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Noviembre 2000
 
Israel
un pueblo, un corazón
Hace pocos días, para ser bien precisa, el pasado jueves 26 de octubre, participé en un acto de reafirmación del apoyo y la solidaridad hacia el Estado de Israel, allí compartí
con el Honorable Señor Pinchas Avivi, Director General del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel. El Señor Arie Tenne, Excelentisimo Embajador del Estado de Israel, acreditado en mi país Venezuela, con los Honorables Rabinos y miembros en general de la Comunidad Judía Venezolana , en  mi participación en dicho acto, y en mi condición de venezolana, dejé constancia de lo que sentimos - los hijos de esta tierra de libertadores - por el pueblo de Israel, ante la comunidad judía venezolana, llena de lo mejor de ambos mundos, ese mundo judío de tradiciones, historia e identificación milenaria con su tierra, y esa faceta nuestra, caribeña, fresca, amable y solidaria que es un rasgo común de nosotros los venezolanos no importa de dónde vengamos, no importa si decimos ¡Shalom!, si decimos ¡Sa’Allah malecum!  o si decimos ¡Qué hubo vale!
Vista del público presente en Hebraica
En la fotografía Pinchas Avivi
de la Cancillería Israelí
Allí, una vez más, hice público mi apoyo irrestricto a un pueblo que ha vencido la adversidad, que ha regado su historia con sueños, lagrimas y sangre, y ha demostrado al mundo que el milagro supremo de la vida, y el respeto a esa vida, permiten a una nación  conseguir sus metas, recuperar sus bienes, sean terrenos o espirituales, y da la cohesión, la fuerza y el temple para hacer tangibles los milagros.

El pasado día 15 de octubre, en la cumbre de Egipto, en la cual se reunieron las dos partes en conflicto, decía el Presidente de Estados Unidos Bill Clinton: "Nuestros objetivos centrales serán detener la violencia, restablecer la seguridad común, averiguar cómo empezó esto, cómo puede prevenirse para que no vuelva a ocurrir y encontrar una manera de restablecer el diálogo y las negociaciones".
Desde este país nuestro, una mujer venezolana, una periodista, tiene la osadía de responderle al presidente americano, y decirle que la violencia no se puede detener si un mundo cómplice pretende mostrar a bandas de terroristas –hoy escudados detrás de niños envenenados por el odio, y que ya no pueden llamarse niños, sino más bien engendros de muerte y horror-  como víctimas de un Estado y un Pueblo que desde que logró su  independencia el año 1948, no ha hecho otra cosa más que defender su derecho a la tierra, a su historia y a la vida.

Me permito responder a su pregunta de cómo empezó esto, diciendo que esto empezó hace mucho, tanto que es imposible ya precisar si alguna vez hubo la posibilidad de convivir en paz. Si alguna vez existió un sendero que llevara a ambos pueblos por rutas de hermandad.
Empezó, cuando un mundo interesado comenzó a disfrazar de “Sensibilidad” un feo sentimiento que todos conocemos, un sentimiento vil, miserable llamado antisemitismo. Empezó cuando se quiso disfrazar de corderos a bandas de asesinos que volaban sinagogas, escuelas, aviones, mataban jóvenes atletas, masacraban viajeros en los aeropuertos..
Sigue hoy, cuando se nos venden imágenes de plañideras llorosas, cuando sabemos muy bien que cuesta identificarse con madres que permiten que niños de siete y diez años se conviertan en instrumentos en manos de intereses inconfesables. Sigue allí en las manos sangrantes de unos animales que pretenden solidaridad para descuartizar y desmembrar a unos soldados cautivos, cuyo pecado fue defender su patria y su pueblo...

 
 
Y digo que quizá la única manera de prevenir que esto sea el polvorín con el cual se incendié un mundo es no permitir que se manipule la información, no permitir que se falsee la realidad, y sobre todo no aceptar que un Arafat, junto a los activistas de Hisboláh, de Al Fatáh y  tantas otras siniestras organizaciones, son inocentes que sólo buscan vivir en paz, y que tienen la ética, la honradez y la valentía para dialogar y negociar.  

   
 
 
Ese pasado 15 de octubre decía Clinton: "No hay que hacerse ilusiones" porque "la situación sigue siendo muy tensa".

 

Hoy, guardando las distancias, yo digo que no sólo no hay motivos para las ilusiones, sino, que hay que tener muy en cuenta quienes pretenden no una tierra, no el derecho a una patria, sino que pretenden exterminar al pueblo de Israel, y que cuentan con aliados poderosos que quieren trasladar el conflicto más allá de Israel y Palestina, y que están dispuestos a llevar hasta pueblos y países donde tradicionalmente se ha convivido en paz  el odio, la intransigencia y la violencia.
Hay que estar alerta. Venezuela no está exenta de ver muy pronto escenas que corroboren esto que estoy diciendo... Hay que salirle al paso a manipulaciones y mentiras, a pretensiones de obligar solidaridades irracionales y sobre todo, al deseo de terminar con lo que ha sido la conducta tanto de los gobiernos como del pueblo venezolano desde aquel 14 de mayo del año 1948 cuando Venezuela apoyó y avaló el que el pueblo judío y el movimiento sionista mundial, proclamara el establecimiento del Estado judío, que se llamaría Medinat Yisra’el (Estado de Israel) y estaría abierto a la inmigración de judíos dispersos por todo el mundo.   
 

