Publicado el sábado,
17 de febrero de 2001 en El Nuevo Herald
Hace un poco
más de dos años, muchos fueron los que, frente a mi oposición al proyecto
político de Hugo Chávez, me tildaron de cazadora de brujas, reaccionaria y
alarmista. Los hechos me están dando la razón.
Aquí estoy, en Miami, buscando ser
escuchada por un mundo al que vengo a decir que asuman a la mal llamada
``revolución bolivariana'', que más debe ser definida como ``involución
castrista/comunista'', en su contexto de proyecto regional, donde el arribo al
poder de un militar ex golpista, comprometido ideológica y vivencialmente con
grupos de extrema izquierda donde destaca la guerrilla zapatista, los
movimientos campesinos ecuatorianos, los Sin Tierra de Brasil, el sandinismo y
el poco conocido Foro de Sao Paulo, creado por Castro, y al cual ingresó Chávez
el 30 de mayo de 1995, unido a la clara empatía existente entre la cúpula
gobernante venezolana y la narcoguerrilla colombiana, crean un panorama
peligrosísimo en este continente.
Venezuela está aterrada ante las
evidencias de que Hugo Chávez Frías es un proyecto de tirano que se montó
en el autobús del castrocomunismo e impondrá sistemas educativos e ideológicos
que le permitan consolidar su mal llamada revolución pacífica.
Miami, lo sabemos, viene a ser en este
siglo XXI lo que en la antigüedad fue Corinto. Es así que no sólo estemos
creando matrices de opinión pública los que responsable y conscientemente
optamos por el bando de la libertad y defensa de la democracia: a este foco de
hispanidad también comienzan a llegar células castro/chavistas, dirigidas a
confundir a núcleos poblacionales, dividir opiniones y disgregar, y sobre
todo tratar de sembrar animadversión contra quienes por el simple hecho de
haber sentido en el alma y la piel la garra implacable de la persecución y el
exilio pueden hoy ser los mejores aliados de una lucha que estamos iniciando
los venezolanos, aturdidos y desconcertados por el mismo hecho de no creer aún
en la realidad pavorosa que significa el fin de la más larga democracia de América
Latina, y la penetración castrocomunista en lo que fue cuna de libertades y
refugio seguro para los perseguidos del mundo.
Los esbirros de Chávez y los funcionarios
de la dictadura cubana están en Miami, y junto a ellos también están
algunos mercenarios a sueldo, empleados de postín que ponen al servicio de
este pupilo del verdugo de Cuba influencias y capacidades de relación y
negociación.
Son éstos los peores y los más
peligrosos, ya que activamente comprometidos en sembrar división, confusión
y odio, elementos que les son indispensables a los planes de los actores de lo
que se perfila como la gran tragedia latinoamericana, perfeccionan sus métodos
y comienzan a crear matrices de opinión donde ese exilio cubano, que puede
ayudarnos y orientarnos en una lucha que no se vislumbra fácil ante un
enemigo que no dará cuartel, sea visto como una ``mafia'' insensible,
corrompida y dañina.
De esas lides nace un extraño engendro
cubanovenezolano o mejor castro/chavista, llamado Alianza Martiana, donde
resaltan conocidos cubanos identificados con el tiranosaurio del Caribe,
funcionarios consulares venezolanos, y seudoempresarios comunicacionales que
se erigen en emblemas de lo que pretenden mostrar como prensa y opinión
venezolana, y sin escrúpulos sesgan y manipulan la información, creando
murallas que impidan organizar una respuesta seria de esa comunidad venezolana
que día a día crece en un extraño y velado exilio no declarado...
Aquí estoy,
deseosa de volver en breve a mi país, a esa Venezuela de la cual día a día
se marchan hombres y mujeres asustados ante el avance de un sistema que ya no
engaña a nadie. Aterrados ante las evidencias de que Hugo Chávez Frías es
un proyecto de tirano que se montó en el autobús del castrocomunismo e
impondrá sistemas educativos e ideológicos que le permitan consolidar su mal
llamada revolución pacífica, que ya disparó la decapitación de cualquier
divergencia; que estructuró la erosión y destrucción de la Iglesia Católica;
que a través del miedo ha puesto a autocensurarse a muchos venezolanos; que
abrió las puertas a asesores castristas, ésos que ya motorizan las versiones
locales de las tristemente famosas ``brigadas de acción rápida'', los
controles populares, la estigmatización, la descalificación, el escarnio.
El Convenio entre Venezuela y Cuba, firmado el pasado
mes de octubre, y que en materia de educación y salud coloca a los
funcionarios del castrismo a dirigir políticas de estado en Venezuela, son
prueba irrefutable de lo que digo: ya no hago hipótesis, ya no especulo,
simplemente digo que viejos fantasmas renacen, viejas pesadillas reviven, y
desde esa Venezuela libertadora y libertaria, puede hoy, en pleno siglo XXI,
salir la llama terrible que incendie un continente y aplaste el futuro de
buena parte de este nuestro pueblo latinoamericano. ¡A Dios pido equivocarme!
ebruzual@cantv.net
Periodista venezolana,
es editora de la revista electrónica "Mujeres del Tercer Milenio" y
articulista del diario "El Universal"
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