Este
8 de marzo, primer Día Internacional de la Mujer en la era pos-11 de
septiembre, es imprescindible tocar un tema de forma radical, no sólo en términos
globales, sino también en términos muy específicos con respecto a Cuba.
Las mujeres tenemos que trazarnos la meta de tomar las riendas políticas de
este mundo, porque, sin duda alguna, el patriarcado ha dado pruebas
irrefutables, durante 4000 años, de que su mejor talento está en la
destrucción del prójimo y del planeta. Llevado al patio de nuestra casa,
el patriarca y los patriarquitos que le rodean y aúpan han dado pruebas
irrefutables, durante 40 años, de que su mejor talento está en la
destrucción del cubano y de la Isla. ¡Ya basta de caudillos y
comandantazos! Es hora de feminizar el poder y humanizarlo.
Las
mujeres hemos acatado los designios y las órdenes de una casta dominante
para la que el juego del poder es un placer orgásmico, especialmente si
logra jugar a los soldaditos con vidas humanas de verdad, de las que
sangran, de las que nos hacen sangrar cuando las parimos. Hemos obedecido
—hemos tratado de evitar el rol de conflictivas, y también los golpes y
el femicidio— durante demasiados años, por siglos y milenios, sin que
ello nos haya protegido de las piras y el exterminio. Hemos sido, y somos,
tan estúpidas que seguimos criando la prole acorde con esos designios
—machitos pelo-en-pecho y hembritas domesticadas— sin darnos cuenta de
que con cada generación la soga aprieta más. El mundo y nosotras ya
estamos al borde de la asfixia. Y de la hecatombe.
Sí,
indiscutiblemente, las mujeres poseemos atributos que nos capacitan mejor
para dirigir constructivamente la humanidad, por razones naturales y por
razones de condicionamiento. En primer lugar, la mayoría de nosotras carece
de la propensión a la violencia que los excesos de testosterona producen.
Jamás puede haber paz entre testéricos (la histeria, invento del misógino
Sigmund Freud, no se caracteriza por instintos homicidas).
Cuatro
mil años de guerras, conquistas, esclavitud y atropellos —homicidio
premeditado en masa, frecuentemente denominado genocidio— brindan prueba
suficiente. En su libro Maternal
Thinking (que podríamos traducir como Pensando
maternalmente), la feminista Sara Ruddick propone que las mujeres hemos
evolucionado destrezas refinadísimas en el arte de la conversación, la
negociación, el pugilato no-violento, la supervivencia, el quehacer diplomático,
el forcejeo sin sangre... en otras palabras, en el arte del conflicto
constructivo y sin bajas. Si la alimentación de nuestros párvulos, por
ejemplo, fuese a base de "¡Traga, coño, o te entro a palos!", y
terminara en golpiza ante la resistencia infantil, la especie humana hubiese
desaparecido hace siglos. Por el contrario, la meta maternal, en general, es
que la prole crezca, sobreviva, madure. Hay varias tesis que proponen que el
Homo sapiens se ha distanciado
poco a poco del mundo animal y primitivo —el no muy lejano "ojo por
ojo y diente por diente" que se nos lega en el Antiguo Testamento—
gracias a las destrezas desarrolladas y socializadas por la hembra de la
especie mediante la conformación evolutiva de una crianza que garantice la
supervivencia.
Entonces,
hay que llevar esas destrezas al plano público y político. Las mujeres
tenemos que ingeniarnos la toma del mando, como mínimo, a niveles
equitativos. No menos del 50% en todos los espacios políticos y jurídicos.
En los sociales y económicos. En los académicos y gerenciales. En los
industriales y científicos. Hay que destituir el totalitarismo de la
testosterona. La supremacía del macho. Eso está bien para los orangutanes
en la selva, para los leones en las llanuras. No para la sociedad humana,
que lleva secuestrada miles de años por una visión capaz de inventar —¡y
utilizar!— armas de destrucción masiva, torturas impronunciables,
peligros irreversibles, y que además ha sido incapaz de controlar esa veta
destructiva.
