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Las megabandas de Belisario
por  Asdrúbal Aguiar
 
He tenido el cuidado de no polemizar públicamente con el General Belisario Landiz, Vice Ministro de Seguridad del “régimen” de Chávez. No lo he hecho por consideración a su persona y a que fuera importante jefe policial durante mi desempeño como Ministro, vale decir, en tiempos del oprobioso “puntofijo”. Mal podría, sin embargo, traicionar a la gente que padece la violencia que hoy azota a todo el país,  de no decirle algo al Vice Ministro, luego de que afirmara que las “megabandas” de delincuentes son producto del Código Orgánico Procesal Penal en vigor.
 
Debo observar, eso sí, que Belisario, cuando menos, se ha diferenciado de sus compañeros de “régimen. Ha sido coherente en su prédica: El no quiere al COPP desde antes de su promulgación por el Presidente Caldera, y en todos los escenarios lo ha dicho y lo ha sostenido. Pero, he aquí mi réplica al Vice Ministro: Por simplificar, como lo hace, la realidad criminal venezolana, endosándosela al texto inerte de una ley que no le agrada, corre el riesgo de quedar mal por obra de una realidad imbatible. En efecto, si no cambia de rumbo político el “régimen” al que pertenece, de suyo esa violencia que tanto le angustia continuará disparada y, peor aún, podría derivar en una revuelta popular a pesar de la pretendida reforma del COPP.

Olvida el Vice Ministro, justamente, que los índices de la delincuencia se desprendieron en Caracas a raíz del célebre 27 de febrero de 1989. Ese día se transformó en escalera la curva creciente de los homicidios y en cosa de 24 horas, sin respetar sus tendencias históricas y sociales, los crímenes volaron por los cielos. Las estadísticas se han conservado, sin mayores modificaciones, hasta el presente.
 
 Y debe recordar bien el Vice Ministro que, cuando asumí la Gobernación de Caracas, en febrero de 1994, la cifra de muertos de la capital, cada fin de semana, no era distinta de la actual. Y para la época estaba vigente el viejo y punivo Código y no el actual COPP y, además, se aplicaba la dictatorial legislación de Vagos y Maleantes.
Si la cifra de la violencia bajó luego fue, justamente, por la acción “inteligente” y sostenida de las policías y el discurso “institucional” y conciliador de quienes éramos autoridades para la época, encabezados por Caldera.  
La respuesta al origen de la violencia, bien lo sabe el Vice Ministro, la dio un estudio serio que encargáramos durante nuestro desempeño en la Secretaría de la Presidencia, patrocinado por el BID y realizado por la UCV: El fundamento de la vida primitiva en la ciudad y de sus cotidianos “ajustes de cuenta” no era como no lo es otro que la anomia: la desnudez de ciudadanía. Nadie se reconocía, como todavía no se reconoce nadie, en el Estado y en sus poderes públicos.  No los respetaban como menos lo respetan esta vez, por su ausencia pedagógica y por su falta de “auctoritas”.
 
De modo que, en un clima en donde las instituciones poco valen y en el que solo cuenta el poder personal y fragmentador del Comandante con su “revolución”, mal puede alcanzarse el espíritu de la convivencia. Y la gente común, desnuda como sigue de ciudadanía, no hace otra cosa sino sobrevivir bajo la desgraciada regla de la barbarie: ojo por ojo, diente por diente.
 
 
(*) ex ministro de relaciones interiores
  Mayo 18, 2001
 
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