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Sobre John Nash
Esa Mente brillante...
Esa Mente Brillante
 
Un prodigio permitió nuevas genialidades
 
Cuando los "Tontos" hacen que sus protagonistas ganen premios
 
Esos "Negativismos"...
 
Consideraciones muy serias
 
Genio y esquizofrenia
Por Héctor Ciapuscio
 
El juego de Nash
 
John Forbes Nash, nació en 1928, economista y matemático estadounidense, premio Nobel de Ciencias Económicas en 1994 (compartido con John C. Harsanyi y Reinhard Selten) por sus análisis sobre el equilibrio en la teoría de juegos no cooperativos.
John F. Nash oriundo de Bluefield (Virginia Occidental). Licenciado por la Universidad de Princeton, desarrolló sus investigaciones en este centro y en el Instituto de Tecnología de Massachusetts.
Nash introdujo la distinción entre juegos cooperativos y no cooperativos según la posibilidad de cerrar acuerdos, desarrollando un concepto de equilibrio para estos últimos conocido como "equilibrio de Nash". Es una solución para cualquier número de jugadores y para cualquier objetivo de éstos. La información es perfecta e idéntica entre todos los jugadores, por lo que todos pueden calcular una estrategia óptima, así como la que seguirán los demás. Si todos esperan alcanzar el mismo equilibrio, nadie tiene incentivos para cambiar de estrategia. En este equilibrio, todos los jugadores alcanzan sus objetivos y las estrategias elegidas son óptimas. 
 
Nash propuso una segunda formulación de su equilibrio basada en la estadística de poblaciones, que ha sido trasladada con éxito a la biología para entender los procesos de interacción estratégica entre especies en la selección natural. 
 
En el libro de Sylvia Nasar “A beautiful mind”, uno de sus ex compañeros, Lloyd S. Shapley, resume su personalidad en esta frase: “Era odioso. Lo que lo redimía era su aguda, hermosa y lógica mente”.
 
A Beautiful Mind, un drama intensamente humano, está inspirado en la vida real del genio matemático John Forbes Nash, Jr. El atractivo y excéntrico Nash hizo un increíble descubrimiento cuando era joven y estuvo a punto de alcanzar la fama internacional. Pero, su rápida ascensión en la estratosfera intelectual cambió de dirección cuando su brillante intuición fue oscurecida por su esquizofrenia.
Tras enfrentarse a dificultades que hubiesen destruido a otros, Nash luchó, gracias a la ayuda de su dedicada esposa Alicia. Tras muchos años de duro trabajo, Nash triunfó sobre la tragedia, y recibió el premio Nobel en 1994. Una leyenda contemporánea, Nash continua con su trabajo hoy en día.
El Salvador rindió homenaje a Premio Nobel John Nash y esposa

El Gobierno de El Salvador rindió homenaje al Premio Nobel de Economía 1994, John Nash, y a su esposa, la salvadoreña Alicia Lardé, cuya intensa vida recoge la película "A Beautiful Mind", seleccionada para ocho premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de EEUU.
El vicepresidente de El Salvador, Carlos Quintanilla, entregó anoche una placa de reconocimiento al matrimonio Nash en un acto celebrado después de la presentación del estreno de la película en San Salvador, patrocinado por el matutino "El Diario de Hoy" y al cual asistieron altos funcionarios, diplomáticos y otras personalidades.

La película, cuyo título en español es "Una mente maravillosa", relata la vida del genio matemático estadounidense agobiado por una esquizofrenia que quiso superar a fuerza de voluntad y que encontró en su esposa, Alicia Lardé, graduada en Física Aeroespacial, su principal pilar de fuerza y amor incondicional.
"Alicia es una de esas mujeres que quisiéramos seguir y que, con todos sus logros, se ha llegado a convertir en una heroína del país", expresó Quintanilla.

