A través
del noticiario de Televisión Española observamos una de las recientes
contiendas entre palestinos y soldados israelíes en Ramalla.La corresponsal narraba que los jóvenes palestinos “a pecho
descubierto” enfrentaban con piedras las balas de los soldados israelíes.
Pese a la descripción de la periodista, veíamos fuego, altas llamaradas en
el lado de las trincheras israelíes, ¿qué pasa? El paneo de la misma cámara
de TV Española nos dio la respuesta: los jóvenes palestinos “a pecho
descubierto” no lanzaban “inocentes” piedras contra los soldados
israelíes, sino botellas incendiarias. Es decir, cocktailes molotov contra
balas recubiertas de goma, especiales para desbandar las violentas
manifestaciones.
Otros
medios no tan tendenciosos han indagado más sobre la situación y han
tenido espacios para mostrar que esta nueva Intifada está totalmente
organizada hasta en sus mínimos detalles y no tiene nada de espontánea ni
de improvisada. Al igual que un ejército, dispone de mandos y jerarquías.
Una especie de comandante imparte órdenes de cuándo comenzar, hacia dónde
dirigirse y cuándo terminar la acción.Ello es una constante visible. Al inicio de la festividad de Rosh
Hashana, el año nuevo, cuando los judíos rezaban frente al Muro de los
Lamentos en Jerusalén, desde la encumbrada explanada de las mezquitas,
literalmente les llovieron piedras sobre sus cabezas. Cómo llamaríamos a
esta batalla, ¿plegarias contra piedras?
En el
campo político, también hacen su aparición las “botellas
incendiarias”. El mundo árabe moderado se está dejando arrebatar sus
banderas por los parias de la humanidad, quienes están aprovechando el odio
hacia Israel para lograr cierta unidad “fraternal” y un agujero de
salida que les permita emerger del aislamiento al que los tienen sometidos
las instituciones internacionales.Saddam
Hussein, ¡el valiente carnicero de Bagdad!, “el padre de la madre de
todas las batallas”, exigió que alguno de los países árabes fronterizo
con Israel, le permita mandar a sus tropas para “acabar con los
sionistas”.
Adicionalmente,
para la anunciada cumbre que la Liga Árabe está organizando, prevista el
próximo 21 de octubre en El Cairo, el dictador libio, Muammar Kadafi
confirmó su asistencia, pese a que había expresado su oposición a que la
reunión se celebre en estos momentos, ¿cómo perderse la oportunidad de
hacer una reaparición magistralmente histriónica? ¿cómo no enseñar sus
túnicas y sus extravagancias, junto a su brutal agresividad? Kadafi, quien
no oculta su afán de sangre, nunca aceptó el proceso de paz, e incluso se
enemistó con Yasser Arafat por ese mismo motivo y lo había calificado con
el “insulto” de “judío”, ahora se felicita públicamente por la
“nueva Intifada” en los territorios palestinos, así como por la ola de
protestas contra Israel en el mundo islámico, aunque considera que la
realización de una cumbre en este explosivo momento “puede sofocar la
revolución”, es decir devolverle el chance a la paz.
No
podía faltar en este candente clima, otro actor importante del radicalismo
islámico: Irán. El ministro del Exterior iraní, Kamal Jarrasi, viajó al
Líbano y Siria para discutir los enfrentamientos de las últimas semanas en
los territorios palestinos. Antes de partir de Teherán, Jarrasi dio unas
contundentes declaraciones: “La cuestión palestina tiene la mayor
prioridad en nuestra política exterior... Nunca dejaremos al pueblo
palestino en la estacada”. En Beirut y Damasco, Jarrasi explicará la
postura iraní respecto a la crisis, como por ejemplo, su rechazo a mediar
en la cuestión de los 3 soldados israelíes secuestrados por los pupilos de
la milicia integrista Hezbollah.No
tiene importancia que en Irán a la oposición le cierren sus diarios, que
las mujeres sean tratadas como objetos y a los estudiantes que manifiestan
su disidencia les impongan una férrea represión; a esos derechos humanos
conculcados se le llama “asuntos internos” y“soberanía nacional”.
El
proceso de paz entre palestinos e israelíes, pese a los serios atascos,
estaba encaminado exitosamente.Las
negociaciones dieron frutos tangibles, la autonomía palestina es una
realidad y muy pronto el Estado palestino nacería del diálogo y no de la
beligerancia. Sin embargo, y es históricamente probado que, cuando la paz
muestra sus triunfos, los amos de la violencia intentan capturarla.En 1947, gracias a la partición territorial decretada por la ONU, al
igual que los israelíes, los palestinos hubiesen podido tener su país,
pero sus “hermanastros” árabes, los que obtuvieron conquistas en el
campo de la política internacional a costa del sufrimiento del pueblo
palestino, no lo hallaron conveniente.
En la presente coyuntura histórica,
a los verdaderos líderes árabes, no a los que cargan con un infinito
prontuario de crímenes, les debería tocar decidir qué quieren, cómo lo
quieren conseguir y qué clase de nación quieren construir.