Viejos y múltiples son los acosos al Estado de Israel, viejos, múltiples y conocidos por cualquier venezolano con un poco de información. No les será fácil a estos aliados del odio hacía Israel, que confundamos la historia...  Nadie nos va a convencer de que aquel  15 de mayo, 24 horas después de proclamada la independencia, los ejércitos de Egipto, Transjordania – hoy Jordania - Siria, Líbano e Irak unidos a los palestinos y a otras guerrillas árabes que luchaban contra los judíos desde noviembre de 1947, estaban respondiendo a un ataque, o tenían posiciones defensivas...
 
No, desde esa fecha, como decimos aquí en Venezuela “En cambote” se han tirado sobre Israel para destruirlo. Hay que decirle a tanto “Seudo pacifista interesado” que sabemos que desde hace ya 53 años el enfrentamiento se convirtió en un conflicto internacional, y que esa primera Guerra Árabe-israelí, conocida en Israel como la Guerra de la Independencia evitó que los árabes destruyeran al naciente Estado Judío, y forzó a terminar con  un armisticio, dispuesto por la ONU, entre Israel por un lado y Egipto, Líbano, Jordania y Siria por el otro.
Digámosle a tanto manipulador de oficio y vicio que ese joven y naciente estado cuyas fronteras  se definieron en el armisticio, modificó el territorio, o más precisamente sus fronteras, cuando nuevamente se vio obligado a repeler otro ataque del mundo árabe, ese mundo cuyo único elemento de unión es su odio hacía Israel, y volvió a conquistar territorio después del triunfo militar de la Guerra de los Seis Días, en 1967.
Ante los venezolanos de origen y religión judía, frente a mis hermanos judíos venezolanos, dije que no me presto a confusiones, que soy hueso duro de roer para aquellos que desearían que mi mente se confunda... 
 
Que tengo muy claro cuando se me pretende mentir, como ahora, que tratan –y a veces lo logran- de hacer aparecer esta nueva arremetida de una furia irracional y asesina, como un hecho desencadenado por la derecha israelí. No... Aquí no es ese el asunto –lamentablemente no lo es- sería más sencillo si lo fuera. El asunto es la rabia, el odio,  la sin razón...
A los que pretenden cambiarme la historia les recuerdo que no me sonroja ni me intranquiliza un gobierno de coalición  Barak-Sharon en Jerusalén? No me sonroja, porque si así fuese necesario, esto sería una decisión soberana  del pueblo de Israel. La seguridad de Estado no tiene que escandalizarnos, los pactos inevitables y el cierre monolítico de una nación en defensa de su propia existencia es comprensible... ¿Y qué es derecha e izquierda? Sobre todo en ese mundo complicado del Mezzo Oriente... ¿Son de izquierda los Reyes y Príncipes del Golfo?

 
¿Desde cuándo está en la Presidencia de Egipto Mubarak? ¿Es un demócrata Sadam Hussein? O lo es Gadahfi, o el régimen hereditario de la feroz Siria?  
Me gustaría que esos “Voceros de la cultura de la muerte” sepan que somos lo suficientemente inteligentes para conocer y defender la historia. Que recordamos muy claramente que fue el más «a la derecha» de los gobernantes israelíes, Beguin, quien consiguiera el único acuerdo sólido de paz y fronteras en medio siglo de guerra... Así que esos cuentos de brujas, esos deseos de meternos miedo no funcionan, Funciona sí,  el saber a Israel heredero de principios éticos y morales inviolables.
 
Como periodista que soy, como venezolana y como ser pensante,  tengo la obligación de divulgar la verdad . Tengo la obligación de desgajar las mentiras orquestadas:  Ariel Sharon visitó una plaza de Jerusalén que está a doscientos metros de su domicilio. Arafat lanzó a sus terroristas de Al Fatah, bien parapeteados tras sus hijos, a realizar una masacre planificada y repugnante.
 
¿Puede una democracia prohibir a un ciudadano pasear por su ciudad? No me simpatiza Sharon, pero me fascina un país en el cual toda ideología toda postura y todo pensamiento es respetable...
 