Visiblemente emocionada, Alicia Lardé, una mujer extremadamente sencilla, agradeció con pocas palabras el homenaje, acompañada por su esposo que hizo lo propio en inglés, en un tono muy suave.
Protagonizada por el actor neozelandés Russell Crowe y la actriz Jennifer Connelly, "A Beautiful Mind", basada en la biografía de Nash escrita por Sylvia Nasar, ha sido seleccionada para ocho premios Oscar, que serán entregados el próximo domingo en Hollywood.

En una entrevista que publica hoy en el "El Diario de Hoy", Alicia Lardé relata aspectos de su vida en El Salvador y en Estados Unidos, adonde partió en 1944, a los once años de edad, debido a problemas de salud de su padre, un prominente médico del país.

Alicia recuerda su vida familiar en El Salvador, sus tiempos de estudios primarios en un colegio católico de San Salvador y sus estudios superiores de física en el Instituto de Tecnología de Massachussetts (EEUU), donde como alumna de Nash se sintió fuertemente atraída por su personalidad.

El director de "El Diario de Hoy", Enrique Altamirano Madriz, elogió a Alicia Lardé sobre todo como una mujer integral, a quien conoce desde hace muchos años dada la amistad que existe entre sus familias.
Un prodigio permitió nuevas genialidades
El libro de Sylvia Nasar
Russell Crowe recibe el Premio de la British Academy este pasado 24 de febrero de 2002, en Londres.
Russell Crowe y Jennifer Connelly, galardonada con el Oscar por su caracterización de Alicia Lardé - Nash
En algún recodo de su vida, John Forbes Nash Junior dejó de ser el respetado científico que investigaba en el prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y se transformó en el hombre más buscado de Estados Unidos, perseguido por los servicios secretos soviéticos y víctima de mensajes en clave que aparecían en los titulares del periódico The New York Times. En ese pasaje oscuro de su existencia, el matemático que fue comparado con Newton, Darwin y Mendel se volvió lo suficientemente loco como para creerse un fugitivo de las autoridades que sólo existían en su torturada mente.
Basada parcialmente en la biografía homónima de Sylvia Nasar, la película Una Mente Brillante (2001) es el relato de este matemático con esquizofrenia paranoide que en el año 1994 compartió el Premio Nobel de Economía junto a John Harsanyi y Reinhard Selten. Protagonizada por Russell Crowe en el rol de John F. Nash Jr., el filme explora los atribulados días de este hombre que actualmente tiene 73 años, vivió días de vino y rosas junto a su bella esposa Alicia (Jennifer Connelly) a fines de los '40 y que posteriormente subió a las montañas de la locura para volver tardíamente a tierra firme. 
 
Con una cátedra permanente en la Universidad de Princeton, el real John Nash suele actualmente pasearse por el campus y acostumbra a recordar los buenos y malos tiempos.

La opinión del influyente crítico Roger Ebert del Chicago Sun Times habla de una cinta que "me fascinó y conmovió hasta casi hacerme saltar las lágrimas de los ojos". En el bando contrario, A. O. Scott de The New York Times afirma que desde ahora la vida de John Nash "habita en el palacio de dulzonería de Hollywood, disolviendo su ambigua vida en los confiados lugares comunes y las cosechas de lágrimas fáciles". Quizás la opinión más ecuánime es la de Kenneth Turan de Los Angeles Times, quien sostiene que Una Mente Brillante "tiene más cosas para admirar que las que puede sospechar el espectador, pero menos que las que creen sus realizadores".
Cuando los "Tontos" hacen que sus protagonistas ganen premios
 
Distribuida por Dreamworks -la auspiciosa productora de Spielberg y compañía-, el filme del eficiente Ron Howard (El Grinch, 2000) posee un "Dudoso honor" o un cuestionable privilegio, y es compartir honores con aquel grupo de films que han sustentado su razón, en el triunfo del espíritu a partir de las conflictivas vidas de seres excéntricos. Miles son los ejemplos que podemos encontrar antes y después de cada entrega de las estatuillas doradas, como las de este 24 de marzo de 2002. 
 
