- ¿Se ha apoderado la
prudencia del espíritu exaltado de Hugo Chávez?
El estallido de aquellos dos artefactos explosivos colocados en la
Embajada de España y el Consulado de Colombia han perdido actualidad,
pero sin duda marcaron un importante punto de inflexión en el discurso y
la acción presidencial.
Antes de esa madrugada, Chávez había aprovechado el súbito desaliento
de la Venezuela opositora después de la interrupción del paro cívico y
la huelga petrolera para lanzar una agresiva contraofensiva
revolucionaria. Por una parte, desató la primera ola represiva del régimen
contra las cabezas más visibles de la oposición.
Por la otra, ha intentado implementar el plan Comisión de Administración
de Divisas para quebrar la resistencia del sector empresarial privado.
Mientras tanto, aceleró el proceso de “renacionalización” de Petróleos
de Venezuela.
Por último, le ha negado públicamente a las regiones con gobernadores
disidentes su derecho a acceder a los recursos financieros del situado
constitucional, el Fondo Intergubernamental para la Descentralización y
la Ley de Asignaciones Especiales.
Como si esto fuera poco, anunció su resolución de aprobar en la Asamblea
Nacional, a como diera lugar, la aprobación de la nueva ley del Tribunal
Supremo de Justicia, desde el 14 de agosto bajo sospecha de traición al
proceso, y su decisión de confiscar “legalmente” la libertad de
expresión con la llamada ley de contenidos.
Los dos bombazos obligaron a Chávez a detener la marcha de su revolución
con cierta brusquedad. El ataque de Estados Unidos a Irak, que sólo
provocó en Chávez un rechazo inicial excesivamente tímido, parecía que
terminaría frenándola por completo. Sin embargo, el pasado sábado, en
la Casa de Bello, Chávez fue más contundente al condenar la guerra
porque, según dijo, la manifestación pacifista de ese mediodía en Nueva
York lo había reconfortado.
¿Se trató de un simple saludo a la bandera para acallar la furia de sus
partidarios más radicales o anunciaba Chávez un gradual endurecimiento
de la posición de Venezuela frente al conflicto? En todo caso, con estas
dos incidencias imprevistas, la revolución “bolivariana” se adentra
en un territorio pantanoso, movedizo y saturado de peligros.
Bombas sobre Bagdad
- Mírese como se mire,
las bombas y los misiles que Estados Unidos lanza sobre Bagdad desde la
noche del jueves le trasmiten al mundo claras señales de lo que vendrá.
Desde el fin de la II Guerra Mundial, las Naciones Unidas han sido hasta
ahora la metáfora del deseo universal por escapar de los horrores bélicos
del pasado.
No siempre tuvo la ONU éxito en sus propósitos, pero gracias a sus
mecanismo de diálogo y negociación, Estados Unidos y la extinta Unión
Soviética pudieron conducir las innumerables batallas de la Guerra Fría
sin necesidad de destruir el planeta con un holocausto nuclear.
La caída del muro de Berlín hizo que Naciones Unidas comenzara a perder
su vieja utilidad. Sin Guerra Fría, ¿para qué servía el Consejo de
Seguridad? El ataque a Irak al margen de la ONU pone de manifiesto que su
eficacia como organismo regulador de conflictos mundiales ha pasado a ser
idéntica a la de su antecedente histórico, la Sociedad de Naciones,
incapaz en su momento de impedir la invasión italiana de Abisinia.
Aquel fracaso de la Sociedad de Naciones contribuyó poderosamente a
facilitar el estallido de la primera guerra verdaderamente global. Este
fracaso de Naciones Unidas rompe el inestable equilibrio internacional en
una medida que nadie puede todavía imaginarse, y de paso anuncia el
inicio de un orden mundial muy distinto al que conocíamos desde hace casi
medio siglo. Y si bien es demasiado temprano para conocer con exactitud cuáles
serán las líneas maestras que trazarán los futuros nexos y rupturas
entre los pueblos de la Tierra, en los términos del aquí y el ahora
puede afirmarse que la hegemonía unipolar de Estados Unidos será el
factor decisivo en la configuración de las relaciones internacionales. No
para garantizarle al mundo una cierta paz y un equilibrio más o menos
congruente, sino para que las fuerzas políticas, económicas y militares
estadounidense puedan sancionar la muerte definitiva del mal y el reino
perdurable del bien en todas partes.
El mal supremo
- Dentro de esta nueva
escala de valores universales, el mal supremo es el terrorismo.
Y como la naturaleza de esa calamidad diabólica es tan elusiva y puede
causar estragos en cualquier lugar, y como además su propagación puede
prolongarse hasta el fin de los siglos, debemos suponer que el objetivo de
esta guerra que acaba de iniciarse en Irak para intentar contener su
expansión puede a su vez proseguir en otros espacios geográficos y
prolongarse indefinidamente. En otras palabras, la realidad de esta guerra
no hace sino ratificar el anuncio, formulado por las máximas autoridades
norteamericanas, antes, durante y después de la guerra en Afganistán, de
que Estados Unidos iría en busca de los terroristas donde quiera que se
encontrasen. Y pobre de aquel gobernante que se atreviera a darles
protección y cobijo. ¿A esa alternativa se refería Chávez cuando en su
discurso del sábado advirtió que su gobierno no permitiría que grupos
subversivos colombianos se instalaran en Venezuela, pero que tampoco
permitiría que el Ejército de ese país los persiguiera dentro del
territorio nacional?
