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Para esa Casa mía...

Desde Irán, las bellas Alfombras Persas

 

Vamos primeramente a definir con cierta exactitud lo que es una Alfombra. Esta puede decirse que es un tejido caracterizado por la elaboración en nudos, que se alinean a lo largo del lizo, alternados en uno o más hilos de la trama, para constituir una superficie tupida y compacta con los colores y dibujos que se deseen. 
 

El anudamiento se hace con la ayuda de telares: los más comunes son horizontales, hoy generalmente usados por poblaciones nómadas. Los verticales, en cambio, menos manejables y más usados por poblaciones sedentarias y en los talleres, permitían en general la realización de alfombras de mayores dimensiones. 
 
Los llamados “nudos” de la alfombra son, en realidad, más bien trenzados. Los más usados son el nudo Ghiordes, o turco, y el Senneh, o nudo persa; en alfombras particularmente apretadas los nudos superan los 30.000 por dm2. 

Los hilos que se usan más a menudo son los de lana y seda; el algodón, el cáñamo y el yute aparecen a veces en la trama y en el lizo. Las sustancias colorantes para los hilos del anudamiento fueron, desde la antigüedad, de tipo animal y vegetal (por ejemplo el rojo se obtiene de la cochinilla, el amarillo del azafrán). 

La alfombra oriental está estrechamente ligada a los ideales estéticos dominantes en el mundo islámico: el gusto por el color y las formas ornamentales. Se trata de un arte no realista, en el que predomina la abstracción y la estilización de los temas naturales, junto a la repetición de elementos simples, compuestos sobre la base de modelos temáticos y geométricos derivados de la influencia que la cultura pitagórica tuvo en el mundo árabe.

La zona de difusión de la alfombra oriental está limitada al norte por el mar Caspio, por Siberia y Manchuria, comprende Corea hacia el este y se extiende hacia la India, el golfo Pérsico, el curso del Tigris y del Eúfrates. Abarca luego el Asia Menor, o Anatolia, de donde provienen alfombras de gran valor por concepción y color. Más hacia el interior, los armenios refinaron esta actividad, especialmente en las zonas montañosas del Cáucaso, mientras que el centro “áulico” de la alfombra oriental fue Persia, donde la preciosidad de la elaboración llegó a su apogeo con el renacimiento safavi, nombre de la dinastía que unificó el país a principios del siglo XVI.

Después de 1870 en Persia se adoptó el uso, proveniente de occidente, de los colorantes químicos con base de anilina y de cromo. Pero este procedimiento no fue bien acogido en el mercado porque da colores fríos e inestables.

 
La producción persa está dominada por las líneas curvas, con medallón central, por las representaciones de animales y de grandes árboles, por una extraordinaria profusión de flores y por una policromía muy rica. 
Las alfombras más típicas son las tejidas casi siempre en grandes dimensiones, en las grandes manufacturas de Tabriz, en las regiones de Kirman, Isfahan, Kescan, Heriz, Teheran, Qum y Herat. 
 
Son afines en el planteamiento compositivo, pero con las líneas menos curvas y a menudo geométricamente quebradas (por influencia caucásica) las producciones de Ardabil, Feranan (con el característico motivo en palmetas agrupadas y esparcidas por toda la superficie), el Luristan y finalmente la alfombra, espléndida y llena de fantasía, de Shiraz, influenciada por el gusto de numerosos grupos nómadas que se establecían en torno a la ciudad (en efecto, estas alfombras son casi todas de pequeño formato).
 
Este prodigio de la  artesanía iraní goza de fama mundial. La alfombra iraní es un símbolo del arte e industria de este pueblo y sus orígenes se remontan a los inicios de la cultura persa. 
 
La maestría en la preparación de tejidos se originó por la necesidad de mantener calientes los hogares en la tierras altas y ahorrar combustible. Su evolución enriqueció tanto los colores y diseños que nadie puede competir con ellos. Esta maestría ha permanecido con el paso de los siglos y hoy en día las alfombras persas ornamentan los suelos de palacios, museos de prestigio, colecciones particulares, etc.
 