Citemos para ilustrar esto que se dice, al actor australiano Geoffrey Rush quien ganó el Oscar en 1996 con su personificación de un pianista esquizofrénico en Claroscuro (1996). Dustin Hoffman quien obtuvo su segunda estatuilla en el rol de un autista en Rain Man (1988). Y trasladándonos más al pasado, encontramos a Jack Nicholson ganando su primer Oscar, al darle vida en el celuloide a McMurphy, aquel preso inolvidable, que se fingía loco en Atrapado sin Salida (1975).
 
Ahora bien, si de una Galería de extraños personajes se trata, sitial de honor tiene Forrest Gump (1995), el adorable retardado mental, que dio nombre al gran film con el cual -como protagonista- el actor Tom Hanks -para muchos, el "tonto del pueblo" hasta esa fecha...- logró la proesa de un segundo Oscar consecutivo tras haberlo obtenido tan sólo un año antes por interpretar a un abogado con Sida en Filadelfia (1994). También ese abogado que estremeció sensibilidades, representa igualmente a esa clase de "héroes" tan apetecidos por la Academia de Cine, y quienes con  sus taras físicas o mentales, dan pingües beneficios.
 
Hay quienes opinan que en Hollywood nunca se es demasiado rico ni delgado, pero sí se puede ser demasiado inteligente. Tener un rostro privilegiado está bien. Lo que no está bien es tener una mente privilegiada. La gente inteligente tiene problemas sociales, es introvertida y compulsiva, vive obsesionada con lo que sea que hagan, llámese matemáticas, piano, pintura, lexicografía, ajedrez, criptografía o simplemente una "peligrosa" necesidad de conocimiento. En el fondo, siempre hay un nerd.

Verdadera invasión de proyectos girando  en torno de personajes de esas características hace suponer, que en el futuro veremos más y más... Hemos asistido al estreno de films  como Claroscuro (pianista atormentado), Alexander y Natalia (ajedrecista atormentado), Pollock (pintor atormentado), En busca del destino ( de clase trabajadora, pero igual de atormentado) y ahora "Una mente brillante" ...

En lugar, alguien escribió: "¿Por qué esta verdadera inundación de genios? En el pasado se los veía como artistas torturados (Miguel Angel, Van Gogh), profesores abstraídos o científicos locos. El estereotipo del científico loco fue significativo porque reflejó la incomodidad de la gente con la tecnología que, ya se tratara de caños de escape o bombas de hidrógeno, se consideraba algo más amenazador que beneficioso. Los tiempos cambiaron. Ahora nos sentimos a nuestras anchas con el electrón (o el gigabyte). Ni siquiera los acontecimientos del 11 de setiembre modificaron eso."
 
Esos "Negativismos"...
A pesar que las disgresiones a la vida real suelen ser la moneda corriente a la hora de adaptar una biografía a la pantalla grande, en Una Mente Brillante las fantasías del guionista Akiva Goldsman viajaron al reino de las incongruencias más insolentes. El abnegado esposo y sólo bromista científico que Russell Crowe delinea en el filme dista bastante del a veces miserable hombre que John F. Nash fue en la cruda realidad.
 
Si en la cinta no se hace mención al pasado de Nash, en su biografía se detalla claramente que él tuvo un hijo con otra mujer antes de casarse, abandonando a ambos en la más absoluta pobreza. Si en Una Mente Brillante el científico gusta de bromear de cuando en vez, en la vida se unió a orgías sexuales junto a otros hombres. 
 
Finalmente, el carismático esposo de Alicia en la cinta era más bien un marido insoportable en el mundo real.
Pero, después de todo, probablemente el pianista David Helfgott nunca fue tan bueno como lo pintaron los dedos de Geoffrey Rush en Claroscuro. Estas licencias de la ficción son más bien una cuestión de apariencias ejemplares frente a la Academia de Hollywood, que para entregar Oscar sólo cree en las películas, no en la vida.
 
