Gordos
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El Mundo es de todos
Y todos, Gordos y Flacos tenemos un lugar, tenemos sueños, derecho a realizarlos, y alguien, en algún lugar suspira, espera y desea ser aceptado, amado, comprendido. Como el hábito que no hace al monje, el peso y la apariencia no hace la condición humana.
 
Por qué aceptar la tiranía de patrones y modas impuestas. Por qué sufrir si, bien por contextura, bien por problemas hormonales, o tan simple como por "El irrefrenable placer" de comer, usted no es una de esas figuras aladas, gráciles, casi etéreas. Esas figuras de pasarela, de revista de moda, de sueño abrigado.
 
No vamos a negar los peligros reales que a la salud ocasiona el sobrepeso, pero tampoco, por ello vamos a fomentar en aquellos que lo poseen, complejos, minusvalía y mucho menos negaremos el derecho de esas personas (Hombres o mujeres) a sentirse aceptables, coquetas, seductores, amables.
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En un mundo dominado por la imagen, por el culto al cuerpo en patrones de rigidez casi draconiana, un mundo de glamour y fashion, de caras hermosas y cuerpos perfectos, en este umbral del año 2000, queremos decirles a ustedes: Gordas y Gordos, que la vida es hermosa, que con igual derecho debe disfrutar de ella el figurín de Magazine que aquellos que son estigmatizados porque sus medidas no sean 90-60-90 o su equivalente para los patrones de belleza masculinos.
 

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En la era de la libertad y la virtualidad. La era de cambios dinámicos y derribe de fronteras, es hora de asumir con seguridad ese sobrepeso, esa obesidad, esas redondeces y esas abundancias. Cuántos desvelos, sufrimientos, frustraciones no han tenido que padecer para tratar de rebajar: Dietas torturantes, ingesta de medicamentos de alto riesgo. Ilusiones vanas cifradas en "Pócimas Milagrosas", Centros hospitalarios, vía crucis interminable y expectante por Spa e instituciones para adelgazar. Maquinas de tortura, pesas y medidas como obsesivos compañeros de la necesidad y el placer de comer. Fortunas dejadas en cada kilo perdido a precio de oro, para luego recuperarlo con intereses.
Una mujer gorda, que tomó la valiente decisión de asumir su sobrepeso y portarlo con dignidad nos dice:

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" Son muchas las mujeres que sufren lo indecible para perder unas libras de peso, y que gastan todas sus energías en mantener su silueta"
 
Después de esta reflexión, esta mujer segura de si misma nos declara:
"Muchos fueron los años de aislamiento y complejos. De niña, en el colegio, mis compañeros me marginaban de todo, se reían, me señalaban, me utilizaban en sus despiadadas bromas.
En mi adolescencia, salir de Shoping jamás me resultó placentero, la moda y las prendas bonitas existían sólo para flacas, las gordas como yo, debíamos vestir espantosas casacas informes y de colores mortuorios. Así pasé dos de las etapas más bellas de la vida: Niñez y adolescencia, carcomida por complejos, frustraciones y miedos.
Un día me dije a mi misma: Pero, y ¿quién es quién para impedirme vivir, sonreír, desear, conquistar?
Me dije a mi misma: Allí está el mundo maravilloso donde hay un lugar para mi y mis kilos, para mis sueños bonitos, para mis imaginaciones. Ese día me acepté, y al aceptarme yo misma, el mundo me aceptó..."
Este relato maravilloso, nos da validez a lo expresado. Es la confirmación del derecho de todos a ser, y hacer que se les acepte por ello.
 
Otro testimonial de alguien que nos sugirió tocar este tema, señala la importante lucha que hay que sostener para, con sobrepeso, recuperar dignidad y ganas de vivir: "Miles de veces me discriminaron por mi gordura, y otras, quizá no fui discriminada, pero mis complejos eran tantos, que lo sentí así. Cuando terminé mi carrera y traté de insertarme al mundo laboral, aunque nunca me lo dijeron claramente, muchos fueron los trabajos que se me negaron por el simple hecho de ser una obesa, una obesa con credenciales académicas impecables, que tenía que aceptar ser relegada por gente con menos peso pero también menos preparación profesional.
Hasta que un día, me desnudé frente a un espejo, me mostré a mi misma, me descubrí, y me acepté. Ese día recuperé mi autoestima, me convertí en alguien extrovertido, sociable, contenta. Ese día encontré la confianza en mi misma y como por arte de magia, contagie al mundo que me rodea de esos descubrimientos."
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Definitivamente escuchar a estas mujeres contar sus historias ha hecho posible que abordásemos este tema. Insistimos, por responsabilidad, en sugerir a aquellas personas que tienen exceso de peso, controlar su salud, y visitar a profesionales médicos serios que puedan garantizarles calidad de vida y baja de riesgos de enfermedades, pero no por ello, dejamos de alentar la autoestima, el derecho al respeto y la aceptación social, la maravillosa búsqueda del amor, y el placer de ser felices siendo como somos: La aprobación de aquellos que están en nuestro entorno, jamás será posible, si antes no comenzamos por aprobarnos nosotros mismos. Bajo esta premisa se descubre un prodigioso universo de relaciones y vivencias más auténticas y más satisfactorias.
 

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Esos seres joviales, gratos, bondadosos, esas musas y modelos del genial Botero...
No tienen porqué no mirar al futuro, disfrutar de la moda, del color. Hacer suyos los sueños y también las realidades. Como dice una "Gorda deliciosa", amiga de esta publicación: El "Punto Flaco" de nosotros los gordos, es que no podemos escondernos. Somos visibles, ostentosos...
Y nosotras "Mujeres del Tercer Milenio" pensamos: Y por qué el "Punto Flaco"?
Lo mejor sería no volver a pensar nunca más en esconderse, a no ser que en esa actitud segura y triunfadora, una "aventura" sea la causa de ese deseo de anonimato...
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