Algunos creen que Santa Claus es una ilusión,
un fraude que sólo engaña a los niños.
Entonces yo debo ser un niño más...
porque debo confesar que yo creo mucho en él.
Y se
preguntarán: ¿Por qué crees si nunca lo ha visto?
Y les respondo que yo
lo que veo es la parte más pequeña de la realidad.
¿Esa la magia de nuestra curiosidad,
no es la que despedaza perennemente viejos hechos y creencias y da paso a nuevas
y más amplias perspectivas de la verdad?
Por eso les digo, que
a pesar de la fatiga y el dolor de la vida, de todos los problemas y todas la
luchas, hay que aprender a ver el corazón de las cosas, ya que si sólo lo pudiéramos ver,
sería mucho más como el amor que como la ley; y quizás en esa posibilidad
de ir al corazón de las cosas y de la vida misma, encontraríamos
al abuelo Santa Claus, sabiamente amable, de barba blanca, con traje rojo, ojos chispeantes,
cantando alegremente canciones de Navidad...