Consideraciones muy serias
 
Aquí hay que resaltar lo que señalan Nasar y el propio Winchester. Ellos dicen que muchos genios no sólo disfrutan lo que hacen, sino que ello evita que se vuelvan locos. De allí que sostengan que antes de ceder a la esquizofrenia, a Nash lo atormentaba el temor de que, a medida que se acercaba los treinta años, sus mejores días quedaran atrás. Su trabajo, mientras pudo llevarlo a cabo, no lo alejó de los demás sino que lo acercó a ellos.

"Creo que hay muchos factores —declara Akiva Goldsman, guionista de la película—. John caracteriza la remisión de la esquizofrenia mediante el concepto de la dieta cerebral. La verdad es que nadie sabe por qué algunos mejoran y otros no. Pero también es verdad que él no habría sobrevivido de no ser por su esposa".

El propio John Nash verdadera "Autoridad" sobre el tema, y quien en la actualmente tiene 73 años, aprobó la manera en la cual los realizadores muestran al genio. Sylvia Nasar, la escritora de la obra original, lo llevó a ver la obra. "Le gustó mucho —dijo Sylvia- aunque reconoció que ella misma se encontraba bastante nerviosa. Contó: "Fue muy divertido verlo reír y reaccionar a lo que pasaba. Y ver a John Nash mirando lo que se desarrollaba fue algo increíble".
 
"Todos saben que vivimos en la era de la información —dice Sylvia Nasar, autora del libro Una mente brillante y docente de la Universidad de Columbia—. Cuando la gente está inmersa en una sociedad tecnológica, científicos e inventores se convierten en individuos atractivos. Es a través de esas personas que podemos tener acceso a ideas y temas que, de lo contrario, nos intimidarían".

En otras palabras, no podemos entender la Teoría de los Juegos de Nash, que le valió un Nobel, pero podemos valorarla si contamos con información sobre su vida y su época (la década de 1950).

Nash correspondía al patrón del genio artístico. Al principio era un excéntrico inofensivo, pero luego empezó a alucinar y a asegurar que recibía mensajes de extraterrestres.En la película tiene alucinaciones tan vívidas que, por momentos, el público no sabe qué es real y qué no lo es.

Según Nasar, si bien excentricidades como las de Nash no eran algo extraño en gente tan inteligente, él era esquizofrénico. El otro único genio esquizofrénico que Nasar recuerda era el bailarín Nijinsky.

La mayor parte de los genios son, a lo sumo, neuróticos, consideran los especialistas. Y eso podría decirse de mucha gente. En la película, Nash tiene una obsesión con los patrones matemáticos. Se presenta a otro estudiante diciendo que tiene que haber una explicación matemática para la fealdad de su corbata. Registra el comportamiento de las palomas y de una mujer a la que le roban la billetera. Todo eso es extraño, pero no necesariamente demencial.

"Traté de reflexionar todo lo posible sobre cómo era el tipo en verdad —dice Akiva Goldsman, guionista de Una mente brillante—. John era muy torpe socialmente, incluso para los cánones de Princeton".

"Un importante número de artistas tiene trastornos emocionales —señala el Dr. Clifford Pickover, autor de Genios y mentes extrañas: La vida secreta de locos y científicos excéntricos—. De hecho, parece ser que tanto la depresión como el trastorno bipolar en ocasiones pueden aumentar la creatividad de algunas personas. Si bien no se puede afirmar que la conducta neurótica de algunos grandes científicos es la causa de su grandeza, es probable que desempeñe algún papel".

No cabe duda de que los genios pueden resultarnos interesantes por la sencilla razón de que son mejores que nosotros en determinado terreno. Pero es común que también se los rechace precisamente por esa razón.

