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La leyenda del niño milagro
por  Hanna Rosin
The Washington Post
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Cuando José Basulto recibió la primera llamada sobre el niño cubano que había sido rescatado en el mar, cerca de las costas de Florida, no pensó mucho en eso. Como presidente de la organización Hermanos al Rescate, Basulto ha ayudado a salvar a cientos de refugiados de las aguas, y éste parecía un caso de rutina.
 
Una vez que llegó al hospital, pronto se hizo claro que este rescate, relacionado con un niño de 6 años llamado Elián González, no lo era en absoluto. A diferencia de los otros dos sobrevivientes del accidente que cegó la vida a la madre de Elián y a otras diez personas, los cubanos dicen que el muchacho no tenía rasguños en sus piernas, no presentaba quemaduras de sol, y no estaba particularmente deshidratado después de permanecer aferrado a una tripa de caucho durante dos días.
 
Basulto comentó: "He visto unos 450 casos de balseros, pero ninguno como éste. ¿Dos días con los pies metidos en el agua sin que lo mordiera ningún pez? ¿Sin rasguños? ¿Nada? No hay otra explicación, fue obra de Dios".
 
La cerrada comunidad cubana de Miami ha comenzado a referirse a Elián por otro nombre: "El milagro". En los boletines y restaurantes de La Pequeña Habana, circulan leyendas sobre el banco de delfines que puso a salvo al niño, los ángeles que revoloteaban sobre él y ahuyentaban a los tiburones.
 
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Elián González ha sido calificado como rehén político, símbolo de la arrogancia imperial estadounidense hacia Fidel Castro, y un símbolo de la tiranía de Castro para sus enemigos. A esas diversas identidades, la comunidad cubana de Miami ha agregado otra: "El es el Mesías cubano", afirmó Orlando Battista, quien se autodenominó vocero de la familia.
Este elemento profético agrega un nuevo giro a la historia política. Los esfuerzos exitosos de la comunidad cubana de Miami para mantener a Elián en Estados Unidos pese a la opinión del estadounidense común, son descritos por algunos como una prueba del éxito que ha tenido una pequeña comunidad de inmigrantes para valerse de sus contactos de alto nivel y manipular el sistema estadounidense.
 
No obstante, esta creencia mística en el niño Mesías devela el lado más vulnerable de esta comunidad. Al identificarse de manera tan cabal con un niño indefenso, la comunidad está revelando su desesperación y su carácter a veces fatalista.
 
Muchos de los que huyeron de Cuba cuando Castro asumió el poder en 1959 actualmente rondan los setenta años y temen morir antes de que él sea derrocado. Frente a esta desilusión, "están buscando desesperadamente alguna señal, algún aviso, algún presagio, y este muchacho lo es", expresó Max Castro, sociólogo de la Universidad de Miami que se ha dedicado a estudiar a los inmigrantes cubanos.
 
El fervor religioso no es algo extraño en la comunidad de Miami, aun cuando normalmente se esconde tras su posición política. La mayoría es católica y tiene fe en la intervención divina.
 
En el caso de Elián, las leyendas mesiánicas se iniciaron dos días después del rescate, cuando una persona que llamó a una de las estaciones de radio de Miami dijo haber escuchado que el pescador que rescató a Elián el Día de Acción de Gracias lo había visto rodeado de delfines, tradicionalmente los mensajeros de los ángeles en el mar.
 
Donato Dalrymple, el pescador que encontró a Elián, explica que él no es realmente un pescador, sino un hombre de negocios que estaba pescando ese día. Personalmente admite que no vio ningún delfín. Sin embargo, cree que los delfines y los ángeles estaban allí.
 
Febrero, 2000
 
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