Pero aquí, brindemos un rápido paseo por la confección y fabricación de Alfombras y Tapices en buena parte del mundo, sobre todo las más hermosas y sorprendentes.
 
El origen más lejano de la alfombra se puede situar geográficamente en la cuenca de Turquestán, en donde han sido hallados fragmentos que se remontan a los siglos. II-VI d.C.; con las grandes migraciones la zona de producción se extendió después al este hacia China, al oeste hacia Persia, el Cáucaso y Asia Menor. 
 
Una tradición, hoy discutida, dice que la alfombra nació para sustituir a las pieles de animales que los nómadas y las poblaciones primitivas dedicadas al pastoreo usaban para protegerse del frío del terreno. Entre las más antiguas alfombras que nos han llegado recordemos, además de los fragmentos descubiertos en Turquestán, la alfombra de lana decorada con antes y caballeros encontrada en 1947 en Altai, Siberia meridional, fechable en el siglo V a. C. (Leningrado, Ermitage). 
 
También los testimonios pictóricos contribuyen notablemente al conocimiento de la historia de la alfombra, como por ejemplo las representadas en celebres cuadros del Trecento y Quattrocento como en el fresco de Giotto, La aparición de san Francisco al Papa Gregorio IX en la basílica superior de Asís, en la que aparece una alfombra caucásica con dibujo geométrico a los pies de la cama. 
 
Del siglo XIV se conservan pocos ejemplares (alfombras del Cáucaso meridional con representación estilizada de la lucha entre el dragón y el fénix, Berlín, Staatl. Mus.), recogidos también en varios testimonios pictóricos (cuadros de Domenico de Bartolo, l440-44, Siena, hospital de Santa Maria della Scala, y Esponsales de la Virgen de Nicolo de Buonacurso, 1348, Londres, Nat. Gal.: ambos muestran alfombras del Cáucaso con animales estilizados). 
 
A partir del siglo VI florecieron los talleres orientales de corte: en ellos se producían alfombras de grandes dimensiones, bastante elaboradas y ricas en ornamentos y figuras que requerían meses y a veces años de paciente trabajo. La máxima producción de tales alfombra se dio entre los siglos. XVI y XVII en Herat, en Persia (alfombras con decoraciones florales, Florencia, Mus. Bardini). 
 
A menudo fueron los miniaturitas persas quienes ideaban el esquema de la alfombra, que reproduce, en efecto, en un gran medallón central, las cubiertas o el contorno de espléndidos códices miniados. Ejemplos excepcionales por la riqueza de los materiales (entre los que sobresalen la seda y los hilos de plata dorada), por el toril y nómada, se caracterizan por una intensa geometrización y esquematización de la decoración, por una excepcional aportación inventiva y por la presencia de figuras humanas y animales sutilmente estilizadas: elemento, éste, que ha de conectarse con el carácter de la región, punto de encuentro de diversas civilizaciones. 
 
Los tipos más interesantes proceden de las áreas de Kazak (octágonos, formas geométricas con flecos, pocos pero definidos colores), de Shirvan (motivos florales y arabescos), de Lesguistan, de Daguestan, del Gandja, de Kuba (motivo floral repetido en filas), de Talich (minúsculos motivos repetidos y agrupados en hileras, con delicados pasajes de color).
 
  Alfombras orientales
Las alfombras orientales en ciertos aspectos no han variado durante siglos. En su mayoría son de forma rectangular, aunque puedan encontrarse ejemplares cuadrados, circulares o hexagonales. Dentro de su formato rectangular el diseño se divide en borde y centro. El borde o marco está compuesto por complejas cenefas de diferente anchura y el centro puede contener un solo elemento central o un dibujo que se repite. 
 
Otro formato típico es la alfombra árabe de oración cuyo motivo central representa el mihrab (nicho en forma de arco situado en el muro de la quibla de las mezquitas hacia donde se dirigen los fieles en la oración).
 
