cocktailesexplosivos
 
Cocktailes explosivos 
en la guerra y en la política
 
Beatriz W. de Rittigstein
Caracas, 12 de octubre del 2000
A través del noticiario de Televisión Española observamos una de las recientes contiendas entre palestinos y soldados israelíes en Ramalla.  La corresponsal narraba que los jóvenes palestinos “a pecho descubierto” enfrentaban con piedras las balas de los soldados israelíes. Pese a la descripción de la periodista, veíamos fuego, altas llamaradas en el lado de las trincheras israelíes, ¿qué pasa? El paneo de la misma cámara de TV Española nos dio la respuesta: los jóvenes palestinos “a pecho descubierto” no lanzaban “inocentes” piedras contra los soldados israelíes, sino botellas incendiarias. Es decir, cocktailes molotov contra balas recubiertas de goma, especiales para desbandar las violentas manifestaciones.
Otros medios no tan tendenciosos han indagado más sobre la situación y han tenido espacios para mostrar que esta nueva Intifada está totalmente organizada hasta en sus mínimos detalles y no tiene nada de espontánea ni de improvisada. Al igual que un ejército, dispone de mandos y jerarquías. Una especie de comandante imparte órdenes de cuándo comenzar, hacia dónde dirigirse y cuándo terminar la acción.  Ello es una constante visible. Al inicio de la festividad de Rosh Hashana, el año nuevo, cuando los judíos rezaban frente al Muro de los Lamentos en Jerusalén, desde la encumbrada explanada de las mezquitas, literalmente les llovieron piedras sobre sus cabezas. Cómo llamaríamos a esta batalla, ¿plegarias contra piedras?
 
En el campo político, también hacen su aparición las “botellas incendiarias”. El mundo árabe moderado se está dejando arrebatar sus banderas por los parias de la humanidad, quienes están aprovechando el odio hacia Israel para lograr cierta unidad “fraternal” y un agujero de salida que les permita emerger del aislamiento al que los tienen sometidos las instituciones internacionales.  Saddam Hussein, ¡el valiente carnicero de Bagdad!, “el padre de la madre de todas las batallas”, exigió que alguno de los países árabes fronterizo con Israel, le permita mandar a sus tropas para “acabar con los sionistas”.
 
Adicionalmente, para la anunciada cumbre que la Liga Árabe está organizando, prevista el próximo 21 de octubre en El Cairo, el dictador libio, Muammar Kadafi confirmó su asistencia, pese a que había expresado su oposición a que la reunión se celebre en estos momentos, ¿cómo perderse la oportunidad de hacer una reaparición magistralmente histriónica? ¿cómo no enseñar sus túnicas y sus extravagancias, junto a su brutal agresividad? Kadafi, quien no oculta su afán de sangre, nunca aceptó el proceso de paz, e incluso se enemistó con Yasser Arafat por ese mismo motivo y lo había calificado con el “insulto” de “judío”, ahora se felicita públicamente por la “nueva Intifada” en los territorios palestinos, así como por la ola de protestas contra Israel en el mundo islámico, aunque considera que la realización de una cumbre en este explosivo momento “puede sofocar la revolución”, es decir devolverle el chance a la paz.
 
No podía faltar en este candente clima, otro actor importante del radicalismo islámico: Irán. El ministro del Exterior iraní, Kamal Jarrasi, viajó al Líbano y Siria para discutir los enfrentamientos de las últimas semanas en los territorios palestinos. Antes de partir de Teherán, Jarrasi dio unas contundentes declaraciones: “La cuestión palestina tiene la mayor prioridad en nuestra política exterior... Nunca dejaremos al pueblo palestino en la estacada”. En Beirut y Damasco, Jarrasi explicará la postura iraní respecto a la crisis, como por ejemplo, su rechazo a mediar en la cuestión de los 3 soldados israelíes secuestrados por los pupilos de la milicia integrista Hezbollah.  No tiene importancia que en Irán a la oposición le cierren sus diarios, que las mujeres sean tratadas como objetos y a los estudiantes que manifiestan su disidencia les impongan una férrea represión; a esos derechos humanos conculcados se le llama “asuntos internos” y  “soberanía nacional”.  
El proceso de paz entre palestinos e israelíes, pese a los serios atascos, estaba encaminado exitosamente.  Las negociaciones dieron frutos tangibles, la autonomía palestina es una realidad y muy pronto el Estado palestino nacería del diálogo y no de la beligerancia. Sin embargo, y es históricamente probado que, cuando la paz muestra sus triunfos, los amos de la violencia intentan capturarla.  En 1947, gracias a la partición territorial decretada por la ONU, al igual que los israelíes, los palestinos hubiesen podido tener su país, pero sus “hermanastros” árabes, los que obtuvieron conquistas en el campo de la política internacional a costa del sufrimiento del pueblo palestino, no lo hallaron conveniente. 
En la presente coyuntura histórica, a los verdaderos líderes árabes, no a los que cargan con un infinito prontuario de crímenes, les debería tocar decidir qué quieren, cómo lo quieren conseguir y qué clase de nación quieren construir.
 
Beatriz W. de Rittigstein
naharia@telcel.net.ve
Caracas, 12 de octubre del 2000
 
Primer mensaje que originó está confrontación de opinión
Current Confrontations in Israel/Palestine - NGOs statement

 

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