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Isaac,
como aquel otro Isaac, hijo de Abraham, se niega a ser víctima. Al
igual que el mítico personaje hebreo de quien lleva su nombre, en ese
holocausto terrible que significa lavarle el cerebro a inocentes
niños, y crear un pueblo de autómatas que dan loas a un asqueroso
tirano, al negarse a escribir algo que su espíritu repele,
recibió el apoyo del resto de los niños, mostrando una misma
historia: Esa que impide que al lado del fuego y la leña que crepita
y asa la libertad del pueblo de Cuba, un pequeño niño, un muchachito
de 10 años, se niega a ser cordero, y grita en la cara de una indigna
funcionaria,
su valor y su entereza, y es apoyado por otros niños igualmente
bellos y valerosos. |