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HAY DOLOR EN EL OLVIDO
Caracas, 18 de septiembre 2002
Por Blanca García Bocaranda
El 21 de septiembre es el día Mundial del Alzheimer, oportunidad para reflexionar sobre el futuro de quienes viven con muy poca memoria y de nosotros, que al tener la oportunidad de vivir más años, corremos el riesgo de aumentar las impactantes estadísticas.
 
Cifras espeluznantes anuncian duras perspectivas relacionadas con las consecuencias del envejecimiento, como son algunas formas de Alzheimer, pues se estima que para el año 2025 vivan entre 34 y 36 millones de personas con demencia, cifra extremadamente alta y por ello, el deseo de encontrar tratamientos eficaces a corto plazo porque es una enfermedad que afecta a la dinámica familiar y consume mucho recurso de atención especializada al requerir la consulta de diversos profesionales, amén de los insumos inherentes a cada individuo afectado.
 
La información mundial emanada en fecha reciente, en la VIII Conferencia Mundial de Alzheimer  y Desordenes relacionados, celebrada en Estocolmo, evento que se realiza cada 2 años y donde se dan cita los grandes investigadores mundiales relacionados desde investigación básica hasta el tratamiento de todas las demencias, demuestra que sucedieron hechos relevantes, como es el detalle de las cifras siempre preocupantes porque van en progresión geométrica.
 
La demencia es un síndrome que tiene muchas causas. Su definición tiene que ver con la capacidad para desenvolverse el ser humano a diario, de resolver situaciones, para darle una especificación coloquial. No es locura, sino que se ha hecho mucha similitud literaria, se ha asimilado mucho que la demencia es locura. Puede ser, pero no es eso formalmente, y además tiene muchas causas psiquiátricas puras, pero básicamente, algunas de esas demencias se deben a la enfermedad de Alzheimer. Otros tipos de demencia pueden ser similares en su presentación al Alzheimer, o parecidas en sus síntomas, más tienen otras causas. “De alguna manera hay algunas formas con marcadores genéticos. La herencia juega papel notorio en algunas formas de Alzheimer, sobre todo en aquellas formas tempranas, o de aparición precoz, como son las diagnosticadas por debajo de los 65 años”, explica Aquiles Salas, médico internista del Centro Médico Docente La Trinidad y presidente del Comité Organizador de la Conferencia Internacional de Alzheimer (equivalente al Congreso Mundial) a celebrarse en Venezuela, en octubre del 2003.
                                   
  REALIDAD LATINOAMERICANA
 
En Venezuela, de acuerdo al Censo del 2001 y aunque no tenemos aún las cifras exactas, la población total está cerca de los 24 millones de habitantes, de los cuales entre el 6 y 7 por ciento, en la actualidad, tiene 60 años, o más, es decir,  más de 1 millón 400 mil personas, número importante en una sociedad. Si tomamos esa cifra, del 5 al 6 por ciento de esa población debe tener demencia porque el estimado de individuos con esta patología es de 70 a 90 mil personas. “Si redondeamos la cifra, alrededor de 100 mil personas, potencialmente, en Venezuela sufren de demencia, de acuerdo a las estadísticas mundiales, pues hay investigación en la cual trabajo, al nivel de país en desarrollo, que nos dirá la prevalencia en la categoría de países en desarrollo, incluyendo a Venezuela, pero estimamos que está alrededor del 5 a 6 por ciento en la población mayor de 65 años”, destaca Salas.
 
Tenemos alrededor de 90 mil personas con demencia y ancianos, que significa bajos recursos, bajo nivel tecnológico, porque no contamos con buenas pensiones, realidades duras que vemos en los ancianos y son preocupantes, por lo tanto hay acciones que debemos estimular porque los servicios para atención de ancianos sanos y enfermos tienen que existir. No puede ser que la familia se encargue de los casos sin ningún subsidio. El año pasado realizamos un estudio que reportó las características de las personas que conviven en el hogar con ancianos afectados por la demencia y es tremendo el estrés que esto causa, los grados de ansiedad, de depresión, de insomnio, de problemas físicos del cuidador. La ausencia de recurso médico y el bajo nivel económico, o tener que comprometer el presupuesto familiar en la atención del anciano con demencia, son aspectos relevantes. Esas características fueron determinadas en ese estudio realizado en Venezuela y en otros 11 países de Latinoamérica, concluyendo que es una enfermedad que afecta al grupo familiar.
 
