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OJO POR OJO Y 
DIENTE POR DIENTE
Norma Hopson
Miami, Florida
Juanandrea@aol.com
Observando la trágica trayectoria de los últimos tiempos por parte de algunas facciones o grupos de Al Queida, del régimen del Taliban y las guerrillas palestinas, no cabe menos que pensar que ya está bueno de tantos paños tibios con quienes sólo conocen un idioma:  la guerra y la fuerza.

Estamos lidiando con seres sin sentimientos, robots humanos que están programados para matar, y tan magistralmente programados, que son dignos de ser estudiados psiquiátricamente. 
 
Todos sabemos que el instinto más fuerte y difícil de destruir en el hombre es el de conservación y estos locos fanáticos han podido bloquear en sus hombres ese mecanismo de supervivencia.  Increíble!  Retornamos al tiempo de los kami-kaze japoneses, con la terrible diferencia, que aquellos se inmolaban mientras se batían militarmente en los cielos del Pacifico, expuestos a la metralla de sus entonces enemigos.
 
Sin embargo, para estos monstruos de ahora, porque seres humanos dejan de serlo, una vez cruzan esa línea divisoria entre el luchar por un ideal y convertirse en criminales robotizados, no existen los más elementales principios de piedad y respeto hacia la vida tan propios del ser humano.  Lo mismo asesinan y hacen volar en pedazos a una criatura de dos años, que a un general de cinco estrellas, ya que todos están a la merced de sus garras ocultas y asesinas.
 
Y debiéramos aceptar ya, que con este tipo de enemigos no hay tema que discutir.  Es hora de que se les demuestre que el que a hierro mata a hierro debe morir y que aprenda a saborear en mesa propia, el dolor y el crimen inmundo que ellos emplean en las de otros, sin descartar la posibilidad de apresar a los verdaderos responsables de estos baños de sangre y ahorrar para el futuro, los odios tribales que se seguirán transmitiendo de generación en generación, si no paramos esta locura a tiempo.  

La guerra debe ser siempre el ultimo recurso al que las naciones civilizadas acudan en aras de resolver sus problemas.  Pero que sucede, cuando están enfrentándose dos naciones de las que, una de ellas sigue aferrada a pelear una guerra sucia por defender su principios políticos, religiosos o étnicos?
 
El hombre moderno puede aceptar y hasta entender que un individuo muera por sus creencias, sean del índole que sean, siempre y cuando lo haga en una lucha militar, como parte de una guerra entre ejércitos en los que la mayoría de sus miembros escogen de propio consentimiento esta profesión que tantos riesgos involucra, incluyendo el perder la vida, ya que para ello se entrenan por años y van preparados a matar o a que los maten.
 
Sin embargo, para lo que ninguna mente medianamente racional y sensible está preparada es para este tipo de ataques arteros, cobardes y viles contra civiles inocentes.  Todo hombre de mediana conciencia condena este mil veces siniestro crimen, que se forja en el clandestinaje y ataca sin avisar, alimentándose de odios añejos.  Es imposible, no hay mente civilizada que lo pueda comprender, porque no hay nada que justifique el asesinato masivo sin diferenciación de sexos, edades o lugar. 
 
Para quienes actúan así, sólo hay una denominación:  ASESINOS y como a tales se deben tratar.
 
En que se basan los que pretenden vendernos la idea de que hay alguna posibilidad, por remota que parezca, de establecer un dialogo con estos salvajes del siglo XXI que no comen carne humana, pero la despedazan y se vanaglorian con ello?
 
Los terroristas son el más peligroso enemigo que pueda enfrentar el hombre civilizado de nuestra época.  Nos hemos embarcado a pelear una guerra sucia, una guerra difícil, que nos puede desangrar física, moral y materialmente.  De esta guerra pueden surgir complicaciones sin precedentes si no nos adelantamos con pasos ciertos y contundentes al desgaste que emocionalmente la misma nos va a dejar.
No hemos peleado nunca una guerra peor que esta guerra que se pelea hoy día contra el terrorismo.  Estamos dando palos a ciegas, mientras ellos tienen de antemano sus objetivos cuidadosamente escogidos y la prueba es que nunca fallan.
Basta ya de dialogo con el Sr. Arafat.
Este señor dono su sangre a este país cuando el ataque del 11 de Septiembre y muchos incautos y crédulos cayeron en la trampa de creer en la imagen que él, muy sabiamente, trató de vender en el momento preciso a un pueblo herido y emocionalmente inestable, que no podía en ese instante interpretar el verdadero significado de este acto.
 
Este hombre, dada su dual naturaleza, se embarco en este show magistralmente organizado, escondiendo la verdadera intención que le animaba y que no podía ser otra que la de honrar a sus entrenados y fieles seguidores que también dieron la suya en aras de imponer su ideología y darle un escarmiento a este país que consideran su enemigo primordial por sus relaciones con el pueblo judío.
Algún día lo sabremos.  Ya habrá alguno de sus compinches que nos narre lo que realmente anidaba en su mente este señor, lo que se dijo entre bastidores que las cámaras incautas americanas no pudieron captar.  Y ojalá, que su sangre se haya botado en algún vertedero, porque será muy triste para aquel que lleve dentro la sangre de quien instigo a otros a matar a sus hijos, a sus hermanos.
 
Por eso, a este señor le deben dejar fuera ya de cualquier conversación entre judíos y palestinos y considerarle como lo que es: un doble agente.
 
Mientras pretendamos medir con nuestras varas justicieras las acciones criminales de este tipo de elementos incomprensibles a nuestros civilizados parámetros, estaremos yendo en un viaje retrogrado sin destino y en el camino, quedaran miles de los nuestros por cada loco programado de los suyos que decida inmolarse en aras de la mas abyecta aberración ideológica.
En nombre del futuro de nuestras civilizaciones venideras, apoyemos al pueblo de Israel y detengamos este holocausto sangriento utilizando a tiempo esta maxima del Antiguo Testamento que preferiríamos no tener que utilizar y a la que sólo el hombre se aferra cuando ya no hay otras opciones que buscar, como ha hecho nuestro gobierno con el único propósito de traer a la justicia a los asesinos de nuestros hombres y mujeres que perdieron la vida en las Twin Towers, en el vuelo de United y en el Pentágono, esa triste mañana del 11 de Septiembre del 2001.  

"OJO POR OJO Y DIENTE POR DIENTE"
 
Norma Hopson
Miami, Florida
Juanandrea@aol.com
 
Marzo 29 de 2002
Marzo 28, 2002
Que sus muertes no lleguen 
jamás a ser una estadística.

348 MUERTOS 

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