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DOLOR DE MIEMBRO FANTASMA
 
Se trata del dolor posterior a una amputación. En traumatología y oncología proceden muchas amputaciones, pero no sólo amputaciones de miembros, sino de órganos, como en las pacientes con cáncer de mama, a quienes al extirparle una mama, a veces siguen sintiéndola aunque no esté allí y sienten dolores en esa zona, similares al dolor y sensaciones desagradables experimentadas en el pie, o en el brazo que ya no existe. Ese tipo de dolor se produce porque, si bien es cierto que se amputó un pie, o una pierna y ya no existen, la representación cortical cerebral del cuerpo humano en el cerebro continua existiendo porque esa región del cerebro que corresponde a ese pie, o pierna continua existiendo y no fue amputada, se cortaron las fibras terminales, pero “la central” se mantiene a nivel del cerebro y, por ello, esos miembros amputados pueden manifestar dolores de “miembros fantasmas”.
 
¿Qué indican los algólogos?
 
Utilizar medicamentos anticonvulsivantes, antiepilépticos y estabilizantes de membrana nerviosa porque es como si el nervio estuviese produciendo un “corto circuito local”, el nervio presenta focos ectópicos, es decir pequeños focos de convulsión muy localizados, a lo largo de su trayecto, pero es importante destacar que las dosis de esos medicamentos (anticonvulsivantes, antiepilépticos), no porque el paciente sea epiléptico, o presente convulsiones, sino porque es el medicamento adecuado para tratar el tipo de dolor que usted tiene. Hay que ser buen docente y hacerse entender por la persona afectada.
Anuncia la entrevistada, la creación de la Clínica del Dolor en el Centro Médico Docente La Trinidad, muy inserta dentro de la estructura hospitalaria porque debemos aprender a trabajar dentro de equipos multidisciplinarios de apoyo a todas las especialidades porque, si bien es cierto que viene un paciente con neuropatía diabética, lo sigue el internista y el endocrinólogo, pero mantiene el dolor de la neuropatía diabética, que es tratable sin que el paciente deje su vinculación con los médicos tratantes y sin aislarnos nosotros de su evolución, sin interferir, aunque aprendiendo a complementarnos como miembros de un  equipo.
 
Al trabajar en equipo, trabajamos menos porque nos ocupamos de nuestra especialidad como tal y el resto de problemas cardiovasculares los maneja el cardiólogo, los problemas diabéticos los controla el endocrinólogo y así sucesivamente, mientras nos responsabilizamos de aliviar el dolor. El otro aspecto de la educación lo dirigimos a los colegas de diferentes especialidades para que conozcan la existencia de esta nueva especialidad, sin necesidad de robarle los pacientes a nadie, pues nuestro rol se limita a ser puntuales en el tratamiento de determinado dolor.
 
En Medicina Física y Rehabilitación demostramos nuestro rol a cabalidad porque muchos pacientes consultan por dolor, igual que en otras especialidades, pero el algólogo y el médico fisíatra trabajan conjuntamente, pues si es verdad que el paciente puede presentar un dolor crónico de cualquier origen, se crean los círculos viciosos de contracturas musculares, de dolores producidos por la incapacidad funcional para caminar y realizar ciertos movimientos. Por lo tanto, esa simbiosis y tratamiento conjunto destinado a rehabilitar músculos alterados de forma secundaria por el dolor primario, más el tratamiento adecuado del dolor hace que el paciente egrese más rápido de toda la patología y se reintegre pronto a la vida normal.
 
El algólogo puede trabajar conjuntamente con el internista, pero puede referir pacientes al cardiólogo y al médico fisíatra, por ejemplo. La idea de esa unión es garantizar la mejor calidad de vida al paciente a fin de que recupere la salud. Es el concepto de la futura Clínica del Dolor del CMDLT con un perfil nuevo dentro de la medicina contemporánea porque al mejorar el dolor, optimizan la calidad de vida.
 
No son tratamientos más costosos que cualquier otro tratamiento médico, pero las cifras aumentan al emplear ciertas técnicas de alta tecnología como los implantes medulares  para control de ciertos dolores, o el empleo de bombas de infusión externa, o implantable, o la realización de algunos bloqueos anestésicos de nervios que deben efectuarse en quirófano, o en radiología para poder utilizar determinados aparatos, en estos casos los costos aumentan, pero no de forma exagerada.
 
El tratamiento del dolor implica también el tratamiento del dolor postoperatorio, pues después de cualquier intervención quirúrgica debería hacerse analgesia postoperatoria para brindar un alivio extraordinario a los pacientes y calidad óptima a la recuperación al disminuir el tiempo de hospitalización y minimizar las complicaciones postoperatorias porque el paciente sin dolor camina más rápido, respira mejor evitando complicaciones pulmonares, que en el pasado se asociaban con estadías prolongadas en cama, sobre todo en pacientes de mayor edad, o con enfermedades pulmonares previas. Al estar tanto tiempo en cama por el dolor, no respiraban, ni ventilaban de manera adecuada, proporcionando el terreno apropiado para infecciones, neumonías y otros problemas pulmonares. Hoy, tales complicaciones se observan menos gracias a la analgesia postoperatoria.
 
Hace una década, por una cesárea la paciente duraba una semana hospitalizada, no se levantaba y acusaba dolores extremos cuando debería estar feliz por su maternidad. Todo cambió y ahora luego de la cesárea sale para su hogar a los 2 días, sin molestias y con su bebé en brazos. Pacientes a quienes se les coloca una prótesis de cadera, a las 24 están caminando, realizando medicina física y rehabilitación para que sus músculos retornen a la normalidad, gracias a la aplicación de analgesia, con la consiguiente reducción de costos y días de hospitalización. En el sector público no es posible acceder a este avance por falta de personal entrenado en el manejo del dolor postoperatorio, salvo el caso del médico residente de anestesiología del último año del postgrado, interesado en hacer su tesis de grado en analgesia postoperatoria. En ese caso sólo serán beneficiados un número limitado de pacientes hospitalizados, aunque en el sector público no contamos con los recursos económicos para brindar este servicio.
 
En el manejo del dolor agudo postoperatorio se habla de analgesia preventiva, concepto que indica la utilización de esquemas de tratamiento del dolor antes de realizar el acto quirúrgico, con el fin de prevenir una serie de procesos que se desencadenan con el estímulo quirúrgico y que provocan mayor dolor en el período postoperatorio, con lo cual vamos más allá de analgesia postoperatoria realizada en la habitación del paciente.
 
Los anestesiólogos están conscientes y saben que todo acto quirúrgico duele porque se realiza una incisión donde se rompen tejidos, se cortan nervios, se extraen órganos, lo cual produce dolor. Si sumamos las reacciones inflamatorias y de stress desencadenadas por todo acto quirúrgico, tenemos como resultado un paciente con dolor postoperatorio intenso, por lo tanto se hace la analgesia preventiva antes de la operación y quienes la reciben son pacientes que están en la sala de recuperación sin dolor, pasan a su habitación sin dolor y egresarán para una recuperación más rápida.
 
Agosto del 2000
Informa Blanca García Bocaranda
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