Es vital divulgar este conocimiento porque la sensibilidad del desarrollo de instituciones a todos los niveles para la atención del anciano con demencia porque, cómo puede hacer una persona de medianos recursos para atender a su familiar?, cómo hace para salir a pagar la luz, si ni siquiera puede dejarlo sólo? O, el familiar que pudiera ayudarlo tiene que salir a trabajar para mantener la casa. Esas son nuestras realidades. “Los países desarrollados y en desarrollo han creado programas de atención al anciano. Es importante destacar que países de Latinoamérica como, México, Cuba, Chile, Costa Rica y Argentina los han venido implementando. Esos programas reconocen la existencia de ancianos con esa necesidad, por lo tanto cuentan con sitios de diagnóstico y  manejo terapéutico adecuado, amén de contar con personal paramédico para atender en las casas de cuidado. Son países con sistema de seguridad social.
 
Recuerda Salas, que “el año pasado, representantes de los grupos latinoamericanos, que trabajamos en demencia, durante un Foro observamos el comportamiento de la persona cuando le indican un medicamento para el manejo de la demencia y la posibilidad de adquirirlo, o no. En esa ocasión participamos ponentes de Perú, Chile y Venezuela para observar que la situación expuesta es similar en nuestro país y Perú, al depender de la capacidad de pago de la persona y del presupuesto familiar, a la hora de comprar el medicamento porque el Estado no aporta directamente la medicina, en cambio en Chile el acceso a medicamentos de alto costo es del 100 por ciento, pues consideramos una medicina cuyo precio promedio era de $100 mensuales y ese medicamento era totalmente accesible en Santiago de Chile, mientras que en Perú y Venezuela dependía de las regiones y variantes socioeconómicas”.  Es determinante motivar la sensibilidad para atender los problemas del anciano, pues en esa etapa de la vida se es más propenso a enfermedades, no sólo a la demencia, sino a patologías cardiovasculares, osteoarticulares, etc. A excepción de las demencias  reversibles, la mayoría son progresivas y deteriorantes.
                                               
   CHOCHERA NO ES VEJEZ
 
Es usual que la gente confunda chochera, que a veces es olvido, comportamientos extraños, cambios de conducta y carácter, con la vejez. “Eso es así porque papá está viejo”, dicen, lo cual es un error, ni es verdad, porque la persona puede tener algunos cambios en la vejez, pero no en comportamientos extraños, queriendo conducirse como alguien que ya no es. La pérdida de orientación, de la identificación personal, esa respuesta exagerada del humor que puede ir desde el sentido de ser muy bravo, discutir por todo hasta el relajamiento, cambios en la conducta de diferente orden porque esta enfermedad afecta el lóbulo frontal, que es donde reside el control de las emociones y los comportamientos. Muchas personas, bien sea en privado, en el hogar, o fuera de éste, dan muestra del cambio en sus conductas y eso no es chochera, sino que dentro de un marco de la enfermedad.
 
Desde 1992, cuando Salas comenzó a trabajar en esta área, la lucha ha sido porque esos cambios tempranos puedan identificarse y la población afectada busque ayuda profesional porque es la etapa donde más se puede ayudar al enfermo. Cuando los problemas de conducta, e insomnio están más exacerbados y  muy avanzados, la persona se convierte en alguien inmanejable, además de disminuir las posibilidades de hacer algo efectivo. “Procuramos que cuando las personas notan cambios en la memoria, en la conducta, o en comportamientos de la persona mayor, consulten  para lograr el diagnóstico de estar en presencia, o no, de un cuadro de demencia porque pudieran existir otros cambios debidos a diferentes patologías, que pueden incidir. Ya hay protocolos de evaluación y se los sugerimos a la población. Los hijos deben estar pendientes de esas modificaciones, pues la persona afectada, espontáneamente, no buscará ayuda porque está fuera de la realidad y toman riesgos que no deben asumir. No es extraño que alguien relate, “fíjate, papá se va porque decidió salir para Ocumare de la Costa sólo, manejando, cosa que no hacía antes, pero ahora lo hace a cada rato”. Estas personas toman riesgos porque no tienen noción de la realidad y en una de esas salidas no regresan más.
 
Obviamente, si hay dolor en el olvido, para quien lo sufre y para quienes lo cuidan. La familia tiene que variar la rutina de la casa y darle chance de cuidarse al cuidador. Los cambios que notemos en nuestros padres, abuelos, o hermanos en esas edades, no verlos como algo propio de la vejez, donde si hay cambios de olvido, pero no tan severos y consultar a tiempo.
 
CUESTION DE EDAD
 
La gran interrogante es si podremos envejecer sin perder la memoria, pues si se quiere encontrar un factor de riesgo importante, según los especialistas, el primer y único factor es la edad, porque a mayor edad, más posibilidad hay de padecer una enfermedad de Alzheimer. El cuestionamiento es importante porque surge el concepto sobre los cambios de memoria inherentes a la edad, que pueden ocurrir mientras envejecemos y se nos olvidan las cosas, pero no nos comprometen la vida diaria.
 
