\n'; document.write(barra); } } changePage();
Leí El diario de Anna Frank cuando tenía
unos quince años. Mucho tiempo después, cuando mi hija tenía aproximadamente
esa edad, visitamos la casa de Anna en Amsterdam, y pude sentir que la misma
emoción me acompañaba. Cuando viajo siempre visito los museos dedicados a la
memoria del Holocausto, he visto montones de películas y leído muchos libros.
La emoción se mantiene. Agradezco al pueblo judío por habernos ayudado a
mantenerla. Es la memoria contra un peligro universal.