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La tragedia interminable
 
 
 
"¿Por qué Fidel Castro 
le teme a las personas libres?"
Por Peter Götell

A las siete de la mañana golpean a la puerta. Seguramente es Gisela, la propietaria de la casa, que quiere algo, pensamos. Pero cuando abro nos encontramos con un agente de la Seguridad junto a un par de policías uniformados del Ministerio del Interior.
 
Nos exhortan a empacar rápidamente y seguirlos. Es solamente un control de rutina, dice el hombre de la Seguridad. ¿Por qué?, preguntamos. Tan sólo un severo: "Es necesario", recibimos por respuesta.

No podemos saber nada Somos conducidos a una prisión preventiva. Luego siguen horas de larga espera e incertidumbre. No podemos saber nada. A pesar de la promesa de poder llamar por teléfono, se nos niega esto. Intento hablar con una turista alemana para que contacte la Embajada Sueca. Pero nuestra conversación se corta bruscamente. La sensación de que estamos solos y abandonados empieza a sentirse. Posiblemente nadie sabe que hemos sido arrestados. ¿Estaremos aquí más días sin que nadie sepa dónde nos
encontramos?
 
Gracias a Dios nuestros amigos periodistas cubanos han alarmado, contactado la Embajada y también los medios de prensa extranjeros. Pero es algo que no conocíamos entonces, sino que es primeramente cuando el personal de la Embajada aparece avanzada la tarde cuando comprendemos que nuestra situación es conocida. Más tarde entendemos también que muchos han comenzado a interesarse por nosotros y por liberarnos. Solamente saber esto, nos hace sentir bien. Somos sometidos a interrogatorios largos y agobiantes por parte de la policía de la Seguridad, la cual quiere saber, como ellos dicen, "nuestro motivo real" con la visita a Cuba. Revisan nuestro equipaje. Cuatro oficiales de la Seguridad toman parte. Preguntan una y otra vez. Es muy duro.
 
Los interrogatorios duran horas para cada uno de los tres. Nos mantienen separado. Luego llega la noticia de que nos quedaremos a pasar la noche, y una nueva vuelta de interrogatorios hecha a andar. Tenemos que vaciar nuevamente todo nuestro equipaje y cada cosa es sacada y anotada. Todo -ropa interior, medias, libros, calendario, monedero- todo es inspeccionado. Hojean fotos privadas. Uno se siente totalmente abandonado y en una desventaja que se siente muy humillante. También tengo que quitarme los pantalones y calzoncillos frente a los policías.

Cucarachas y hedor Son las tres de la madrugada cuando soy conducido a una celda, oscura, calurosa y hedionda. El amigo Birger ya está allí, pero se percibe de todas maneras horrible. La primera visita al baño no mejora nada: cucarachas y un retrete rebozado que no se puede descargar. Apesta.
 
Cada hora se siente infinitamente larga. Lo más horroroso es la incertidumbre. No se puede dormir. El más fuerte de nosotros es Birger. Helena la pasa peor que nosotros. Duele tanto oír su desesperación. Solos en la oscuridad, nos gritamos unos a los otros: ¡Resistamos!¡Tenemos que ser fuertes!
Pero es fácil decirlo. El pánico está cerca. Después de 56 horas en la prisión preventiva podemos salir, luego de primero ser obligados a pagar "el arriendo" por la "hospitalidad" que el estado represivo cubano ha invitado. Solamente cuando el avión despega del aeropuerto de la Habana sentimos alivio.
Tomará tiempo liberarse de esas experiencias. Pero nuestra situación es en el fondo menos importante, aunque haya sido bastante conmovedora para nosotros personalmente y probablemente nunca olvidaremos esos días de agosto del año 2000.
 
Esta realidad es vivida diariamente por muchos cubanos. La lista de prisioneros políticos de Amnistía Internacional ocupa aproximadamente 400 nombres. Muchos otros miles están presos por motivos políticos. Miles han perdido su trabajo. Miles de niños han perdido su puesto en la educación porque alguien en la familia es crítico del régimen. Esa es la realidad.

Escucha es rutina diaria. Cuba es una de las dictaduras más fuerte del mundo. La red del aparato de control alcanza donde quiera, desde los locales comités de defensa de la revolución, hasta la policía del Ministerio del Interior, de la Seguridad y los órganos del Partido. Abarca más que en la ex Alemania Oriental. La escucha y vigilancia es rutina diaria. El miedo es su método. ¡Y que tenga suerte el que se oponga!
 
El trato que recibimos en la prisión preventiva es bondadoso en comparación con el que someten a esas personas. Ellos son reprimidos y negados. Son encarcelados o desterrados.
 
Los comunistas cubanos, y también sus partidarios aquí en casa, acostumbran a hablar sobre cuán "democrático" y bueno es el sistema. Podría ser una ironía y humor si uno no supiera en realidad las terribles consecuencias para los individuos en la dictadura cubana. Entonces uno tiene que aguantar la risa. Porque si fuera así -todos naturalmente sabemos que no es el caso- ¿por qué entonces el régimen teme tanto a los textos de unos periodistas independientes? ¿Por qué teme a la palabra libre? ¿Por qué legisla leyes con sanciones de hasta 30 años de cárcel para aquél que "difame" el sistema cubano? ¿Por qué teme a los sindicatos libres, partidos políticos, asociaciones independientes? ¿Por qué teme al libre ejercicio de la religión? ¿Por qué teme al libre intercambio de noticias? ¿Por qué teme a las elecciones libres? ¿Por qué tal control y vigilancia? ¿Por qué tal represión de los derechos humanos? ¿Por qué le teme a las personas libres?
La Historia me absolverá", ha dicho Fidel Castro en uno de sus más famosos discursos. También aquí está equivocado. La Historia lo acusará fuertemente a él, al sistema y a sus secuaces. La cara verdadera de Cuba es la represión.

Nota del traductor: El artículo anterior fue publicado en el vespertino nacional "Expressen" el domingo tres de septiembre, pág. 25. La descripción de las vicisitudes de los periodistas suecos encarcelados en Cuba venía acompañada de dos imágenes, la una con Peter Götell y la otra con  un maliciosamente sonriente Fidel Castro.


*Traducido del sueco con el consentimiento del autor, para Cuba Nuestra
http://hem.passagen.se/cubanuestra/  por Alexis Gainza Solenzal. Peter Götell es uno de los tres periodistas suecos arrestados el 29 de agosto del 2000 y expulsados de Cuba por haber ofrecido un seminario sobre la prensa en Suecia a periodistas independientes cubanos.

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La Tragedia interminable
 
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