Siempre
que se intenta evaluar la influencia que ha tenido la Mujer en la sociedad,
a través de la historia, se analizan los aspectos políticos, económicos y
sociales de las distintas culturas que surgieron en la civilización
occidental y el desempeño que en éstas esferas tuvo el género femenino.
Dejando
de lado su rol biológico, la esencia propia de su naturaleza, como fuente
de vida y elemento fundamental en la reproducción de la especie.
Cuando
surgen en la Naturaleza la gametogénesis (1) y la diferenciación sexual (dando como resultado la existencia de dos
sexos), aparentemente se establecen también las responsabilidades en la
procreación: un sexo se encargará de fecundar (el masculino) y el otro de
gestar (el femenino).
Es
en las especies de animales superiores, las que requieren de cuidado
parental (2),
que las hembras (en la mayoría de los casos) poseen una responsabilidad
adicional, la de alimentar, proteger y preparar a la cría para la
supervivencia. Además, debido a que en la Naturaleza no ocurren
violaciones, es la hembra (caso de muchas especies de aves) la que ejerce
una presión selectiva a la hora de escoger con quién reproducirse. Por éstas
razones, es innegable la trascendencia evolutiva que han tenido y tienen las
hembras de las especies animales en la naturaleza.
En
el caso de la especie humana, sería lógico pensar, que el hombre al igual
que la mujer, es pieza imprescindible en este proceso reproductivo, y desde
el punto de vista biológico lo es. Pero lamentablemente en algunos casos,
sobre todo en estas latitudes tropicales donde el “machismo” es una
realidad; en lo que se refiere a la paternidad, tanto en sus dimensiones
emocionales como económicas, los hombres han renegado del rol que les ha
adjudicado la Naturaleza. No es una sorpresa entonces, que la mayoría de
las familias venezolanas estén conformadas por madre, abuela e hijos.
Es
por eso que la Mujer posee una mayor influencia en nuestra sociedad, pues no
sólo concibe y forma la generación de relevo, sino que a través de su
propia participación debería también ser fuente de los cambios
culturales, ideológicos, políticos y sociales que generen la dinámica del
desarrollo. Sin embargo, ella misma aún no ha asimilado la magnitud del
compromiso que tiene para con su vida y su comunidad, ya que en muchos
estratos sociales, constituye el factor que da continuidad al machismo.
Justamente
ahora, que contamos con un Presidente que en repetidas oportunidades ha
demostrado ver a la Mujer como un objeto y que nuestra Primera Dama no hace
esfuerzos por reivindicar la dignidad del género, resulta comprensible, que
el Gobierno no haya reparado aún en este instrumento de cambio. Si en algún
caso habría que ver a la Mujer como objeto, es como objeto de inversión.
Porque el resultado es desarrollo y una mejor calidad de individuos que
integran la sociedad, se debe invertir en los programas sociales dirigidos a
ella, para mejorar su educación, su planificación familiar, para facilitar
su desarrollo profesional y mejorar sus condiciones de vida.
Es
con la preparación moral, intelectual y profesional de nuestras mujeres,
unida a la formación de una autoestima que sirva de base a su crecimiento
emocional, que produciremos ciudadanas íntegras, seguras de sí mismas,
responsables con su sexualidad, cada vez más participativas, que asuman el
reto de alumbrar la generación del tercer milenio.
1.- Gametogénesis: producción de gametos (femeninos o masculinos), división
meiotica que da origen a células que contienen la mitad del número de
cromosomas.
2.-
Cuidados procurados a la cría luego del nacimiento hasta que alcance las
herramientas mínimas para la supervivencia.