En películas como Los excéntricos Tenenbaums o Una mente brillante se tiene la impresión de que los personajes no disfrutan lo que tienen. Es una especie de maldición. A Richie invariablemente le preguntan sobre su alejamiento del tenis. Margot vive torturada porque no puede escribir. Incluso Chas, que parece haber concretado lo que prometía, descubre que su talento no puede protegerlo del mundo. Nash puede relacionarse con otros sólo en términos de destreza en el juego.

Casi no existen filmes que traten al genio —o a un grado superior de la inteligencia— como una condición disfrutable y hasta saludable. No, el sufrido poseedor de un talento descomunal o una mente brillante tiene todo tipo de dificultades: no sabe tratar a las chicas, los compañeros se burlan de él, los padres lo torturan y la sociedad lo presiona hasta hacerlo explotar. El resultado: termina en un neurosiquiátrico, irrecuperable, o lo salva el amor de algún ser que consigue ver algo que hay en él y que excede la maldición de la inteligencia. Sí, en el fondo, los genios son también seres humanos, con sentimientos y pasiones, condiciones que parecen no llevarse nada bien con la inteligencia
Genio y esquizofrenia
Por Héctor Ciapuscio
 
Se anuncia una película dirigida por Ron Howard y protagonizada por Russell Crowe sobre un individuo cuya vida ejemplifica algo que muchas veces ha sido intuido o comprobado: la correlación entre creatividad filosófica, científica o artística y personalidad psicótica. Los casos de genios con rasgos de humanidad extraña pertenecen a una tradición conocida. Descartes, Newton y Kant están entre los mayores de una lista parcial que incluye a Rousseau, Chopin, Joyce, Keats, Byron, Melville, Wiener y Wittgenstein. 
 
El que nos ocupa, que es actual y extremo, se refiere en una biografía titulada "Una bella mente" ( "A Beautiful Mind", de Sylvia Nasar), que narra la curiosa trayectoria de John Nash, un matemático que en 1949, a los 21 años, envió a la National Academy of Sciences un breve "paper" que revolucionó la teoría
de los juegos, una herramienta de extraordinario valor heurístico aplicable a problemas estratégicos de variados tipos y que no mucho después, aquejado de esquizofrenia, comenzó un largo peregrinaje por hospitales psiquiátricos del que emergió, pasadas varias décadas, para recibir el Premio Nobel de Economía en mérito de aquella temprana genialidad.
Cuando hacia fines de 1959 Nash enfermó, su convicción sobre la racionalidad de todas las cosas, natural en un matemático, lo llevó a buscar obsesivamente significados ocultos a cuanto veía o percibía. El primer síntoma preocupante fue cuando entró en el MIT (Massachussetts Institute of Technology) afirmando haber descifrado el título cabeza del "New York Times" del día. 
 
Se trataba de un mensaje en clave de extraterrestres. A un colega que le preguntó cómo un hombre consagrado a la razón y la prueba lógica podía creer en alienígenos que lo necesitaban para salvar el mundo, lo dejó de una pieza contestándole que sus ideas sobre esos seres extraordinarios le habían llegado del mismo modo como lo habían hecho sus ideas matemáticas; por eso las tomaba en serio. A partir de entonces siguió cosechando dislates trágico-cómicos. Que la cara de Juan XXIII que salía en la portada de "Life" era, en realidad, la suya. 
 
