julio2001terrorismo
Editorial
Julio de 2001
 
Un convidado maldito
Por Eleonora Bruzual

Los sistemas políticos en que domina la fuerza crean derechos que carecen totalmente de justicia..., un conjunto de derechos de reconquista
José Martí

Hace algunos días ya, mi colega Gustavo Arnstein, me llamó para decirme si podía escribir algo sobre el Terrorismo, justo el día cuando la prensa del mundo hablaba de las manos mutiladas y del rostro y los ojos desgarrados del periodista Gorka Landaburu , de Cambio 16, víctima de otro atentado vil de ETA. Me habló Gustavo de ese trabajo periodístico y editorial, que Nuevo Mundo Israelita estaba preparando, y donde los convocados debíamos  abordar a ese “Convidado maldito” de un mundo permisivo y permisible.
Pensé en Landaburu, en Yaacov “Kobi” Mandell y Yossi Ish-Ran, en su dolor gracias a la fuerza devastadora del odio irracional disfrazado de lucha política: Gorka el periodista jamás conoció a esos dos muchachos israelitas. Esos dos niños de 14 años, apedreados y desollados hasta morir por un comando terrorista palestino en una cueva en la localidad de Tekoáh, menos supieron de un periodista vasco condenado al  destino común de ser “Corderos” para el holocausto decretado por la sinrazón. 
ETA, Aum Shinrikyo, Hamas, Hizbollah, Gamaat egipcio, la banda de Ramzi Ahmed Yousef, Usama bin Ladin, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Ejército de Liberación Nacional (ELN), Sendero Luminoso, fantasma que amenaza con reaparecer  por esa suerte o mala suerte de una Latinoamérica portadora de un sino terrible y de una memoria frágil en lo que a episodios sangrientos se refiere. El Irish Republican Army" (IRA), las Brigadas Rojas... 
Unos más, unos menos, demonios de un solo y único aquelarre: La fiesta de declaración del odio como derecho, y la muerte como arma de redención.

Para muchos, es lugar común, en un juego que los especialistas de la psicología llaman asociación simbólica, vincular  terrorismo a Mezo Oriente, pero no es así, ya también el horror está globalizado, y un mundo indefenso posee en cada región, en cada latitud, su grupo vandálico, su organización terrorista, su calvario y su cruz...
Hamas y la Jihad islámica palestina no descansan hasta ver destruido el sueño de la paz en una región donde la sangre y las lagrimas riegan la tierra. Lágrimas también nublaron los sueños de un Israel sacudido por el asesinato del mártir de la  Paz, segado en su afán por un  terrorista vernáculo, que unió su nombre infeliz al de Rabin, antitesis de su verdugo. 
Más hacia el este,  Irán, maestros en el uso  del terrorismo como “Argumento” de política exterior, y como salida a cualquier posibilidad de disidencia, tanto con su fanatismo propio, como con lo que han tomado como punto de honor: Impedir cualquier posibilidad de Paz con Israel, y emplearse al máximo en su destrucción total.
 
Libia mermada en sus ímpetus transgresores, reducida en su contundencia, pero aún vociferante y baladrona, orgullosa de sus campos de entrenamiento. Libia, universidad de la muerte por el uso de la violencia; Alma Mater, donde se hace realidad  la capacidad del hombre para convertirse en monstruo, Libia, en cuyo “Calendario de horrores” resaltado se encuentra el 21 de diciembre de  1988, cuando 259 personas fueron voladas dentro de un avión de Pan Am  y esparcidos los trozos de sus cuerpos sobre el pueblo escocés de Lockerbie. 
Una radio-bomba, fabricada por un grupo de terroristas, comandado por Abdel Basset al Megrahi, miembro de los servicios secretos libios estalló en la bodega del aparato. Los restos del fuselaje se esparcieron por la localidad matando todavía a 11 personas más. A ellos como a tantas víctimas, les  privaron del derecho a la vida, por el capricho de unos enfermos de irracionalidad, de unos asesinos con pretensiones de luchadores políticos. 
Debo referir sólo algunas víctimas, interminable resultaría la lista completa de los caídos por culpa de esa inhumana práctica que pareciera imposible de combatir, y de la cual tampoco puede preverse cuánto perdurará.
La violencia real, y en el mejor de los casos, la pura amenaza de recurrir a la fuerza, a la intimidación brutal y sangrienta con  mal llamados fines o causas  políticos, y que ataca por igual individuos como grupos, destruyendo vidas, saltando fronteras y violando normas y principios fundamentales de la sociedad humana,  el terrorismo, acomete acciones al margen de la ley, pero en algunas de sus formas actuales, la práctica terrorista se convierte en un modo aceptado y casi oficial de gobiernos y grupos nacionales, que validan descaradamente tales acciones dándoles connotación de acción  militar, o cruzada por el bien común o por la igualdad,  a un hecho perverso cuyo objetivo no es otro más que propagar el miedo, paralizar a través del  pánico y sojuzgar al grupo, comunidad u objetivo sobre el cual se vuelve la acción violenta. 
Para algunos estudiosos del tema, las acciones terroristas han mermado. Quizá... Aunque yo no lo creo.
Pero, aún siendo así, quién puede garantizarle a un mundo contra la pared, que aunque muchas de las acciones y escaramuzas de estos grupos logran ser develadas, controladas o minimizadas, cuando una de ellas tiene éxito, su saldo puede llegar a ser inconmensurable en víctimas, en daños materiales y en huellas indelebles que marquen para siempre la sanidad mental y física de sus presas...
Como cualquier grupo empresarial, el terrorismo y los seguidores de la violencia como Modus vivendi y operandi, realizan alianzas estratégicas, uniones y planes globalizados, de allí que hoy se conoce que las  FARC, los carteles de la droga de México encabezados por Felix Arellano, el crimen organizado ruso, y los propios grupos islámicos, así como la ETA, han centrado acciones para sustentarse económicamente con el negocio del narcotráfico, logrando de él, una fuente importante de ingresos. La cocaína únicamente no es sometida a procesos químicos de cambio. La cultura de la muerte y el horror, ha logrado canjearla por armas, bombas, campos de entrenamiento, tecnologías del exterminio.
 

Para la Oficina Federal de Investigaciones (FBI),   el terrorismo es el uso ilegal o amenaza de violencia contra personas o propiedad. Normalmente se piensa que intimida o coerce a un gobierno, individuo o grupo,  para modificar su conducta o política.
Terrorismo es sinónimo de muerte, y decía Leonardo Da Vinci:  “El que no valora la vida no se la merece”.  Terrorismo y Droga, dueto base de la cultura de la muerte. 
Para mi, como madre, Terrorismo es el miedo, el pánico paralizante, la indefensión, el dolor lacerante que me conduce a la identificación con las mujeres de cada rincón de este mundo injusto, peligroso, vergonzante. 
 
 
Como periodista, es la fuente tristemente inagotable, donde puedo extraer la prueba de la factibilidad del hombre de convertirse en bestia.
 

 

 
*Eleonora Bruzual es periodista.
Columnista de Opinión de El Universal de Caracas, y del Nuevo Herald de Miami.
Editora de la Revista Electrónica “Mujeres del Tercer Milenio” 
ebruzual@cantv.net
 
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