generalesvergonzantes
DESDE MI TRINCHERA
 
Comisario General Atahualpa Montes
 
Especial para 
Generales de pacotilla
trás el peligroso contingente de las Mujeres Venezolanas
 
Que mundo tan bizarro el nuestro, el venezolano, otrora auténtico y valeroso, gentil y orgulloso, con hombres que eran hombres desde la punta del pie hasta la copa del sombrero y que jamás, óigase bien, jamás, se
atrevían, so pena de enfrentarse a un desafió a muerte, a levantar la mano a una mujer; y si se trataba de un militar, de un hombre de uniforme, entonces, eso que en un civil era afrentoso y digno del repudio social, se
convertía en anatema y escarnio de por vida, acabando allí mismo con la carrera del degenerado que osare golpear a una dama.
 
 
el jefe del Core 2, general 
Luis Felipe Acosta Carles
Hoy, hombres que ostentan soles en las charreteras, ensucian su uniforme golpeando e insultando a honorables matronas indefensas, hasta enviarlas lesionadas a centros de asistencia, y encima, tienen el tupe de despotricar en lenguaje de tropa, de esas señoras, que ejercían su derecho a no estar de acuerdo con el jefe de Carles y sus adláteres, y de manifestarlo en cualquier sitio de la Republica, bolivariana o no, porque así lo estipulan las Constituciones, (la asesinada y la bicha) sin hacer ningún distingo entre machos y hembras.
  Es bizarro, no hay duda, cuando esos generales que ganaron sus soles quien sabe detrás de que favor presidencial, arremeten contra esos seres que a nosotros, los hombres que aún quedamos en Venezuela, -aunque algunos estemos  obligados temporalmente a no estar por allá,- sólo nos merecen respeto,
admiración y amor, por todo lo que hacen por nosotros, primero como madres, manteniéndonos en su vientre durante nueve meses, hasta llevarnos a ser ciudadanos de verdad, orientados por ellas hacia la libertad, alejándonos del servilismo rastrero que ensucia el gentilicio y enseñándonos a vivir de pie, no importa bajo que condiciones, sin ensuciarnos las rodillas en genuflexiones vergonzantes; más tarde como esposas, sirviéndonos de apoyo en los momentos malos, cuidando a nuestros hijos y dándonos su amor sin
condiciones, y siempre, por estar cada vez que resuena un clarín o surge una injusticia, para poniendo a un lado su condición delicada y hermosa, empuñar un fusil o alzar su voz altiva y valerosa, exponiéndolo todo, hasta la vida misma.
 
Es bizarro, porque los valores de hombría están trastocados, cuando se entiende por ella el usar y abusar de la fuerza que otorga un mando de tropas, que bien pudieran estar en nuestras fronteras, evitando la
penetración alegre y tolerada, de los irregulares colombianos; y es bizarro, porque mientras se agrede a las damas que protestan, se agasaja a los círculos asesinos en un club, a escasos metros de donde se producía el atentado contra nuestras mujeres, ello, para satisfacer las ordenes giradas por su jefe de dos estrellas doradas, ante las cuales se opacan esos soles indignos.
La mujer de mi tierra jamás ha sido maltratada hasta extremos tan viles como  los que hoy comento, excepto cuando la barbarie se ha entronizado esporádicamente en nuestra historia; hoy, pareciera que desde los más altos sitiales del gobierno, esa misma barbarie ha retornado, para dejar manchadas las páginas que le van a contar a las generaciones futuras, cuales fueron las batallas en las que se ganaron sus ascensos, esos generalotes que maltratan mujeres.
 
Mujeres son las madres, las esposas, las novias,  las hermanas, las hijas, las amantes, las que aportan a diario su esfuerzo para el engrandecimiento de esta patria nuestra tan maltratada por sus malos hijos, las que salen y marchan bajo el sol inclemente o bajo la lluvia que las empapa, para decir presente en esta mala hora, las que con el muchacho a cuestas, se empinan sobre la adversidad y dejan estampada su huella fecunda en todos los caminos y veredas de nuestra geografía, y fueron o son mujeres, las madres, las
hijas y las hermanas de esos altos oficiales de nuestra Fuerza Armada, que junto a aquellas que resultaron agraviadas, forman el contingente más preciado que podamos tener; a ellas, hay que hacerles honor porque se lo merecen, y pedirles perdón cuando se les agrede y se les irrespeta.
Comandante General de la Guardia Nacional
 
Gereral de División
Eugenio Antonio 
Gutiérrez Ramos
Inspector General de la 
Guardia Naciona
 
General de División (GN).
Ramón Antonio 
Obispo Torrealba
Jefe del Estado Mayor de la Guardia Nacional
 
General de División (GN).
Ronald Jesús 
Santamaría Arocha
Desde mi condición de varón que siente vergüenza ajena, yo les pido perdón públicamente, ya que quienes debieran escribir estas líneas, andan muy ocupados colgados de un mecate en busca de otros soles, o de alguna prebenda extraordinaria, por su valor suicida frente a tan peligrosas terroristas.
 
¡Pasaran al recuerdo de la ignominia!
¿Qué estará pensando el General en Jefe
Eleazar López Contreras
* Atahualpa Montes, es Comisario General
Experto en Seguridad de Estado
 
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