oellosonosotros

 
por Carlos Alberto Montaner  
El secuestro y liberación del joven millonario venezolano Boulton fue sólo un botón de muestra. En Argentina también se va degradando peligrosamente el orden público. Se multiplican los secuestros y los asaltos. En la medida en que se profundiza la crisis aumentan los delitos. Pero lo terrible de estas situaciones es que transforman para siempre en criminales a personas, casi siempre muy jóvenes, que no necesariamente se encaminaban en esa dirección. Una vez que, pistola al cinto, se acostumbran a apoderarse de lo que no les pertenece por métodos violentos, y una vez que se insertan en comunidades en las que sólo se aprecia la audacia, y en las que la falta de compasión se tiene por una virtud, estas personas difícilmente van a abandonar el camino del crimen, aun cuando varíe la situación económica y el país recupere la esperanza.
 
Lo que quiero decir es que la multiplicación exponencial de delitos y de delincuentes en América Latina no es un fenómeno temporal que se alivia cuando la situación económica mejora. La crisis deja como secuela un mayor circuito de delincuentes, mafias más densas y mejor organizadas, y estados débiles que no consiguen enfrentarse con éxito a los criminales, lo que suele provocar la proliferación de costosos mecanismos de protección privados al servicio de aquéllos que poseen recursos para costearlos. Algo totalmente fuera del alcance de los niveles sociales medios, grupos que se convierten en el blanco preferido de los delincuentes. Esto es lo que se observa, por ejemplo, en México, en Guatemala, en Venezuela y, naturalmente, en Colombia, hoy por hoy el país más violento del planeta.
 
No hay hoy ningún flagelo social más grave en América Latina, pero no parece que la sociedad esté dispuesta a afrontarlo, más allá de la queja lastimera. Los presupuestos asignados al funcionamiento de los tribunales son bajísimos, la policía carece de recursos, y, sobre todo, suele prevalecer una actitud de negligente indiferencia. ¿Se puede hacer algo imaginativo? Claro. Por ejemplo, recurrir al ''servicio policiaco obligatorio'', es decir, reclutar a los jóvenes para que realicen durante un periodo de sus vidas funciones policiacas en lugar de militares, dado que el gran problema radica en el mantenimiento de la seguridad ciudadana y no en una hipotética guerra con el extranjero. ¿Por qué no pedirles ayuda a las facultades de derecho, con sus millares de estudiantes, para que auxilien en las cárceles, juzgados y recintos de policía? ¿Existe una mejor manera de formarlos en la realidad de los delitos y las penas? ¿Por qué no hacer lo mismo con las facultades de psicología, para pedir la colaboración de expertos en terapias dedicadas a la reinserción de jóvenes criminales, si sabemos que las técnicas de Glasser son probadamente útiles cuando se ensayan en la adolescencia? De lo que se trata, pues, es de involucrar a toda la sociedad en la solución del problema, dado que no hay otro fenómeno social que afecte a un mayor número de personas.
 
No hay forma de esconder la magnitud del problema. Si algo sabemos, desde hace siglos, es que cuando se pierde el principio de autoridad cualquier catástrofe es posible, cualquier aventurero puede apoderarse de las riendas del gobierno, y no hay otro destino que la pobreza creciente. 
¿Qué inversionista extranjero está dispuesto a llevar sus recursos a países en los que la ley y el orden han desaparecido? ¿Qué argumento racional existe para mantener los ahorros en países en los que cualquier matarife puede arrebatárnoslos impunemente?
Es realmente curioso que ante los terremotos o las inundaciones los gobiernos declaren una situación de emergencia nacional y dicten medidas excepcionales, mientras se mantienen de brazos cruzados ante fenómenos como el de la creciente delincuencia, mucho más dañinos y destructivos. Y lo sorprendente es que se conocen numerosas fórmulas para atacar el problema, pero todas requieren de la colaboración decidida de la sociedad y, seguramente, de un intenso debate previo. ¿Hasta cuándo vamos a ignorar el problema? Mientras más demoremos más difícil será la solución.
Julio 29, 2002
 
 
Carlos Alberto Montaner

Vuelva a Opiniones

click
Carlos Alberto Montaner 
teme a la salida militar
Volver al
Home Page

 

Cartas a la Editor