Aclaro,
antes de que me acusen de un discurso de odio hacia los hombres, que los
humanos del sexo masculino también tienen la capacidad de actuar
"maternalmente". Ahí están los hombres humanistas, los
creadores, los juristas internacionales, los gestores de la paz, los
redactores de convenciones y tratados, los activistas de derechos humanos,
los ambientalistas. Pero ellos son los menos. La cultura misógina, los cánones
heterosexistas, el complejo bélico-industrial, la convicción colonialista
y la socialización machista conspiran para que la mayoría no cambie. Para
que la cultura siga siendo machosupremacista. ¡Que sigan los duros rompiéndose
las narices a golpes! ¡Que sigan los bravos asesinando inocentes en nombre
de causas justas que justifiquen la guerra! A partes iguales, todos al
matadero: grandes y chicos, ricos y pobres, naciones milenarias y Estados
recién parcelados. Fabricando y poniendo bombas. Produciendo y empleando
armas. Monopolizando recursos y matando de hambre a media humanidad.
No
en balde los comandantes anuncian que "aquí nadie se raja" (alusión
física al sexo femenino)... "no nos penetrarán" (alusión
literal al destino "femenino" del acto sexual)... La política, el
poder, han sido hasta ahora un tablero de machos. El último alarde mundial
lo protagonizaron Al-Qaida y el talibán. ¡En Cuba, el protagonista en jefe
no cede su libreto ni a jodía! Desde los "cojones" con que
derribaron las avionetas del Hermanos al Rescate hasta la guapería que
acaba de montar ante la sede diplomática de los mexicanos, remontándonos a
las pantomimas judiciales del año 59 que llevaron a miles de personas al
paredón de fusilamiento, los cubanos hemos estado en manos sanguinarias y
aniquiladoras, ininterrumpidamente, durante 43 años.
"¡Basta
ya!" le han dicho recientemente al líder máximo docenas de
opositores, aunque la mayoría de los firmantes pueda adolecer del mismo mal
machista y caudillista. El documento lo firman algunas mujeres, nombres de
opositoras que ya conocemos. Justo a tiempo para rectificarle a Fidel Castro
su mal enfocado concepto de que "en un futuro" las mujeres
"podrán tomar el mando en este país". Eso le dijo a 140
parlamentarios mexicanos de paso por La Habana el mes pasado. Fue su
respuesta a la pregunta de una de las funcionarias de dicha delegación, que
señaló la baja representación femenina en las esferas de poder político
en "su" Isla. "A mi juicio, es muy baja la participación de
las mujeres en los cargos de dirección", enunció la autoridad única
de la granja. Y añadió, haciendo alarde de profeta: "Tengo la
convicción de que las mujeres en este país van a tomar el mando". No
nos equivoquemos, el Sumo Artífice habla en tiempo futuro: "van a
tomar"... o sea, "mandarán" algún día.
Grau
San Martín pecó de iluso —en realidad era un burlón empedernido— con
aquello de "las mujeres mandan". Año 1944 más o menos. Sabía
mejor que nadie que aquella demagogia estaba muy lejos de la verdad. Pero el
dictador Castro Ruz peca de cínico. Y de cauteloso. Éste pronuncia una
verdad para disimular su complicidad en la gran mentira. En vida suya,
nananina: su gestión es asunto de puros machos en confrontación perenne.
"¡Aquí no se raja nadie!" "¡Los panamericanos van, coño,
por mis cojones!" "¡Los imperialistas no penetrarán!" ¡Que
lidie el próximo con la ira femenina! ¡Qué se enrede su hermano, o quien
sea, con las vilipendiadas compañeras! "Después de mí", piensa
el Máximo Pater, "el diluvio". ¡Patria o Muerte! ¡Flotaremos!
Diecisiete
opositoras firman el documento Basta
ya. Esos nombres, unidos a muchos otros nombres de opositoras, a los
nombres de cientos de mujeres sindicalistas, educadoras, administradoras,
economistas, científicas —incluso me atrevo a decir que puede contarse
hasta con las 162 delegadas a la Asamblea Nacional del Poder Popular (apenas
un 27%)—, están aptas para tomar el mando. A partir de este 8 de marzo
puedes colgar el uniforme, Comandante. Hay mujeres brillantes, de conciencia
cívica y pacifista, que pueden codirigir junto a otros hombres de mayor
cordura y ecuanimidad los destinos de Cuba, con un sentido verdaderamente práctico
de la realidad de nuestro país. Muchas de ellas han sido tus prisioneras
políticas, tus detenidas, tus víctimas de tortura sicológica, y siguen
siendo objeto de tu hostigamiento, censura y represión.
