libertadsinira
 
 
por Eleonora Bruzual
Caracas, domingo 10 de febrero, 2002
 
ANDABA POR CAMINOS DE ESPAÑA, cuando en 1976 sonó un canto lleno de significados y fuerza, en aquella tierra expectante tras la muerte de Franco. El estribillo decía: Libertad, libertad, sin ira, libertad. En julio de 2001, cuando la banda ETA, asesinó a José Javier Mújica, un concejal de la Unión del Pueblo Navarro (UPN) viendo las imágenes de su entierro, mi piel se erizó cuando una multitud de cientos de miles de españoles, unidos de las manos, corearon aquella vieja canción, y 25 años después clamaron nuevamente por el fin de la ira...
Ahora, aquí en nuestro país, la ira, la violencia, el odio, la retaliación, parecen decretos presidenciales, y se convierten en un coctel mortífero al mezclarlo con su obsesión de poder vitalicio y absoluto. Chávez pone en riesgo la libertad en su concepción más amplia.
Esto dejó hace rato de ser hipótesis, y es hecho palpable. Todavía queda algo de esa democracia que busca ahogar, salgamos a luchar por ese valor supremo llamado libertad, único mecanismo de afirmar la moralidad necesaria en las relaciones de entendimiento entre los ciudadanos, brindando la fuerza para rechazar cualquier pretensión de imponerse arbitrariamente.
 

El 20 de diciembre pasado, no sé cuántos celebramos, o al menos recordamos que ocho años atrás la Asamblea General de la ONU estableció el Día Mundial de la Libertad de Prensa, consolidando el derecho de todos a la libre búsqueda y difusión de la información.

Ahora, 1 de febrero, un niple de alta potencia, con su estallido busca amedrentar a quienes viven dentro de esos principios, porque también los vándalos están conscientes que la consolidación y desarrollo de la democracia, tiene sus bases en la existencia de la libertad de expresión; les angustia pensar que ese derecho permite el desarrollo del conocimiento y del entendimiento de cualquier ciudadano, y están decididos a obstaculizar el libre debate de ideas y opiniones, limitando así la libertad de expresión, truncando brutalmente el proceso democrático, porque la libertad de expresión no es una concesión de los Estados, sino un derecho fundamental.
 
Ya en la declaración de principios aprobada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el No 9, señala: 'El asesinato, secuestro, intimidación, amenaza a los comunicadores sociales, así como la destrucción material de los medios de comunicación, viola los derechos fundamentales de las personas y coarta severamente la libertad de expresión. Es deber de los Estados prevenir e investigar estos hechos, sancionar a sus autores y asegurar a las víctimas una reparación adecuada'. A Hugo Chávez Frías, basada en principios inviolables, le exijo frenar esta carrera vertiginosa hacia las prácticas tan comunes a muchos de sus modelos.
 
Leí hace algún tiempo un pronunciamiento escrito por esos funcionarios del tirano Castro, que no sé por qué se llaman periodistas, cuando realmente son voces oficiales. Expresaba cínico: 'No pueden acusarnos de mentir conscientemente, y si a veces no decimos toda la verdad, es porque se considera susceptible de servir a los fines del enemigo todopoderoso y pérfido, frente al cual no podemos darnos el lujo de equivocarnos'.
 
Como verán, de allí salen los niples, los afiches intimidatorios, las turbas amenazantes. Tarareando la canción española, llega a mi memoria una frase de Lord Acton, sobre la libertad: 'No es el poder de hacer lo que queremos, sino el derecho a ser capaces de hacer lo que debemos'.
 
Debemos frenarlos, aún estamos a tiempo de recuperar la libertad sin ira.
(La llamativa imagen de la izquierda, es del caricaturista de Ottawa (Canadá), Frederick Sebastian ganador, con ella, del concurso nacional de caricaturas, con el tema de la libertad de prensa, promovido por el National Press Club of Canadá.)
ebruzual@cantv.net
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