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Y
la tradición de mujeres poderosas existía aún en tiempos pre romanos, cuando la Reina
Boadicea, personalmente dirigió la rebelión contra los invasores romanos.
La Reina Elizabeth I, unificó el país, sanó las heridas
religiosas. Venció a la Armada Española. Estimuló el comercio, e impulsó el
florecimiento de las artes. Un ejemplo de esto último lo tenemos en la figura, presencia
y obra de William Shakespeare.
Cuatrocientos años después, Margareth Thatcher, sacudió a una Inglaterra que sufría
de torpezas y apatía. "La Dama de Hierro" enfrentó al mundo, y demostró la
fuerza irrefrenable del carácter de las mujeres inglesas.
Especialmente
fuertes en literatura, encontramos a mujeres como Jane Austen, perspicaz, divertida,
demostrando en sus libros como "Pride and prejudice" o "Emma, sense and
sensibility" el talento, el coraje y la inquietud de la mujer inglesa.
De
la misma manera podemos ver a George Eliot, (1819-1880), seudónimo de Mary Ann o Marian Evans, novelista inglesa
cuyos libros, de una profunda sensibilidad y retratos certeros de las vidas sencillas, le
otorgaron un puesto relevante en la literatura del siglo XIX. Su fama fue internacional y
su obra influyó en gran medida en el desarrollo del naturalismo francés.
Diana
Frances Spencer, aunque en una vida casi de Hollywood, de glamour y lujo propio de su
pertenencia a la Familia Real Inglesa, aún así, escogió libre y sensiblemente,
dedicarse a las obras de caridad. Llena de compasión hacia los desposeídos, enfermos y
olvidados, les visitaba y socorría, prueba de ellos fue su dedicación a los enfermos de
SIDA.