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Origenes de la Música Popular Cubana

En la música popular cubana, han quedado establecidas dos raíces fundamentales: una de origen hispánico y otra africana, siendo escaso el aporte indígena en su constitución.
Hacia 1522, el primer obispado de Cuba se estableció en Baracoa. Más tarde fue trasladado a Santiago, cuya iglesia, de hecho, se transformó en catedral. Su primer obispo residente, Miguel Ramírez, distinguió a la catedral de Santiago por su ostentación y gustos extravagantes, práctica rechazada por su sucesor Fray Diego de Sarmientos en 1538, quien estimó que para oficiar en la catedral sólo bastaban dos curas, un sacristán y dos mozos de coro. Fue en este medio donde se desarrolló Miguel Velázquez, un vástago de padre español y madre india, quien es considerado como el primer músico de importancia nacido en Cuba.
 
En 1544, al ascender al rango de canónico de esa catedral, Velázquez se esmeró en la práctica  y difusión del canto y ejecución del órgano entre sus feligreses.
A finales de la década comenzaron a pasar por Cuba otros instrumentos musicales como el arpa, la chirimía, la dulzaina, el sacabuche y la vihuela, que tanto se arraigaron en México, y que igualmente comenzaron a ser practicados por los nacientes músicos cubanos. Entretanto, la insuficiencia de instrumentos idóneos
para ejecutar la música litúrgica, así como una frecuente escasez de organistas,
llevó a la iglesia a autorizar el uso de músicos profanos en los servicios religiosos,
por lo que no resultaron extraños ciertos comentarios de rechazo, como uno del cronista José María De La Torre, en sus escritos “Lo que fuimos y lo que somos”,
al relatar: “Muy deplorables son las primeras noticias de música que tenemos en la isla; baste saber que en las iglesias cantaban negras y que entre los instrumentos aparecía el güiro”. Dicha práctica se hizo tan constante, que con todo y los
privilegios y recursos al alcance de la Iglesia Católica, esta tuvo que apelar al mestizaje musical desde muy temprano, factor que se extendería luego, y con más razón aún, al resto de la población.

Evolución
 
Los siguientes dos siglos presentaron un desarrollo musical un poco más lento, aunque firme. Otros medios artísticos, como el teatro, servían para fijar los primeros géneros musicales, mientras que en los barracones donde se alojaban los esclavos, se desarrollaba otro tipo de música. Hacia 1762, durante la toma de La Habana por los ingleses, la economía cubana se transformó al explotarse las riquezas naturales, pasando de  una economía de tránsito a otra más estable.
 
Dicha estructura trajo una relativa libertad de expresión a estos esclavos africanos y su descendencia, al descubrir  sus patronos que a menor represión, aquellos rendían más en el trabajo. Nacieron los llamados cabildos, como soporte  a las tradiciones culturales africanas, sobre todo a su música, que al salir de su  entorno comenzó a mezclarse con otras manifestaciones musicales de origen europeo,  dando pié a los orígenes de la música afrocubana.
 
Así, al lado de los bailes africanos, tan sensibles a estos complejos procesos de mestizaje, estuvo la música española partiendo de la guitarra. Su canto aceptó la décima como forma poética a fines del siglo XVIII, coincidiendo con la
transformación económica de la isla, que a la vez separó a la población urbana de
la rural. Surgió entonces un tipo de música   netamente campesina, incrementada
por un fuerte contingente de inmigración que venía de las Islas Canarias, cuya huella musical aparece registrada en el género musical guajira. También apareció el zapateo, de origen andaluz y que para muchos historiadores aparece como el progenitor de la guaracha.
Durante los primeros tiempos del teatro, se desarrolló un movimiento artístico aficionado encargado de representar óperas, zarzuelas, sombras chinescas,
maromas y otras recreaciones. El género musical de moda para la época era la tonadilla española; una especie de intermedio en el que unos pocos solistas
(a veces también con un coro), cantaban, bailaban y conversaban, y que posteriormente dio nacimiento al teatro bufo cubano. Para su interpretación se requería de un acompañamiento orquestal con instrumentos como violines, cellos, contrabajos, flauta, oboe, clarinete y corno francés.
A su vez fueron naciendo otros géneros propios, sobresaliendo la contradanza criolla a fines del siglo XVIII, sembrada en Cuba por inmigrantes haitianos. Este género fue aceptado profusamente, tanto en salones aristocráticos como en hogares humildes.
Para su ejecución se incrementó el uso de otros instrumentos europeos, como
el arpa y el piano, que sumados a los instrumentos ya citados, con el tiempo darían origen a un tipo de  orquesta conocida como charanga francesa.
Un curioso comentario viene al caso, y es que las cifras del censo de 1827 arrojaron la cifra de 16.250 individuos de la raza blanca, de los   cuales 44 eran músicos, mientras que de 6.754 de raza negra, 49 resultaron músicos. Vale decir, que de cada cuatro músicos cubanos tres eran de la raza negra, por lo que resulta fácilmente apreciable el porqué de ese sentido rítmico tan intenso que caracteriza la música popular de Cuba.

