En
los últimos 13 años, la República Checa y toda Europa central han estado
experimentando una enorme transformación. El colapso del imperio comunista en
1989 nos dio la posibilidad de regresar a la familia de las naciones democráticas
y definir libremente nuestros intereses nacionales y nuestros objetivos de política
exterior. La transición del totalitarismo a la democracia ha influido
radicalmente en nuestra vida económica, política y social. Hemos podido volver
de la rigidez de un orden insensato (aunque viable), represivo, estancado y
moralmente corrupto al campo abierto de la historia humana.
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- El cambio que ha ocurrido es
realmente notable: nuestras ciudades, pueblos y aldeas han adquirido nuevos
rostros, nuestra gente puede hablar, viajar y asociarse libremente. Ahora
nuestro pueblo experimenta diariamente las funciones de una economía de
libre mercado y de un orden político liberal. Tras la revolución de
terciopelo, los checos y los eslovacos optaron por un divorcio de
terciopelo, aunque los dos estados cooperan muy estrechamente y siguen políticas
exteriores prácticamente idénticas. Su objetivo común es claro y simple:
ser una parte firme y estable de una Europa democrática y económicamente
próspera, estar conscientes de la crucial importancia de nuestras
relaciones transatlánticas y cooperar estrechamente con los Estados Unidos.
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- Lo que no sabíamos al
principio de este proceso y lo que hemos ido descubriendo progresivamente es
algo que hoy se considera obvio: nuestro regreso del cautiverio babilónico
del comunismo es sólo parte de una historia más amplia. El mundo al
principio del siglo XXI está experimentado una transición más vasta de la
que nadie hubiera podido imaginar. Permanece, sin embargo, una cuestión a
la que se le debe dar la mayor de las prioridades: la cuestión de los
derechos humanos.
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- Ahora estoy tan convencido
como en los tiempos de Carta 77 de que los derechos humanos no sólo nos
pertenecen y pueden mejorar la calidad de nuestras vidas, sino que también
son la fuente de un ordenamiento moral de la sociedad humana, el punto de
referencia de nuestra conciencia, generosidad, amplitud de criterios y
responsabilidad. No fue casual que fuera la idea de los derechos humanos la
que uniera en nuestro país, así como en otros regímenes totalitarios, a
todos los que se oponían abiertamente al monopolio comunista del poder.
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- Por consiguiente, la caída
del régimen totalitario fue, sobre todo, una victoria del anhelo general
por disfrutar de esos derechos. Sin embargo, podría ser peligroso llegar a
la conclusión de que todo se ha ganado y de que no tenemos que preocuparnos
por los derechos humanos puesto que ya los tenemos. Aunque es cierto que
nunca antes en la historia de la humanidad tanta gente en tantos países ha
tenido la oportunidad de disfrutar los derechos humanos como en la
actualidad, en muchos lugares del mundo esos derechos todavía son
pisoteados. El hecho de que, en comparación con el pasado, haya menos de
esos lugares y menos violencia en los casos de violaciones de derechos
humanos, no hace esos casos menos inaceptables. Ninguna violación de los
derechos humanos es aceptable puesto que cada una de ellas es motivada por
la intolerancia y la falta de respeto al prójimo. El respeto por los
derechos humanos no es una acción puntual en el tiempo, sino un espíritu
general permanente que requiere ser mantenido y cultivado constantemente, y
no sólo en nuestro país, sino en todas la naciones de la comunidad
mundial.
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- Me atrevo a decir que la
principal lección que hemos aprendido de nuestra vida en el comunismo es
que la política sólo tiene un significado real si es un producto del
imperativo de vivir como todos deberíamos vivir y de esa forma tener una
responsabilidad por el futuro del mundo (aunque esto pueda sonar un poco
pretencioso).
-
- Los
que no han vivido en un régimen totalitario probablemente no puedan haber
aprendido eso de una manera tan imperiosa y urgente como los que han pasado
por esa experiencia. Es por eso que, en mis doce años como presidente de la
República Checa o Checoslovaca, he tratado de enfatizar la importancia de
los derechos humanos y me he referido a ellos, una y otra vez, en mis
discursos, en las reuniones con altos representantes de diversos países y
especialmente en las reuniones con las diversas organizaciones cívicas y no
gubernamentales que aspiran a mejorar la situación de los derechos humanos
en países como Cuba.
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- Miami, que se ha convertido en
la segunda patria de muchos refugiados políticos y a cuyas puertas
sobrevive una dictadura, no será una excepción. La democracia y la
libertad son valores que tenemos que proteger. Sólo la disposición a
sacrificar algo en el proceso de defenderlos les confiere autenticidad,
contenido y significado. ¿Qué razón de ser tendrían la libertad y la
democracia y por qué iban a ser mejores que la violencia y la dictadura si
nadie pensara que merecía la pena defenderlos?
-
- Presidente de la República
Checa.