Te felicito por tan
sentido y conmovedor artículo, Cuando vinieron... Tal parecería que
nadie escucha la tragedia venezolana. A nosotros los cubanos nos ha parecido
igual por 43 años. El ya fallecido cineasta Néstor Almendros, galardonado
con el Oscar y muchos otros premios internacionales, tituló su segundo
documental sobre Cuba, Nadie Escuchaba. En él se denunciaban
atropellos, asesinatos y violaciones que ya Amnistía Internacional recogía
en sus denuncias. Han pasado 20 años desde ese documental; Amnistía,
Naciones Unidas y Human Rights Watch denuncian a diario los desmanes del
tirano. Y ahí está, decrépito y desacreditado, pero aún recorriendo Asia
y captando de nuevo para sí la presidencia de los No-Alineados a partir del
2006. No hay justicia ni lógica en este mundo, mi querida colega.
Ruego porque los
venezolanos no estén tan solos como lo hemos estado nosotros, en su lucha
contra la dictadura y el personajillo peligroso que la dirige. Ruego porque
esa pesadilla termine pronto, porque estos tiranuelos no escatiman nada para
mantenerse en el poder, aunque ello implique la destrucción del país.
Venezuela tiene todas las de ganar, por su geografía, sus recursos y su
gente. Lo único que hacía falta -como en Cuba en 1959- era un poco más de
honestidad gubernamental que combatiera la corrupción y le diera oxígeno a
las fuerzas democratizantes y progresistas, que eran muchas, como me imagino
también lo son en Venezuela.
Y entonces surgen los
ungidos, los supremos de que nos habla Roa Bastos. Y los pueblos se
confunden a veces, o pecan de optimistas, y cuando se dan cuenta de la
tramoya, es tarde. Ojalá vuestra pesadilla sea menor y más corta.
Aunque modesto,
que te sea un consuelo saber que los cubanos exiliados en todo el mundo les
apoyamos y hacemos causa común con tu pueblo. Admirándote siempre, y
rogando por tu seguridad, recibe un abrazo feminista y solidario desde este
Miami hoy nublado y gris.