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Sadam, el sátrapa
 
“El no a la guerra” enarbolado por grupos tradicionales de la extrema izquierda europea, no es un reclamo malandrín, pero anteponen la defensa de un régimen supuestamente socialista y panárabe, a la de un pueblo azotado duramente por una cruel tiranía.
 
Con una ingenuidad o torpeza que raya en la más banal hipocresía, enarbolan, para no desarmar al sanguinario personaje de Bagdad, el argumento de que en el mundo actual existen muchos ejemplares tipo Sadam Hussein encabezando brutales dictaduras, donde tampoco hay elecciones libres y las cárceles se hallan repletas de opositores políticos, como si con ello, el “no a la guerra” fuera suficiente aval para permitir tanta hemorragia de dolor contra los derechos humanos.
 
Por esa razón De Lion recuerda: “En un mundo poco propicio a la reflexión, asumir una postura es más importante que las ideas; ello explica la actitud mediática padecida por la opinión pública internacional. En ese sentido emitir un dictamen, a contracorriente, es difícil si en especial se trata de la crisis iraquí”.
 
El “no a la guerra”, tan válido para el “no” al hambre, la prostitución infantil, el abuso contra los emigrantes o la proliferación de la venta de droga en los liceos y universidades europeas, jamás ha parecido contar en las multitudinarias manifestaciones con el número de iraquíes oprimidos luego de 30 años de dictadura y de un asfixiante embargo que el sátrapa Sadam administra a su conveniencia.
 
De Lion recuerda muy sensatamente: “Nadie escucha a la oposición iraquí y por muy exótico que suene, la oposición iraquí existe. Sus líderes desde Londres, tratan sin desmayo de hacerle entender a ese mundo que grita consignas antiBush, que más del 80 por ciento del pueblo iraquí es antiHussein”.
 
Y una reflexión en estos tiempos de tanta proliferación de autistas mentales: ¿Dónde están los Camus, los Raymond Aaron de hoy? El silencio de los intelectuales franceses le deja el terreno libre al neocolonizador Chirac. El grueso de esos doctos, luego de la cura de desintoxicación que los llevó a desprenderse de Stalin, Mao, Castro y Pol Pot, se cuidan mucho de no cometer los mismos errores del pasado, por ejemplo Munich, cuando las democracias capitularon ante el totalitarismo por amor a la paz.
 
Y nuestro amigo allá en París nos sigue hablando para despertar nuestro adormecido letargo: “El antiamericanismo fatuo genera una neblina que impide reflexionar.
 
Lo que la opinión pública llama el campo de la paz, está conformado, además de Francia, por la Rusia exterminadora de chechenos y la China que persigue sin desmayo a los tibetanos”.
A Sadam le quedan horas, pero como cualquier cobarde inflado de poder, envuelto en delirios decadentes, con el ego de su personalidad hinchado hasta el cansancio, será incapaz de tener un gesto hacia su pueblo. No renunciará, se esconderá como una rata, mientras envía al combate a millares de inocentes para proteger su huida.
 
Cada dictador a lo largo de la historia ha hecho de los símbolos patrios -la bandera, el himno nacional y la alargada sombra de los héroes- sus amuletos para cometer las más horrendas tropelías.
 
Ejemplos como el embaucador de Bagdad sobran, y no están lejos.
¿Verdad amigo Luis de Lion?
 
rnaranco@la-cadena.com
 
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