Sus composiciones han llegado
a una madurez con ausencia de sujetos, la emoción
se expresa a través de la presencia obsesiva
de volúmenes y sombras, formas sólidas y amplias donde el negro, el vacío, permite que
la materia flote, experimenta con ella, la convierte en piel y la pintura le da cobijo a
esa piel.
Las líneas son pensamientos que permiten
quebrar el negro, trazos que intervienen para delimitar la ausencia en su profundidad.
Construye espacios imaginarios dentro de los
cuales juega con la masa y el vacío, insinuando el espacio con el negro, delimitando el
volumen con las sombras.
El artista comienza proyectando su pasado, que
termina plasmado en una pintura con diferentes tipos de lecturas, para él todo parte de
una misma fuente, por eso sus signos y símbolos son múltiples; cuando el grafismo lo
limita, pinta; cuando la pincelada se sume en una larga noche, escribe.
Con todos esos signos iconográficos va
construyendo sus imágenes por oposición a ese espacio delineado por lo oscuro; formas
masivas y amplias que sirven de soporte a su gestualidad que por momentos paraliza, para
dar paso a una escritura ilegible que nos representa estados del alma.
El volumen es lacerado o cubierto de letras
tal como las arrugas marcan los rostros de cierta edad.
Su obra es rigurosamente estética, profunda y
reflexiva, dentro de ella realiza un combate sincero contra la improvisación y lo
grotesco.
Su trabajo es testimonio de tiempos vividos en
los diferentes niveles de la memoria como si fueran diferentes personajes. En todo caso es
una búsqueda de la plenitud
en lo grandioso, de los contornos de lo
insondable y de los secretos.
Sus composiciones son densas y equilibradas,
contienen también múltiples evocaciones de la realidad y de lo que es fundamental, en
ellas, el gesto, la mancha
y las líneas tienen existencia propia, el
artista las coloca deliberadamente para expresar los sentimientos y las emociones
conscientes o no, sin embargo sentimos que el significado de esos elementos picturales
poseen una dinámica que es anterior y que sobrepasa la interpretación que el espectador
puede darles.
En algunas obras Borjas se debate entre su
deseo de abandonar toda realidad visible y la evocación que realiza su inconsciente por
medio de la cual intuye que para alcanzar la sensibilidad pura, debe permitirse una
alusión a la existente.
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