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Entre balas y piedras
por Elías Farache S.  
Entre balas y piedras, uno tiende a tomar partido por las piedras.  Es lógico, y humano por lo visiblemente inhumano.
 
Pero es lo más fácil, lo menos necesario de explicar y lo menos cuestionable.
 
Entre balas y piedras, uno apoya al de las piedras.  En particular si uno no es blanco de las piedras.  Si fuera blanco de las piedras, otra sería la aproximación a los hechos.
Este es el drama de Israel, de su gobierno, de su pueblo y del pueblo judío.  
Debatirse entre dejarse acribillar, y defender altos valores morales, incomprendidos y aprovechados por sus enemigos; o defenderse bajo fuerte grado de “mesura”, restrainment le dicen los americanos a eso de tener un ejército muy paralizado frente a niños y adolescentes que tiran piedras, queman objetos, vociferan... y también tienen atrás unos cuantos policías, vestidos de verde, con sendos rifles para apoyarlos por si acaso.
 
Israel no haya como hacer entender al mundo y a sus vecinos que tiene derecho a la existencia.  Una existencia que respete todos los otros derechos de existir, pero no una existencia condenada a la propia opresión y al propio complejo. 
El gobierno de Barak ha sido un gobierno muy valiente.  Asumió como función primordial de su gestión la consecución de un tratado definitivo de paz con la Autoridad Palestina, con Siria y con Líbano.  
Ofreció a Siria la retirada del Golán al difunto Hafez Assad.  Fue rechazada esta oferta.  Siria quería más, quería empezar a negociar una vez que Israel se retirara.  Barak ofreció acuerdos con el Líbano y con Siria, y ante los sordos oídos de estas inexistentes contrapartes,  ejecutó la retirada unilateral del Líbano en Mayo del 2000.  En paralelo, fue trabajando sobre el famoso acuerdo de Status Final con los palestinos.  En Junio, sin coalición ni parlamento, se fue a Camp David por 15 días.  Ofreció a Arafat cosas que jamás líder israelí alguno hubiera ofrecido.  Su objetivo: generar confianza en los palestinos, y regresar a Israel con un acuerdo para ir a referéndum, elecciones o cualquier cosa que le diera legitimidad a lo ofrecido.
Su buena voluntad, y su mejor acción no fue para nada reciprocada. Arafat se burló de Barak, y también de Clinton.  No bien llegó a Gaza de Washington amenazó con violencia en las calles, con piedras y fue muy claro cuando reclamó “toda Jerusalén”.
 
Y armó la pataleta con lo de la declaración unilateral del Estado Palestino.  Decisión que postergó hasta el 15 de Noviembre de este año, como una gran concesión.
La semana previa a Rosh Hashaná, el año nuevo judío, un estallido de violencia sacudió a Israel. Árabes israelíes salieron a protestar, cerrar calles y avenidas.  Y los niños y adolescentes palestinos, esta vez respaldados por la llamada “policía palestina”, bien pertrechada  de rifles y municiones, salieron a tirar piedras contra los soldados israelíes.
Niños contra soldados no es una imagen fácil de explicar, menos aún cuando hay prejuicio y vaya si los hay.  Pero el Ejército de Israel es un Ejército de jóvenes, casi niños.  Un Ejército popular, de conscriptos de 18 a 21 años.  Sus padres, y madres sufren por ellos porque, a diferencia de la contraparte árabe, los judíos no piensan que quienes mueren en la batalla se ganan el cielo. No. Se ganan la muerte, el duelo en la familia, una herida o una mutilación.  Dolor, sangre, sudor y lágrimas.  Y también remordimiento de conciencia, porque si algo sí tienen los judíos es eso: escrúpulos y conciencia.
 
¿Quién manda a esos niñitos y jóvenes a tirar piedras?  ¿Padres responsables?  ¿Acaso alguien en su sano juicio enviaría a su hijo a tirar piedras contra las autoridades de algún país?  No pareciera.  Pero sucede, y no se ve a nadie que lo condene.  No hay toque de queda en las zonas controladas por la autoridad Palestina, no hay llamados a la calma.  Hay sí, recompensas de $ 500 por heridas infligidas a niños, y $ 2.000 por muertes.  ¿Entonces?
 
Israel ha hecho por los palestinos lo que no hicieron sus hermanos árabes.  Aparte de educación, infraestructura y otras cosas, les ha dado el camino a su autodeterminación.  A cambio de que cese el terrorismo y sean reconocidos como vecinos.  Recogen dinero y son los protectores de una incipiente economía palestina, plagada de vicios y corrupción.  Les abre sus fronteras todos los días, porque aparte de necesitar los servicios de los palestinos, la verdad es que en la Autoridad Palestina no hay economía ni de mercado ni de otra cosa.  Cuando por razones de seguridad, más que obvias, han de cerrarse los accesos, se oye un inusitado clamor de palestinos y de simpatizantes.  
 
Estos últimos, son todos.  Porque Israel pareciera en un partido de fútbol contra el “resto del mundo”.  Pero si alguien tiene los accesos cerrados es Israel.  Porque los israelíes no pueden transitar hacia Siria, ni hacia Líbano.  Ni hacia cualquier país árabe cercano... o lejano.  Existe un turismo de comiquitas con Egipto, de una sola vía, pues solo los israelíes viajan a ver las pirámides.  Algo más o menos similar ocurre con Jordania.  Y si hay algún roce, algo mucho menos que conflicto, los israelíes tienen solamente el mar a sus espaldas.  Eso se llama confinamiento.  A pesar de todo lo anterior, a la hora de una declaración de Estado Palestino, probablemente sea Israel el primer país en reconocerlo.  Y de hecho, virtualmente ya existe el estado... y es reconocido nada más y nada menos que por Israel.  
 
Israel se mueve entre balas y piedras, entre misíles Scuds y condenas de la ONU.  Entre amenazas veladas y amenazas abiertas.  Lo que le corresponde por legado histórico, debe ser compartido con los vecinos.  Lo que obtuvo por ganar guerras y batallas a las cuales fue forzado, debe ser devuelto sin condiciones previas.  Al igual que el judío en las sociedades del pasado, El Estado Judío es a las naciones y países, el ente condenado, el ente errante.  Lástima que se así, y lástima que árabes y palestinos no hayan entendido aún la verdadera posibilidad de paz y reconciliación que Barak les ha propuesto.
 
Todo ello también a pesar de las fotos equivocadas, enseñando a un ensangrentado judío americano delante de un policía israelí, pero presentando al policía defensor como agresor; a pesar de entregar la custodia de la Tumba de Yosef para que fuera quemada y desecrada en breves instantes.  Todo ello a pesar de la sangre, el humo y las maledicencias de una prensa a veces muy facilista y poco investigadora de hechos y razones, que juzga sólo por la imagen, no siempre por la verdad.
 
Caracas, 11 de Octubre del 2000.
Elías Farache S.
eliafara111@cantv.net 
 
 
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