lapidacion1
Sigue la insensibilidad
de un mundo cómplice, que se rasga vestiduras cuando hay un escenario que conviene, pero que luego olvida y abandona a su suerte a victimas inocentes de la barbarie y el oscurantismo religioso
 
Por Eleonora Bruzual
ebruzual@cantv.net
 
CARACAS- junio 9 de 2002
Fueron muchos los internautas que se movilizaron para salvar la vida de Safiya Huseini. Muchos, junto con ella
celebraron su absolución... Se alegraron de impedir su muerte, al haber sido inculpada de un supuesto delito de adulterio en Nigeria. Este delito, le valía a ella, o a cualquier mujer nigeriana, el ser lapidada.
 
No había trascurrido casi tiempo, cuando nuevamente otra mujer fue condenada al mismo castigo: Amina Sawal, también de 35 años y residente en la aldea de Katsina. Ella le fue impuesta esa misma terrible condena tras confesar que había tenido un hijo después de haberse divorciado de su esposo.  El hombre con el cual se había unido, y con quien mantuvo una relación de 11 meses, y fue el padre de su hijo, fue absuelto por el tribunal al declarar que no había tenido relaciones sexuales con ella.

 A ella en cambio, se le condenó a morir por lapidación, esto es, ser amarrada viva a un tronco, mientras toda la aldea o pueblo le lanzan piedras hasta matarla.
Una nueva brutalidad se cometía en un país de mayoría musulmana. Una nueva discriminación contra la mujer, por parte de unos fanáticos religiosos, que en nombre de no se sabe que derecho, han sojuzgado y sojuzgan a las mujeres de muchos países de Asia y África, mientras el resto del mundo calla y permite el horror.
Ya nos tocó pasr muchos años denunciando el terrible calvario de las mujeres de Afganistán, y no fue hasta que los intereses y la seguridad de países desarrollados se vio comprometida, cuando la humanidad se “Horrorizo” del terrible destino y vejatoria realidad de la Mujer bajo el dominio talibán.
 
Ahora otro nuevo caso de condena por adulterio ensombreció el alivio por la absolución de Safiya Husaini. Y como si fuera insuficiente, en Pakistán otra mujer esperaba por tan injusta condena.
 
No fue hasta el mes de octubre de 2001 cuando la  historia de Safiya llegó a los titulares de la prensa mundial, Era ella la primera mujer juzgada y condenada bajo la ley islámica, o Sharia, que entró en vigor en las regiones musulmanas del norte de Nigeria hace dos años.
 
Safiya, tuvo suete y a pesar de su condena, no fue encarcelada sino que siguió viviendo con su familia en la aldea de Tungar Tudu, cuidando de su hija Adama y de sus otro cuatro hijos.  Esa niña, nacida de su relación amorosa, fue suficiente para que el juez que presidió el caso de Safiya la declarara culpable. Bajo la Sharia, el embarazo fuera del matrimonio es un delito. 
Safiya no tuvo apoyo legal en su juicio y aunque alegó  haber sido violada por un primo suyo no fue aceptada por no tener cuatro testigos HOMBRES, que apoyaran esa declaración...  Como un gran “Hecho legal”, el juez declaró que el delito de Safiya se había cometido antes de la instauración de la Sharia en Nigeria y, por lo tanto, no se la debía haber condenado.  Fue esta mujer nigeriana, pobre, abandonada, discriminada, quien atrajo la atención de organizaciones no gubernamentales y le tocó a Amnistía Internacional lanzar una campaña para detener su lapidación.
Un corresponsal de la BBC en Nigeria, de nombre Dan Isaacs, logró llegar hasta el poblado de Tungar Tudo, donde Safiya vive junto a sus cinco hijos para conversar con ella.  Este periodista relató la dureza de su existencia. 

La desolación, la tristeza y la infinita  pobreza que se reflejan en el rostro de esta mujer que contrajo matrimonio por primera vez a los 12 años y que aparenta una edad mucho mayor que sus 35 años. Esta mujer llamada Zafiya, pero que podría ser cualquier otra mujer de esos países donde ser mujer es una desgracia...

Desde este occidente que se jacta de ser desarrollado, culto, sensible. Desde nuestros estudios y oficinas, donde gozamos del desarrollo y la tecnología leamos un poco sobre Safiya, ya que leer sobre ella es conocer a miles de mujeres condenadas al silencio y el olvido...
La vida de Safiya, no era más ni menos que la de  una "mujer sencilla", nacida en el año 1967, en un pequeño poblado cercano a Sokoto, la capital del estado. Una niña pobre, la quinta hija de una familia con doce  12 vástagos.
 
Una morada miserable, carente de agua o electricidad, donde transcurrió su vida, esa vida y ese sino  de otras millones de mujeres en las zonas semidesérticas de Nigeria.  El padre de Safiya era un médico tradicional, pero eso no cambió para nada el terrible destino. Cuando cumplió 12 años, la casaron con un joven de una población cercana. 
 
El matrimonio terminó en divorcio siete años más tarde, fue así que Safiya se volvió a casar en otras dos ocasiones hasta que se divorció en 1998. De su último matrimonio nació Adama en el 2001, el mismo año en que fue condenada por la ley islámica.
 
Safiya se declara  víctima de un sistema que discrimina a la mujer: "Otras personas han cometido crímenes mucho peores pero porque son hombres o porque tienen influencia, no se les castiga". Esa es su declaración, y esa una verdad que debería avergonzar al mundo...
 
La absolución de Safiya no pone punto final a la controversia en torno a los castigos impuestos por la ley islámica. Pocos días después otra mujer, Amina Lawal, de 35 años, fue sentenciada a ser lapidada por adulterio por un tribunal en la localidad de Bakori, en el estado de Katsina, en el norte del país.

Pero el drama se extiende... Leemos lo mismo, la misma salvajada, la misma brutalidad, esta vez en Pakistán, un país que se jacta de tener tecnología atómica, de ser un país con áreas de desarrollo importante, un país lleno de hipocresías y brutalidad... Zafran Bibi, 26 años, graciosamente perdonaron su vida ¡Hasta cuándo el mundo tolera este exabrupto!
 
Eleonora Bruzual
ebruzual@cantv.net
 

 
 
Zafran Bibi
Islamabad, Pakistán, 
otra mujer es condenada 
a morir por lapidación
 
Click 
Lea más sobre este drama en Nigeria

 

¡Afghanistán, un Drama!
ver nota completa
Volver al
Home Page