Ya hemos dicho que la alfombra oriental más antigua (siglos V y IV a.C., Museo del Ermitage, San Petersburgo) procede de una tumba escita en las montañas Altái de Siberia.  Esta alfombra de nudo, que se conserva prácticamente íntegra (200 × 189 cm), tiene en el centro una serie de cuadrados con rosetas estrelladas enmarcados por cinco cenefas. Entre las distintas cenefas se encuentran filas de grifos alados, alces y jinetes. Aunque el estilo de esta alfombra está relacionado con el arte de la dinastía Aqueménida (550-330 a.C.), hasta el momento no se han encontrado otras similares.
 
Las primeras alfombras árabes de Oriente Próximo datan de mediados del siglo XIII. Su diseño geométrico de zarcillos, cuadrados y octágonos es el típico de las alfombras de Asia Menor.
Volvamos a las maravillas 
de Irán

Las revueltas políticas de comienzos del siglo XVIII acabaron con la dinastía Safawí y, como consecuencia, con las fábricas de alfombras de la corte. Las alfombras actuales iraníes carecen de la extraordinaria riqueza de las realizadas entre los siglos XV y XVII, época de oro de la alfombra persa.

En la segunda mitad del siglo XV se produjo una ruptura con las tradiciones medievales persas, a medida que fueron evolucionando los dibujos. Con el auge cultural de la dinastía Safawí (1502-1736) se crearon talleres de alfombras en Ardabil, Tabriz, Kasan e Isfahan, como centros de suministro para la corte. Los manuscritos miniados de la época ejercieron una fuerte influencia en la evolución del diseño de las alfombras. Los modelos persas de esta época se caracterizan por las composiciones equilibradas, los fuertes contrastes de color y un efecto de superposición de dibujos. 

Entre los diferentes tipos destacan las alfombras denominadas de medallón, a menudo realizadas en Tabriz, con un medallón central; las denominadas de jardín, normalmente del norte, con el interior dividido en parcelas a semejanza de los típicos jardines persas, y las denominadas de jarrón, probablemente de Kerman, en el sur, con un dibujo de rombos que se repite simétricamente a lo largo del eje longitudinal.

Las revueltas políticas de comienzos del siglo XVIII acabaron con la dinastía Safawí y, como consecuencia, con las fábricas de alfombras de la corte. Las alfombras actuales iraníes carecen de la extraordinaria riqueza de las realizadas entre los siglos XV y XVII, época de oro de la alfombra persa.

Los ingleses han significado a los iraníes y su  cultura milenaria, diciendo: “hablan con poesía y caminan en alfombras millonarias”, esto último porque las mismas adquieren un valor muy alto en el mercado, en la medida que se quiere adquirir una de mayor antigüedad.

Irán es un país que a pesar de tener otras riquezas, ha logrado que las exportaciones de alfombras alcancen cientos de  millones de dólares anuales, llegando a todos los continentes y confines del mundo.

Después del petróleo se han convertido en la segunda exportación del país, hay cinco millones de personas que venden alfombras en Irán y los que las confeccionan son 100 por ciento profesionales.

Debido a los problemas políticos que enfrentó el país por muchos años, algunos vecinos se dedicaron a confeccionar alfombras como si fuesen iraníes, pero tenían claras muestras de la baja calidad de las mismas. Volvamos a concretar los lugares más famosos de confección de estas alfombras: Esfahan, Ghom, Naeein, Tabriz.

Alfombra bordada en Oro y Plata
 
Los tamaños de las alfombras varían, solamente las industrializadas son las que tienen medidas estándares. Es bueno saber que para lograr la confección de una alfombra depende del tamaño de la misma, por ejemplo una de dos metros de largo debe tener 850 mil nudos. Por cada 7 centímetros hay 60 nudos, por lo cual deben ser hechos por manos pequeñas, de tal manera que niñas de 2 a 3 años trabajan 11 meses para lograr esa meta, aunque esta barbaridad es poco comentada en el mundo, y no le resulta grato a los iraníes hablar de esto.
 
Turquía
En Anatolia (Turquía) y el Cáucaso la tradición medieval se mantuvo más tiempo en toda su pureza. Las primeras alfombras turcas de nudo datan del siglo XIII. No se conoce la fecha de fabricación de los primeros kilim (alfombras de tejido liso), pero probablemente fueran tejidas mucho antes que las de nudo. 
 
