\n'; document.write(barra); } } changePage();
![]() |
|
| No había trascurrido casi tiempo, cuando nuevamente otra mujer fue condenada al mismo castigo: Amina Sawal, también de 35 años y residente en la aldea de Katsina. Ella le fue impuesta esa misma terrible condena tras confesar que había tenido un hijo después de haberse divorciado de su esposo. El hombre con el cual se había unido, y con quien mantuvo una relación de 11 meses, y fue el padre de su hijo, fue absuelto por el tribunal al declarar que no había tenido relaciones sexuales con ella. |
|
![]() |
Una nueva brutalidad se cometía en un país de mayoría musulmana. Una nueva discriminación contra la mujer, por parte de unos fanáticos religiosos, que en nombre de no se sabe que derecho, han sojuzgado y sojuzgan a las mujeres de muchos países de Asia y África, mientras el resto del mundo calla y permite el horror. |
![]() |
Safiya, tuvo suete y a pesar de su condena, no fue encarcelada sino que siguió viviendo con su familia en la aldea de Tungar Tudu, cuidando de su hija Adama y de sus otro cuatro hijos. Esa niña, nacida de su relación amorosa, fue suficiente para que el juez que presidió el caso de Safiya la declarara culpable. Bajo la Sharia, el embarazo fuera del matrimonio es un delito. |
![]() |
La desolación, la tristeza y la infinita pobreza que se reflejan en el rostro de esta mujer que contrajo matrimonio por primera vez a los 12 años y que aparenta una edad mucho mayor que sus 35 años. Esta mujer llamada Zafiya, pero que podría ser cualquier otra mujer de esos países donde ser mujer es una desgracia... |
|
|
|
|