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Alguien
me dijo una vez que moderara mi estilo al denunciar los desaguisados que
suceden en Venezuela desde que Hugo Chávez Frías logró hacerse con la
presidencia. No crean que no lo pensé; no por él, que realmente, como decía
Martí, habría que decir más, decir oprobios y acrecentar la furia por si
acaso llega a concluir el curso de tirano. Trato de contenerme por mí, y por
mi país, que no merece que su gente se contagie de ordinariez, vandalismo y
bravuconería.
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Sin
embargo, no pude dejar de titular así cuando, al sentarme a escribir, la
motivación mayor esta vez ha sido ese ataque despiadado, soez, cobarde,
contra la Iglesia Católica, credo que agrupa a la mayoría del pueblo
venezolano.
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El teniente
coronel pretende darle voz de mando al clero, intervenir la esencia del
catolicismo y forzar a la Iglesia de dos mil años a convertirse en
apostólica, romana y bolivariana.
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Tuvo la
osadía de amenazar al nuncio apostólico de Su Santidad, y además decano del
cuerpo diplomático acreditado en el país, por el simple hecho de haberle
comunicado la preocupación de él y el resto de los embajadores ante los
acontecimientos que permiten vislumbrar tiempos aún más borrascosos en
Venezuela. Le enfureció que monseñor Dupuy se hiciera eco del sentir de
todos sus colegas, cuando le comunicó: “Estamos al servicio del derecho
internacional, considerado no como una protección de los intereses
particulares o nacionales, sino como un código de conducta para la familia
humana en su conjunto''.
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Irrespetuoso, perdió la poca compostura que le quedaba y expresó: ''Ese es
uno de los tumores que tenemos, la Iglesia Católica''. Y comenzó un rosario
de insultos que aún no cesan. Mandó a su eminencia Ignacio Antonio Cardenal
Velasco a rezar veinte padrenuestros y, como si de un erudito se tratara,
aprovechó el impulso para atacar igualmente a los medios, pretendiendo
erigirse en maestro de ética para los periodistas.
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Horas
después, con los dineros de la nación, aparecía un
poster tapizando los
muros de templos católicos y estaciones de metro en el centro de Caracas, y
en muchas barriadas populares. Me diría un amigo cubano: emergía el
''librito'' de Castro con los pasos a seguir hasta lograr destruir a
aquéllos que se oponen a sus planes maléficos. En ese impreso, se señala, a
través de una sentencia de Mateo, como ''fariseo e hipócrita'' al cardenal,
reproduciendo una fotografía familiar donde unos jóvenes honorables reciben
el sacramento del matrimonio, pero que la pérfida manipulación pretende
mostrarles como oligarcas y a la Iglesia como la iglesia de los ricos.
¡Casualidad! Esa fotografía corresponde al matrimonio del hijo de una
periodista opositora: yo. Desde esta tribuna, responsabilizo a Hugo Chávez
por mi integridad física y la de mi familia.
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Comienza la
cacería de brujas. Apareció por fin el Fidelito
II en todo su esplendor. Estalla un niple
lanzado contra el diario Así es La
Noticia que dirige Ibéyise Pacheco,
una de las periodistas denunciantes --con videos probatorios-- de las
estrechas relaciones entre el gobierno de Chávez y la narcoguerrilla
colombiana. Comenzaron desde hace rato los actos de repudio. ¿Cuándo
levantarán los ladrillos del primer paredón?
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Internacionalmente,
el mal clonado
Chacastro está liquidado. Colombia solicita a Venezuela
explicaciones sobre las reuniones que han sostenido funcionarios del gobierno
venezolanos con narcoguerrilleros. El gobierno de
EU manifiesta su disgusto contra este ex golpista devenido presidente. Ha
perdido las calles, la emoción popular y ahora se aferra al poder a punta de
violencia, de amenazas y apoyos foráneos venidos del
castrocomunismo, la narcoguerrilla y el terror. Febrero trae una
dinámica vertiginosa. Un militar activo de la fuerza aérea le grita desde un
acto en defensa de la libertad de expresión que él no le tiene miedo. Con
autoridad y emoción dice: ''El no es dueño de Venezuela''. El pueblo impide la
detención del coronel Soto Fuentes, valientes respaldan sus palabras. Los
tiempos cambiaron, Chávez. Qué escuálido te ves ahora; tú y los vándalos
vociferantes de esa fracasada revolución. Siento que unas fuerzas armadas
institucionales están al lado de la sociedad civil.
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ebruzual@cantv.net
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© El Nuevo Herald