De las pinturas europeas fechadas entre 1350 y 1450 puede obtenerse gran cantidad de información sobre los dibujos de las alfombras de aquella época (pájaros heráldicos, animales combatiendo, un árbol entre dos pájaros y animales enmarcados por octágonos), que estaban copiados probablemente de tejidos bizantinos. Algunas de las alfombras más bellas de los siglos XVI y XVII fueron tejidas en la ciudad de Usak, al oeste de Turquía, uno de los principales centros de la corte del Imperio otomano.
 
Las alfombras típicas que tejían los artesanos de Usak eran de oración, de dibujos de estrellas, de medallón, de pájaros y de líneas y puntos.
 
Completando, hay que decir que las alfombras turcomanas son fácilmente reconocibles por el típico color rojo oscuro, y por la superficie definida por un único motivo repetido: así son las bukara (filas de octógonos con contorno mixtilíneo encuadrados en blanco y alternados con cruces oscurísimas) y los subtipos pendeh y khiva, las yemud (motivo continuo de rombos), las tekke (octógonos simplificados), las afgán (octógono en cuyo centro se sitúa la cruz y el trébol). 
 
 
La región de Samarcanda 
 
Aquí se produce pocos pero bellísimos ejemplares en los que las temáticas turcomanas, caucásicas, persas y chinas confluyen en alfombras de colores desacostumbrados: amarillo, rosa, violeta, índigo. 
 
La superficie está decorada con medallones redondos, dispuestos en el centro de la alfombra o en los extremos y decorados con rosas estrelladas, ramas de flores de loto, líneas y serpentinas que imitan el símbolo chino del agua, bandas de nubes y a veces mariposas estilizadas. 
En las alfombras chinas y mongoles predominan los fondos lisos amarillos y azules: sus motivos asimétricos, esparcidos libremente por la superficie, son naturalistas y altamente simbólicos y presentan tonos difuminados.

 

Alfombras del Turkestán

Las primeras influencias que recibieron las culturas turcomanas de esta región mal definida de Asia Central, parece que procedían de Mongolia y Turquía. No se conservan alfombras de esta zona anteriores a los siglos XVIII y XIX debido a que en su mayoría eran artículos funcionales de uso cotidiano (alfombrillas, bolsas, cintas decorativas, colgaduras para las tiendas y arreos para los animales) más que artículos de lujo. 
 
Una característica de las alfombras de Turkestán es el predominio del rojo, castaño rojizo o rojo azulado, y la presencia de un dibujo octogonal denominado gul, que podía ser una flor estilizada o un símbolo tribal. También eran típicas de las tribus descendientes de los mongoles las alfombras con dibujos.
 
 
Del mítico Egipto
La tradición egipcia de tejido de alfombras abar
ca dos periodos: el mameluco y el otomano. En el siglo XV y la primera mitad del XVI la ciudad de El Cairo era el centro mameluco de fabricación de alfombras. 

Éstas eran de colores brillantes (azul claro, amarillo verdoso y frambuesa), dibujos geométricos centrales o medallones y dibujos estilizados de plantas que recuerdan a las últimas tapicerías coptas (véase Arte y arquitectura coptas) y se caracterizaban por la frecuente falta de contraste entre las cenefas del borde y el motivo central. 

Del siglo XVI al siglo XVIII Egipto estuvo controlado por los señores feudales turcos (otomanos). Con la derrota de los mamelucos por los turcos otomanos en 1517 comenzaron a utilizarse los dibujos de Anatolia que consistían en rombos geométricos y medallones en filas. El Imperio otomano de Egipto sucumbió en 1798 y con él la fabricación de alfombras.
 
De la legendaria India
Los talleres de alfombras indios florecieron en los siglos XVI y XVII casi al mismo tiempo que las fábricas reales persas. De la escuela mogol de manuscritos, con gran influencia persa, se tomaron los motivos y el espacio central que dominaba el diseño de la alfombra. Sin embargo, los dibujos indios son una versión más naturalista de los estilizados modelos persas de flores y vides. Son típicas las composiciones asimétricas libres con animales y escenas de caza sobre fondo predominantemente rojo oscuro. 
 

