
iniciar un tratamiento médico con opioides en el paciente con enfermedad crónica
degenerativa, tipo osteoartrosis, artritis reumatoidea invalidante y
deformante, hay que convencer al paciente de que puede consumir dosis pequeñas
de un analgésico, tipo morfina. Es parte de la cultura y creencias
religiosas sobre el beneficio que da el dolor al alma e, inclusive, la
iglesia predica que “parirás con dolor” cuando hoy se puede parir sin
dolor y con mucha alegría porque no se está sufriendo físicamente.
Nos
acostumbraron en la historia familiar a que “se trata con morfina cuando
no hay más nada que hacer” y es que todos tenemos el recuerdo, o la
vivencia de un familiar a quien le indicaron morfina en el momento de la
muerte, lo cual conlleva a la asociación mental en la cultura popular de
“morfina empieza con M de muerte”, que podría se compatible y hasta
relacionado porque todos lo hemos vivido muy de cerca,aunque eso no es así. También podría decirse, que “comienza con
M de mejoría”. La morfina, como prototipo de analgésico fuerte, se
utiliza hoy como un medicamento analgésico muy bueno, más económico que
cualquiera de los otros y algo bien importante: no produce adicción, por
supuesto si está indicado a la persona adecuada, en base al tipo de dolor,
al peso de la persona y bajo vigilancia médica. Este grupo de medicamentos
tampoco se indica para ayudar a bien morir, sino para tratar un dolor de
fuerte intensidad y para mejorar la “calidad de vida” de los pacientes
con dolor crónico de fuerte intensidad. Como se puede apreciar, son
conceptos que han cambiado, tanto como aquel sobre la indicación de
tranquilizantes cuando la gente está muy nerviosa (lexotanil, valium,
ativan) que producen adicción y no por eso se dejan de prescribir, ni de
consumir. Lo importante es respetar y seguir ciertas normas estipuladas por
el médico.
Siempre
dicen que los medicamentos tipo morfina afectan el corazón...
Todo
eso serían los efectos colaterales y es vital resaltar que todos los
medicamentos producen efectos colaterales, por lo tanto es labor del médico
prevenirlos y educar al paciente sobre los mismos; educación que agregará
un factor importante en la relación médico – paciente, al incrementar la
confianza entre médico y medicamento. Con respecto a los medicamentos analgésicos
fuertes, es decir, los opioides, el efecto colateral más frecuente en la práctica
clínica es el estreñimiento, o constipación, por lo tanto vale destacar
que no destruyen, ni afectan al corazón. El principal efecto colateral
(estreñimiento) se debe prevenir educando al paciente al indicarle el
aumento de la ingesta de alimentos ricos en fibra, beber mucho líquido y
hacer ejercicio diariamente; si el estreñimiento es severo el médico le
indicará laxantes leves, como leche de magnesia, o aceite de oliva, de gran
ayuda en el control del malestar gástrico. Otros efectos colaterales
asociados con las primeras dosis, aunque en un porcentaje mucho menor que la
constipación, son las nauseas y vómitos, que son pasajeros y de fácil
tratamiento.
Análogamente,
los analgésicos tipo antiinflamatorio, presentan como efecto colateral, o
indeseable, los efectos gástricos, es decir, que “pegan en el estómago”,
y sin embargo son de los análgesicos más vendidos en el mercado, al
poderse adquirir sin indicación médica. Esto conlleva a una alarmante
automedicación, pero cantidad de gente los consume sin importarle el efecto
colateral, pues en esos casos toman protectores gástricos, o se los toman
con las comidas. Igual sucede con con los medicamentos analgésicos fuertes,
que si bien es cierto son algo más delicados y requieren cierta vigilancia
médica, no por eso dejan de ser medicamentos seguros, capaces de brindar
buena analgesia.