Hacia 1879, la contradanza estimuló la salida del danzón, creado por Miguel Failde mediante su composición Las Alturas de Simpson y paralelamente surgieron otros tipos de música como la romanza, el vals y el aria operística, que igualmente influyeron en la gestación de la canción cubana. Esta a su vez propició la salida del bolero, mientras que la guajira y la criolla, eran un reflejo urbano de la música campesina, en las que insistentemente se elogiaba el bucólico paisaje de la tierra cubana. De los estribillos de las tonadas campesinas acompañadas con guitarra,
tres, tiple, laúd, clave y güiro, y conocidas como punto guajiro, brotó lo que posteriormente fue llamado son o soncito, género que fue sometido a un aislamiento cultural durante largo tiempo, y que al final fue identificado como son montuno.

Nacimiento del son cubano
 
El son cubano se origina a finales  del siglo XIX en las ciudades orientales de
Santiago de Cuba, Baracoa, Guantánamo y Manzanillo. Rápidamente se establece como la forma musical más representativa de las clases humildes en la Cuba de la post-guerra, por lo que se extiende hasta La Habana hacia 1909. Un año más tarde, José Urfé; un reputado director de orquesta de danzones, incorpora a sus interpretaciones nuevos elementos rítmicos que, a partir de allí, determinan la actual estructura del danzón.  Así, compone El Bombín de Barreto, un  danzón al que agrega una segunda parte más movida que la anterior, obviamente inspirado en motivos rítmicos derivados del son. Dicha modificación transformó la tradicional coreografía del danzón, muy rigurosa por cierto, en otra forma más expansiva que estimuló la creación de pasos más variados. En consecuencia, las demás orquestas de corte similar comenzaron a hacer lo mismo,  y sin proponérselo, facilitaron la entrada definitiva del son, sacándolo de su aislamiento original.
Para entonces, había una notoria resistencia de parte de ciertas clases sociales bien acomodadas que tildaban al son de “música inmoral propia de gente vulgar”. No obstante, el recién llegado género fue venciendo dicha resistencia y paulatinamente fue aceptado en los salones de baile de La Habana. Por otra parte, la difícil situación económica reinante en Cuba benefició indirectamente a los músicos, ya que estos, para poder comprar  un violín de los que se usaban en las orquestas  de danzones, tenían que invertir más dinero del que usualmente se gastaba en todos los instrumentos básicos para armar un grupo de son, a saber: guitarra, tres, bongó, marímbula, claves y maracas.
También es cierto que los ejecutantes de estos últimos instrumentos, a diferencia de los otros, no requerían de avanzados estudios musicales. Además, el son, por su naturaleza espontánea, no necesitaba de sillas o atriles para lectura de música, así como tampoco de un instrumento inmóvil como el piano, múltiples factores que convirtieron al naciente género en un tipo de música ambulante, hecho que facilitó su difusión masiva.
El proceso de comercialización no tardó en llegar, pues varias empresas disqueras norteamericanas comenzaron a grabar en los Estados Unidos a infinidad de intérpretes. Paralelamente apareció la radio, para consolidar más aún la difusión
del género a nivel internacional.
 
Alberto Naranjo
alnasmusic@cantv.net
 
Ver:
LA SALSA  
BENY MORE: EL BARBARO DEL RITMO
Orígenes de la Música Cubana
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