De las escasas alfombras indias que se conservan, la mayor parte data de principios del siglo XVII y presentan diseños florales de una finura excepcional con más de 310 nudos por cm2. Estos diseños florales de las alfombras mogoles incluyen celosías, arbustos en flor dentro de una reja abstracta, hojas de acanto y motivos típicos de las alfombras de oración.
 
Aunque ya no es esa magnificencia de la alfombra hindú, la industria tapicera india se cuenta entre las más importantes del mundo; y del viejo esplendor hay piezas en muchos museos. Cachemira tiene una larga tradición de tapicería, con alfombras de lana y tapices de seda de exquisita fabricación.
 
Las Alfombras occidentales
En lo que se refiere a la producción occidental de alfombras, hay que recordar que la técnica del anudamiento se ha difundido en algunas regiones sobre todo en la edad moderna, y a menudo en relación con la experiencia oriental. 
 
Hablemos de la 
Alfombra en Francia
En efecto, se sabe que del siglo XIII al XVI se tejían en Paris alfombras llamadas sarrazinois, denominación que indicaba todo 
lo que era musulmán. 
Después de un periodo de abandono, la técnica del anudamiento fue reanudada a partir de comienzos del siglo XVII por Pierre Dupont que, animado por Enrique IV, abrió un taller en el Louvre. 
 
Un alumno suyo, Simon Lourdet, abrió otro en una vieja fabrica de jabón: de ahí el nombre de Savonnerie, que ha pasado a designar en sentido lato la alfombra anudada francesa. Las alfombras producidas no tenían nada de oriental, respondiendo en eso al gusto de la época: muy amplias, tanto como para cubrir el suelo entero del lugar al que se destinaban, y estaban decoradas con motivos ornamentales tomados de los de las paredes y los techos: grandes caulículos de hojas de acanto contenidos por molduras que aparecen entre flores, medallones y paisajes. 
 
Además, los trofeos y emblemas de la realeza estaban distribuidos por toda la superficie. Se dio un gran impulso a la producción, especialmente en la segunda mitad del siglo XVII, gracias a los encargos de la corte (alfombra ordenada por Luis XIV para la Grande Galerie del Louvre, Nueva York, Metropolitan Mus.), y a causa de la tradición de enviar alfombras de regalo a soberanos y príncipes extranjeros; en 1712 la Savonnerie se convirtió en Manufactura de los muebles de la corona y de alfombras a la manera de Persia y del Levante. 
También con Luis XV hubo una considerable actividad, pero la competencia de las fabricas de tapices de Aubusson y de Beauvais era bastante fuerte. 
Durante el consulado los trabajos se reanudaron, y también la Savonnerie contribuyó a la decoración de las residencias reales de Napoleón, en el ámbito del dominante gusto imperio. En 1825 la Savonerie se unió a la Manufacture Nacional de los Gobelinos en cuya sede todavía continúa la producción.
     
 
En Inglaterra
Después de una primera producción (segunda mitad del siglo XVI y en el XVII) que alternaba imitaciones orientales y ejemplares de gusto europeo, hubo un largo periodo de inactividad. Hacia la mitad del siglo XVIII, las manufacturas de Parisot (en Fulham) y de Passavant (en Exeter) reanudaron la producción. Pero las manufacturas de Moore y Whitty fueron más importantes y de mayor duración: sus alfombras sirvieron para decorar los ambientes de gusto neoclásico creados por Robert Adam hacia finales del siglo XVIII .
        
 
En España
Posterior al  magnífico florecimiento andaluz de los siglos XV y XVI (cuyas alfombras llevan escritos en caracteres góticos y blasones nobiliarios) y una etapa de decadencia, se produjo una parcial recuperación en el Siglo XIX (manufactura de Santa Bárbara en Madrid). 
 
Italia 
Se distingue por la producción de alfombras artísticas entre las que destacan los productos sardos, con motivos ornamentales geométricos y zoomorfos. También es importante la producción de los Abruzos (Pescocostanzo y Castel di Sangro) y la de Calabria (Longobucco).
 
 
 
Sitio aparte nos merecen los Kilims
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