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MI PAIS VA EMBALADO hacia un destino terrible, destino de toda tierra donde los violentos y los sociópatas mandan. Recuerdo tan claramente la de veces que traté de razonarle a muchos el porqué de mi posición opositora a Hugo Chávez y su proyecto político. La de veces que traté de que le escucharan, que captaran lo que en ningún momento este desatado ocultó: Su compromiso con ideologías sembradoras de terror, odio y muerte.
Aún tengo tan frescas las imágenes de amigos diciéndome que lo dicho por Chávez en la Universidad de La Habana, en 1995, no tenía importancia... que una vez en el poder nada de eso sería puesto en práctica. La de ilusos que le creían factible de cambios.
Tan fresca también la impronta de brutalidad y muerte que esa madrugada y amanecer del 4 de febrero del 92 los "Héroes" juradores del Samán de Güere marcaron como adelanto de lo que eran y serían sus métodos y modos. Un poco más de 9 meses después, el 27N, el de la franela rosada y el resto de los facinerosos vuelven a mostrarnos sus garras y colmillos teñidos de sangre.
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Recuerdo mi temor al ver emerger como ratas de Hamelín, a cuanto amargado, acomplejado y resentido había en esta comarca. Desde un coronel que engrapó la lengua a un soldado, hasta varias izquierdosas con veleidades de filósofas, y un deseo de cobrarse "desaires" acumulados desde quinceañeras, cuando una arrechera sorda por querer, no tener ni poder, fue ideología y el comunismo resultó más elegante que ser simplemente envidiosas, feas y mediocres. ¡Qué decir de los eternos zánganos buscando puestos y negocios sin importarles para nada este país!
Miedo a quien dice que la violencia es una expresión y no una aberración. Violencia que da dividendos y es provechosa. Temor por un país que creyó inofensivo o cómico escuchar a un vándalo, un fantasma zamorano hablar de freír cabezas...
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