Se
llaman Marta Beatriz Roque Cabello, economista independiente y activista política;
Gisela Delgado, directora del independiente Centro de Estudios Sociales de
la Mujer; Maritza Lugo Fernández, vicepresidenta del Movimiento Democrático
30 de noviembre; Hilda Molina Morejón, otrora la máxima eminencia neurológica
de Cuba, hoy opositora y prisionera domiciliaria; Tania Díaz Castro, hoy
periodista independiente, que fue presidenta fundadora del Partido Cubano de
Derechos Humanos; Odilia Collazo Valdés, presidenta del Partido Pro
Derechos Humanos de Cuba; Beatriz Pacheco Núñez, presidenta de Mujeres
Cubanas por la Libertad; María de los Ángeles Menéndez Villalta,
presidenta de la Fundación Jesús Yánez Pelletier; Mercedes Ruiz Fleites,
presidenta de la Fundación Martha Abreu Pro Derechos Humanos; Mercedes
Clementina Constantín Figueroa, directora del Centro de Información sobre
Democracia; María Felicia Matas Machado, coordinadora en la provincia de
Villa Clara del Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, afiliado a la Fundación
Andrei Sajarov; Ana Pérez Paseiro y Yusnaimy Jorge Socam opositoras
independientes; Ana Margarita Perdigón Brito y Maritza Roteta Yantá,
activistas del Partido Democrático 30 de Noviembre; Isabel Rey Rodríguez y
Maria Elena Alpízar Airosa, periodistas independientes; Alina Ramírez
Carbonell, periodista independiente de la Agencia Santiago Press; Ana María
Espinosa Escobedo, fundadora del Forum Femenino de Ayuda Humanitaria en
Santiago de Cuba; Gladys Aleida Núñez Villalta e Ileana González Rodríguez,
economistas independientes; Mayelín Erevita Cedeño Constantín,
subdirectora del Centro de Información sobre Democracia.
Se
llaman Berta Antúnez Pernet, del Movimiento Nacional de Resistencia Cívica
Pedro Luis Boitel; Fara Armenteros Rodríguez, periodista independiente de
la Agencia UPECI; Lidia Beinómez, del Movimiento Democracia y Paz; Noris
Durán Durán, del Comité Pro-Amnistía Leonor Perez; Zoe Fuentes Rodríguez,
del Movimiento de Jóvenes del Nuevo Siglo Pro Derechos Humanos; Arelia Hernández
Álvarez, del Proyecto Cívico Femenino; Lourdes Hernández Torres,
periodista independiente de la Agencia de Prensa Occidental; Celia Jorge
Ruiz, de la Corriente Liberal Cubana; Isabel del Pino Sotolongo, de la
Asociación Humanitaria Seguidores de Cristo Rey; Gladis Linares Blanco, del
Frente Femenino Humanitario Cubano; Elsa Morejón Hernández, de las Mujeres
Defensoras de Presos Políticos; Marta Orta Pasos, Centro Pro Libertad y
Democracia; Yamila Pérez Reyes, de la Fundación Médica Independiente;
Rosa Rodríguez Díaz, del Movimiento de Madres Cubanas por la Solidaridad;
María Magdalena Valdés, del Movimiento Cívico Máximo Gómez.
Este
8 de marzo renuevo mi compromiso con el feminismo, e insto al que lea estas
líneas a inscribirse en sus filas. Repito lo que he dicho y escrito
infinidad de veces: el feminismo no tiene "esqueletos en el
closet" ni ha librado guerras, ni masacres, ni holocaustos, ni
conquistas, ni exterminios, no ha perseguido ni sometido a nadie por sus
creencias o por su género, o por su preferencia sexual, o por el color de
su piel. Desde el humanismo feminista, mujeres, y hombres también, han
adelantado un sinnúmero de causas en pro de la humanidad en la educación,
la salud, los derechos civiles, los de los niños y la mujer, los derechos
humanos, el pacifismo y el medioambiente. La toma equitativa del mando político
del mundo será el principio del fin de los poderes totalitarios. De los
talibanes. De los fundamentalistas. ¡De los Comandantes!
Así
que retírese ya, señor Fidel Castro Ruz. Usted, y su hermano, y su vil cuñada,
y toda su camarilla de camajanes. Las cubanas osteoporóticas, anémicas,
arrugadas, envejecidas, sin blumers ni íntimas ni esperanzas, se lo están
pidiendo a gritos. No hay que esperar ese tiempo futuro que usted le advirtió
a la visitante mexicana. El momento es ahora: ¡Ya! Hoy mismo podemos coger
el timón de esa nave sin rumbo, desvencijada y alucinante, que usted deja
como legado. Hoy mismo: ¡Váyase ya!