Su razonamiento: el Papa había elegido su mismo nombre (John) y el número 23 era su favorito. Que el hecho de que "Spain" y "Sinaí" comenzaran las dos con "S" no era porque sí. Otras citas hablan de que rechazó un nombramiento en la universidad de Chicago porque prefería la oferta de ser emperador de la Antártida. Estando en Ginebra, gestionó renunciar a su nacionalidad y obtener certificación de refugiado de todos los pactos, NATO, Varsovia, Medio Oriente, SEATO, etc. De vuelta en Princeton, caminaba por las calles con aire totalmente ausente preocupado por descifrar los "mensajes" que escondían las notas de los periódicos y refiriéndose a sí mismo -a lo Maradona- como a una tercera persona. Internado de nuevo, escribió sorprendentemente un trabajo sobre dinámica de fluidos titulado, en francés, "Le Probléme de Cauchy Pour Les Equations Différentielles d"une Fluid Générale" que sería enseguida calificado en el Diccionario Enciclopédico de Matemáticas como "básico y notable".
En 1962 su mujer, que hasta el momento se había mostrado heroica frente a la intratabilidad de su insania y el deambular por sanatorios, pidió el divorcio. Pero más tarde, después de dos nuevas internaciones, decidió continuar la convivencia pero dejándolo hacer su vida inofensiva lejos de médicos y psiquiatras. Por esos años, aunque sin dejar de oír voces y hacer cosas raras (en Princeton lo llamaban "el loco de la biblioteca"), se insinuó una inesperada mejoría. En 1983, un físico del instituto se sorprendió, emocionado, ante una precisa observación suya sobre una persona y un hecho de la vida real. Comentó: "Fue hermoso asistir a ese pequeño despertar..." El nivel de las "voces" fue disminuyendo. Desaparecieron los miedos del Día del Juicio Final, del Genocidio, de Armaggedon, de su identidad cambiada por la de un shogún japonés o de un refugiado palestino, de creer estar en El Cairo, en Mongolia o en un campo de concentración. Volvió a los problemas matemáticos y se hizo amigo de la computadora para resolverlos.
Lo último que de él sabemos es que se negó a dar consentimiento tanto al libro como a la película. Después de recibir el Nobel en 1994 habló de su odisea personal, del "tiempo de mi irracionalidad". La vuelta a la cordura había empezado con el rechazo de una línea de pensamiento que por decenios lo había obsesionado. Un paso clave -que, irónicamente, sería quizá recomendable también para nuestros angustiados compatriotas en estos días de montoneras en la Rosada- había sido la resolución de no preocuparse más por la política. Advirtió que mejoraba cuando percibió en su mente el inicio de un viraje hacia el rechazo de todo pensamiento políticamente orientado, en razón de que era esencialmente una lastimosa pérdida de tiempo. Al convencerse John Nash de que la política no valía la pena -algo parecido a lo de Don Quijote (1) cuando despertó de su locura y renegó de los libros de caballería que lo habían alienado- restableció su salud mental.

(1).- El párrafo, en la 2º parte del libro de Cervantes: "Dadme albricias, buenos señores, de que ya no soy Don Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron el renombre de bueno. Ya soy enemigo de Amadís de Gaula y de toda la infinita caterva de su linaje; ya me son odiosas todas las historias profanas de la andante caballería; ya conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron haberlas leído...".
 
John Forbes Nash realizó el trabajo que le valió el premio Nobel de Economía en 1994, a la edad de 21 años. Era su tesis doctoral, de 27 páginas. Nash tomó la Teoría del Juego de John von Newman y Oskar Morgenstern y la convirtió en una poderosa herramienta de análisis económico.
Resumiendo, diremos que el trabajo de Nash explica una teoría en la que las interacciones entre jugadores son de naturaleza no cooperativa. Los contendores –como los que podemos encontrar en una mesa de póker o en un ambiente de negocios competitivo– no pueden llegar a acuerdos o coaliciones.
 
Nash desarrolló un acercamiento universal para predecir la estrategia que los jugadores podrían adoptar bajo circunstancias óptimas. Ese acercamiento se ha convertido en una herramienta estándar en casi todas las áreas de la teoría económica.
 
Otras disciplinas que han sacado provecho de los aportes de Nash a la teoría del juego son la biología evolutiva y las ciencias políticas. Sus colegas matemáticos consideran que éste es su trabajo menos importante, comparado con otros que ha realizado en matemática.
 
marzo 25, 2002
Algo sobre Sylvia Nasar
Autora del libro
Marzo 24 de 2002
Una Noche de sueños para los hacedores de fantasías
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