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nofundosurepublica
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- EL
HOMBRE QUE NO PUDO
- FUNDAR
SU REPUBLICA
- Por
Ariel Segal
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- En algún momento comprendió que la única manera de cumplir sus
ideales, sería pactando con aquellos a quienes siempre odio y aceptando el
sistema tal como existía, pues de lo contrario, nunca llegaría al poder,
su verdadera meta, quizá, la historia parece estar escribiéndolo, su única
meta.
-
- Y en ese momento comenzó la aparente transformación y su decisión de
abandonar la via de la violencia para poder reencontrarse con ese pueblo del
que tanto habló por años, y convenció a sus seguidores, a muchos escépticos
(pero no a todos) y quién sabe si en parte se convenció a sí mismo, de
que había que abandonar el camino de la lucha armada y medirse en el extraño
mundo de un sistema que en su mente, estaba lejos del ideario de sus héroes
míticos y de de aquellos a quienes veía como sus percusores: la democracia
imperfecta y foránea a su formación, pero sólo así, obtendría
legitimidad política total entre los suyos y ante el mundo. Fue la segunda
vez que se rindió. La primera, fue una declaración televisada que vino de
dolor, más que de pragmatismo.
-
- Y así, fue legítimo representante de su pueblo y con una inmensa
popularidad. Que ironía para alguien que se las jugo con sangre y fuego!
Y accedió al poder, al fin, con la oportunidad de
comenzar un lento proceso para el cual no tenía paciencia, de
levantar una nueva república. Tenia, objetivamente, todo los elementos para
lograrlo: popularidad, carisma, aceptación de sus antiguos rivales y
enemigos que no tuvieron remedio que aceptar la realidad de su liderazgo.
Recibió mucho dinero, en cantidades enormes, y todo indicaba que
estaban allí todos los elementos para forjar transformaciones importantes y
cambiar la sombría realidad de la mayoría del soberano.
-
- Lo tenía todo, pero también, continuaba teniendo la misma mentalidad
militarista, rebelde y paranoide de su formación y su trayecto. Su gestión
se fue convirtiendo en un emporio de corrupción aún más grotesca – por
su dimensión pero sobretodo por tratarse de su gestión – que la del régimen
anterior.
-
- No supo gobernar aunque ese fue su deseo desde el momento en que entró
en la lucha armada. En el momento de la verdad, no supo lidiar con las
reglas de juego de la democracia y las convenciones de las naciones en
nuestros tiempos y entonces, concentró el poder en su persona y relacionó
la lucha de su pueblo con su propio destino personal condenando la suerte de
millones de personas a los sueños y delirios de su biografía.
No supo quitarse de una buena vez el uniforme militar cuando se
convirtió en presidente, no supo dirigirse a su gente sin términos
violento y sin incitar al odio contra rivales reales e imaginarios, no supo
entender que obtuvo mucho más por la vía de la reconciliación, el
pragmatismo y la negociación que en los momentos de batalla y de violencia.
Su puesto cambió, pero no él.
-
- Y es que sus delirios de grandeza y sus delirantes declaraciones sólo
acrecentaron las ganas de revancha de cientos de miles de personas
desesperadas por décadas de pobreza, impotencia y falta de esperanza en un
futuro independiente y prospero, sumergidos en el caldo de cultivo de odio
que representan los kilómetros y kilómetros de áreas superpobladas, de
hacinamiento y sufrimiento. Lugares con gente que al escuchar a figuras
autoritarias, mesiánicas y populistas, son carnada fácil para seguir fanáticamente
a su « líder » que divide al mundo entre los que están con él
versus los que están contra él. Un mundo sin matices, hijos de la luz y de la oscuridad,
imperialistas y explotados, verdugos y víctimas y él, jugando de nuevo con
fuego, les ofreció lo que no podía dar…porque la realidad no depende de
él exclusivamente. Y si les hubiese explicado que su proceso lleva tiempo,
requiere de dialogo, que hay injusticias que no surgen de una lucha de
« buenos » y « malos » sino de complicados entuertos
históricos. Les dio demasiada
esperanza y su figura aparecía sobredimensionada de paternalismo con
demasiada frecuencia en la televisión, la radio…su fotografía o imagen,
cual mesías.
-
- No entendió que lo eligieron como presidente y no como liberador de una
nación. No soportó la idea de dedicarse a lo que un presidente debe hacer
para fundar una república – pues a eso se comprometió – creando
instituciones verdaderamente eficientes e independientes de su figura,
estimulando la representatividad sin buscar que su estampa fuera el comienzo
y final toda decisión. No supo dedicarse a la economía, a garantizar que
los enormes recursos que recibió su régimen fueran invertidos en proyectos
que de verdad alcanzaran a los más desposeídos en lugar de la obsesión
por adquirir armamentos, de crear una élite militar y policial mientras
hablaba de paz en cada foro internacional. Fue incapaz de rodearse con los
mejores y los pocos hombres de nivel que lo acompañaron, siempre tuvieron
que estar bajo su sombra. Incapaz de delegar, de dedicar tiempo, mucho
tiempo, a aquello que toda persona que quiere ser presidente de una nación
debe dedicar : a la administración eficaz de las finanzas, a la
construcción de estructuras políticas e institucionales para el futuro de
un país.
-
- Y viajó y viajó sin fin ni finalidad clara. Por su necesidad de
figurar, por su egolatría y para demostrarse, que es un líder mundial,
mientras descuidaba la casa. Quizá, soñó con esos viajes muchas veces
mientras estuvo encerrado por largo tiempo entre cuatro paredes sin libertad
de movimiento. Y se engolosinó con que lo recibieran con alfombra roja en
tantos lugares del mundo y “codearse” con líderes respetables del
mundo. Y viajó y viajó, a donde era necesario y también a donde no había
nada que buscar, lejos y cerca, incapaz de permanecer en su oficina y
dedicarse a sus funciones principales, sobretodo en momentos de crisis. Y
habló de paz hasta cansarse, pero lo hacía con tono de guerra y en cada país
decía lo que sus anfitriones querían escuchar, aunque se contradijera en
su siguiente destino criticando a sus anfitriones anteriores y a sus rivales
de siempre, los que le dieron la legitimidad para llegar al poder.
-
- Y hablaba de la grandeza de causa y se hacía pasar por « cordero »,
aunque varias veces sus verdadero yo lo traicionó. Y se abrazó con
notables dirigentes demócratas y con sanguinarios dictadores por igual. Un
gran circo internacional, más aceptado por los europeos que se fascinan con
figuras anacrónicas mientras no les afecten en sus intereses y menos
apreciado por lo pragmáticos y más agresivos norteamericanos más claros y
honestos consigo mismos (por más antipáticos que sean para el mundo) con
respecto a sus líneas políticas.
-
- Y
como quisiera ser hoy recibido en Washington por George Bush en vez de estar
rodeado por hombres armados a su alrededor …pero no puede, porque a veces,
cuando parece acercarse un poco al pragmatismo y a la idea de ser un hombre
de paz, lo traiciona el subconsciente y vuelve a surgir el hombre violento,
rebelde con o sin causa, pero en todo caso, más que ávido, necesitado del
conflicto para funcionar, porque sin conflicto, Arafat no sabe ni puede
vivir. Por eso, nunca podrá ser presidente de una república que necesite
solamente a un líder honesto, eficiente y democrático listo a hacer
sacrificios personales por el bien de su pueblo.
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- 22 de mayo de 2002
- Ariel
Segal
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