En estos últimos tiempos se habla del trastorno cognitivo mínimo (MCI), definido como un estado intermedio ubicado más allá de los olvidos por la edad del anciano, aunque no llega a concebirse como una demencia. Es similar a un estadio donde no podemos calificar al paciente como completamente normal porque hay fallas de memoria, sin cambios de lenguaje, pérdida de orientación, ni cambios de lenguaje, o de pérdida de la orientación, o en la socialización, pero también tiene otros criterios para definirla como demencia y se ha conceptuado como un trastorno cognitivo mínimo. Ya se acepta como un problema, sin tener los criterios de una demencia (Alzheimer, u otro tipo), aún cuando tampoco es, completamente, normal.
 
Considera Salas, que “tenemos 3 grupos diferentes de ancianos, unos que tienen olvidos propios de la edad, ancianos con trastorno cognitivo mínimo y los ancianos que pueden tener demencia. Su síntoma común puede ser la pérdida de memoria y lo trascendental de reconocer el trastorno cognitivo mínimo es, que actualmente se recomienda tratarlo con el mismo protocolo de tratamiento destinado a los enfermos de Alzheimer, pues de alguna manera hay estabilización más rápida y, sobre todo porque las estadísticas aseguran, que de ese grupo de gente con trastorno cognitivo mínimo, el 70 por ciento evoluciona hacia una demencia tipo Alzheimer. Es importante darle el beneficio de la duda al paciente”. No todas las demencias son Alzheimer, enfermedad que abarca entre el 50 y 70 por ciento de las demencias del anciano, dependiendo de las estadísticas que se estudien. Entre el 30 y 50 por ciento de las demencias tienen otras causas, la lista es muy larga y va desde las demencias reversibles, que son otro aspecto importante de recordar, pues algunas lo son. Hay una etiología de demencia asociada a la enfermedad metabólica, al hipotiroidismo del anciano, es decir, el descenso de nivel en la hormona tiroidea y al sustituírsela podría mejorar. Otra demencia está asociada a la hidrocefalia normotensiva, diagnosticada con una tomografía, o una resonancia, la cual tiene tratamiento quirúrgico y el paciente supera su déficit hasta desenvolverse bien. Esa es alguna de las pocas demencias reversibles.
 
La demencia también se asocia al déficit importante de vitamina B12 y ácido fólico. Si hablamos de vitamina E, no nos referimos al tratamiento – dice Salas – sin embargo hay publicaciones serias donde se promueven los beneficios aportados por la vitamina E como una intervención útil en la disminución de la probabilidad de Alzheimer. En junio pasado, en el Journal of American Medical Association (JAMA) Marta Clare Morris, quien es una de las invitadas al evento en el 2003,  publica un trabajo basado en el seguimiento de personas que han recibido antioxidantes durante 7 años y entre ellos, la vitamina E. Ella concluye informando, que esta corte de personas se desempeña mejor y presenta menos demencias al tomar este tipo de antioxidante. Hay evidencias de que al menos este antioxidante desempeña un buen papel, aunque no es prudente hablar con exactitud, pero ya son evidencias importantes de seguimiento de población. Al realizar estos estudios la dificultad es seleccionar el tipo de seguimiento, pero es importante porque sin duda, los factores nutricionales tienen relevancia. En la actualidad se habla de estudios preventivos, además de las investigaciones sobre la vitamina E, hay otros sobre la vitamina C y se está publicando mucho sobre el rol del colesterol con sus derivados en el deterioro de las arterias (niveles de colesterol), en la aparición de la ateroesclerosis con la consiguiente demencia. Hay suficientes publicaciones sobre las intervenciones que conllevan a descender los niveles de colesterol, como un factor importante, que si se quiere pudiera ser parte de la prevención.
 
GUARDERIAS PARA ANCIANOS
Tristemente, en Venezuela no hay instituciones especializadas que ofrezcan ayuda al enfermo de Alzheimer y a su familia. La oferta es pobre, a excepción de la Fundación Alzheimer de Venezuela, que aporta un Taller de Terapia Ocupacional, con cupo limitado. La idea es incentivar a la creación de sitios para cuidado diario, algo similar a las guarderías infantiles, a fin de que las personas pasen el día disfrutando de actividades dirigidas y el familiar tenga un respiro. “Aspiramos sensibilizar a la comunidad, instituciones públicas y privadas, capaces de tomar decisiones en atención a la persona mayor con demencia, sobre todo al estar en contacto con expertos mundiales que vendrán a la Conferencia Internacional de Alzheimer, el año próximo, a objeto de aclarar dudas u divulgar logros sobre el problema tan severo de la demencia”, concluye Salas.  
 
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