- Sin embargo, este es el
gajo más importante que se desprende de la firme decisión estadounidense
de alcanzar sus metas a toda costa, aunque ello signifique poner en
peligro sus lazos de amistad y cooperación con la mayoría de los países
europeos, con Turquía y hasta con China. Quizá por esta contundente razón
ningún gobierno, ni siquiera Libia o Corea del Norte, se han opuesto
abiertamente al desarrollo de los ataques. Quizá por eso Fidel Castro ha
dado órdenes de encarcelar a los líderes de la oposición interna, no
vaya a ser que traten de aprovechar el momento para cometer alguna locura
con la complicidad de la Oficina de Asuntos Norteamericanos en La Habana.
Y sin duda también por eso Hugo Chávez no ha cometido todavía el error
de referirse a las víctimas civiles de los bombardeos, tal como hizo
cuando la guerra contra el gobierno Talibán en Afganistán.
No obstante, muchos de sus partidarios, incluyendo a diputados como Tarek
William Saab y Willian Lara, el comandante de la Aviación, general Ángel
Federico Valecillos Ríos, y Venezolana de Televisión se han dejado
arrastrar por sus impulsos antinorteamericanos y denuncian a diario las
injusticias de la guerra con una vehemencia que seguramente les hará
merecedores de la gratitud de Saddam Hussein, sin tener en cuenta para
nada el daño adicional que le hacen a la imagen internacional de Chávez,
muy maltrecha y desdibujada en medio de estas tormentas de arena que
soplan, con excesiva fuerza, amenazadoras, desde el desierto iraquí.
|

|
- Chávez
bajo sospecha
-
- Con la
excusa de unificar a los países miembros de la OPEP en torno
a su propuesta de reducir la producción de crudo para inducir
una recuperación de los precios del petróleo en el mercado
internacional, Chávez cruzó por tierra el desierto que
separa al Tigris de la frontera con Irán para visitar a
Saddam Hussein en Bagdad.
|
- Al hacerlo, se
convirtió en el primer mandatario que desafiaba el embargo decretado
por Naciones Unidas después de la Guerra del Golfo. No en balde Hussein
llegó al extremo de servirle a Chávez de chofer. La foto de ambos en
el interior del Mercedes negro recorriendo, no las calles de ciudad,
sino las muy protegidas áreas del inmenso Palacio Presidencial
Republicano que los tomahawks norteamericanos hicieron volar en pedazos
la noche del viernes, recorrieron el mundo. Su audacia debió hacer que
Chávez se sintiera en ese momento tan feliz como un niño el día de
Navidad. Hoy, aunque no lo admita, debe lamentar amargamente haber
realizado aquel viaje innecesario, mucho más aún la existencia de esas
fotos culpables.
A ese público testimonio de amistad fraternal con Hussein pronto se
sumaron otros elementos ingratos. Sus relaciones con las guerrillas
colombianas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el Ejército
de Liberación Nacional eran harto conocidas. Peter Romero, en las
postrimerías de su ejercicio como secretario adjunto para asuntos
latinoamericanos del Departamento de Estado, había revelado desde Miami
las operaciones “clandestinas” de Miguel Quintero en la región
andina, un caso de intervención inaceptable para Washington. El caso de
Jaime Ballestas fue otro ingrediente que sin duda se tuvo en cuenta en
Washington y Bogotá a la hora de engrosar las páginas del expediente
Chávez.
Las relaciones con Colombia conservarían un cierto grado de normalidad
formal, pero para nadie es un secreto que desde ese instante
controversial en Bogotá se observa con recelo el comportamiento de Chávez.
Su negativa a autorizar los sobrevuelos de aviones estadounidenses y su
rechazo frontal al Plan Colombia, fundamento de la estrategia
norteamericana para combatir el narcotráfico y la guerrilla en ese país
hermano, terminaron de enturbiar las relaciones de Chávez con ambos países.
Ahí no termina la historia. Durante las últimas semanas, los titulares
de El Nuevo Herald de Miami denunciando que
Manuel Marulanda, el legendario Tirofijo, había fijado su residencia en
territorio venezolano; las declaraciones del general James Hill, jefe
del Comando Sur, sobre la presencia de elementos de Al Qaeda en la isla
de Margarita; los atentados terroristas contra la Embajada de España y
el Consulado de Colombia inmediatamente después de que Chávez les
advirtiera a los gobiernos de esos países que no se metieran en los
asuntos internos de Venezuela, los reiterados señalamientos sobre la
existencia de campamentos de las FARC en el Zulia y otros estados limítrofes
con Colombia y la muy reciente solicitud del Gobierno colombiano a
Estados Unidos de desplegar un importante contingente militar en
territorio colombiano son indicios con los que se pretenden demostrar
las posibles conexiones de Chávez con el terrorismo internacional.
Por ahora, Chávez parece haber comprendido la gravedad de la situación
y deshoja la margarita revolucionaria.
Mañana ya veremos. Mientras tanto, quienes asistieron al acto del sábado
en la Casa de Bello se mostraron impávidos ante las posibles amenazas y
saludaron las palabras de Chávez contra la guerra con un nuevo grito de
guerra: “Chávez, al yanqui dale duro”.
-
- Vuelva a
click