Un escritor muy conocido en Israel, David Grossman, autor, entre otros libros, de "Presencias ausentes: conversaciones con palestinos en Israel", le escribió hace algunos días, en pleno fragor del conflicto,  una carta pública a su amigo palestino, en ella le dice:  “Yo conozco mis argumentos, y los tuyos me sirven de respuesta. Sé cómo piensas, pero aun así, ambos nos sentimos como si tuviéramos que repetir nuestras opiniones -a las que nos vemos atados- como si intuyéramos que nuestra forma de pensar nunca va a llevar a la solución del conflicto.   Es una sensación humillante, en la que nosotros -el "israelí" y el "palestino"- sólo somos dos actores condenados a subir al escenario, generación tras generación, y representar una grotesca tragedia, cuya última escena nadie consigue escribir.”

 

Y es esa tragedia nacida del odio irracional la que no deseo que me trasladen a este país nuestro...  Sólo al indagar en este drama humano es que podemos calibrar su magnitud... Pretenden vender la visión de una afrenta religiosa en esa infortunada caminata de Sharón, silenciando aquella declaración de Arafat   dada hace unos tres meses, en las conversaciones de Camp David, cuando aseveró que no podía firmar un acuerdo sobre Jerusalén, porque él representaba no sólo a los cinco millones de palestinos, sino a todos los musulmanes del mundo.
 
Fue allí donde para horror de los que amamos la Paz y soñamos con ella ,  esa paz comenzó a desvanecerse. Arafat retomó ese combustible devastador que resulta en cualquier conflicto el factor religioso... Todos sabemos seamos cristianos, judíos, o musulmanes que el fanatismo religioso no admite diálogos. Todos sabemos que la muerte en el nombre de Dios es inaceptable...
 
Y  lo que si realmente sucede, es que se está tentando a Dios... Se juega con candela ... Por eso, no queda más recurso que tomar partido, por lo tanto digo que yo no apoyo a  terroristas. Hay una tragedia amigos míos, una tragedia infinita, los actores están en el escenario, de un lado un caduco líder terrorista -carismático a fuerza de haber exterminado a sus competidores internos-, aferrado a su caudillaje vitalicio. Un líder a la usanza árabe, donde no  existe control parlamentario, ni elecciones libres, ni democracia. Donde las libertades políticas e individuales son un crimen. Donde la  OLP y sus brazos asesinos, desde Al Fatah hasta llegar a los dementes religiosos de Hamas se erigen en jueces, y que ese terrorista que es Arafat acaba de liberar de las cárceles palestinas, para encargarle los trabajos sucios.
 
yle="mso-bidi-font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES-VE">Esos adoradores de la violencia, esos verdugos de sus propios pueblos no nos van a convencer de su derecho nacido de la irracionalidad y la barbarie. Ni van a trasladar aquí el horror...
 
Para cualquiera es entonces entendible que los venezolanos que hacemos honor al modo de ser de este pueblo nuestro,  sencillo y libertario, pueblo que en su mayoría nació o creció en democracia –aunque muchos pretendan negarlo- está en capacidad de comparar, en capacidad de discernir y entender, que mientras una cultura de la barbarie y el despotismo pretende tapar con guerras y conflictos una realidad devastadora para sus pueblos, en Israel  Barak, como Sharon, son piezas políticas elegibles y revocables por los electores, por los habitantes de una democracia real, por los hombres y mujeres que libremente han decidido por un sistema democrático.

Por el valor y el tesón en defender su tierra, por el bastión de libertades y ética que es el Estado y Pueblo de Israel es que les digo que jamás mis manos aplaudirán al asesino de las Olimpiadas de Munich.  Jamás el odio y la violencia dejarán de causarme náuseas, y aquí estoy con mis brazos y mente ganados para luchar por la paz, diciéndoles que esta venezolana, hija de un mantuano criollo y de una madre libanesa, orgullosa de saberse el fruto del amor entre  un árabe y una judía nacida en Batlem, prueba palpable del milagro posible de convivir en paz, defenderá a sus hermanos venezolanos de religión judía y apoyará por siempre la saga maravillosa del pueblo de la Biblia... Y pidiendo a Dios que no nos alcance el odio también aquí, termino ya con una frase que me gusta mucho, una frase en hebreo y a la que le siento la fuerza mágica de una invocación. Como me gusta saber que lo que digo es y será ... ¡ Am Israel Jai !
¡El Pueblo de Israel Vive!  Porque Dios lo quiere y porque ese pueblo defiende y defenderá su tierra y su vida. Defenderán a Medinat Israel y en esa defensa está implícita  la garantía de que Jerusalém será regazo de fe al que podemos ir todos: Judíos, Cristiano, Musulmanes... Y es que Israel es Un Pueblo, Un Corazón.
¡ Shalom !
 
Eleonora Bruzual es periodista. Columnista de Opinión de los Diarios venezolanos El Universal y Tal Cual. Integrante del Foro de Análisis “Mente y Política”
Editora del Web Magazine “Mujeres del Tercer Milenio”
 
Este editorial es la trascripción de las palabras pronunciadas por nuestra Editora, el Jueves 26 de octubre de 2000 , a las 12 m en Hebraica de Caracas, el el acto "Israel, un pueblo, un corazón" convocado por la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela CAIV.  
 
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