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- Minuto a minuto se agranda el
grupo en ese salón, antesala del otro del que salen generales y
almirantes, y donde convergen las incógnitas de los que allí
estamos: buenos y malos, inocentes o interesados, calculadores o
espontáneos... Hubo de todo y dio para todo ese sueño de cambio
trastocado en desastre de múltiples paternidades: civiles,
militares, clérigos... Una
Venezuela distinta
- a la que marchó el día
anterior.
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- Fui de esos pocos que admiten haber
estado en el epicentro de los acontecimientos del 12 de abril. Narraré a
mi manera, pero sin veleidades fabuladoras, los hechos que allí
sucedieron y que yo vi, porque como bien expresó una vez Elena
Poniatowska, una cosa es el periodismo y otra cosa es la novelística. No
me propuse estar allí. El gobierno no es oscuro objeto de mis deseos, ni
siquiera ese 11 de abril, cuando por azar no me fui de Chuao a Miraflores,
ya que después de haber tenido que calarme a las "Estrellas de
Fania" debutando cual extraña mezcla de Rosa Luxemburgo y Rubén
Blades, junto a otros benditos, ensayando displicencias y desplantes, creyéndolos
gestos de poder.
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- Por los muertos
- Allí viví un acto coherente con lo que
vendría después. Me acerqué a la "Tarima Caliente" ya que
necesitaba fotos para la Revista Digital, y para un diario extranjero,
fotografías de ese pueblo que estaba allí sin saber que eran ellos y sólo
ellos los que tumbarían a un gobierno de ineptos, de farsantes, de
desalmados. Les cuento que desde las alturas de un poder que ya comenzaban
a ejercer, me ven como quien observa una chiripa sobre el mesón de la
cocina. Busco explicar mi necesidad de tomar esas fotos y nadie me para...
Un "Peor cuña del mismo palo" desaforado grita y levita en
aquel orgasmo patriótico. Y yo, sin poder tomar las fotos... Intento con
las pasionarias, y una de ellas, magnífica en su grandeza, me contesta:
Noooo, tú no puedes pasar... íAquí es zona VIPí Mejor respuesta no me
dan los de Pdvsa, que ahora se creen el cuento del diálogo y las
rectificaciones. Unos jóvenes, iguales a los que un rato después cayeron
en aras de brindar los muertos para una desgracia nacional, tratan de
subirme poniendo sus manos como escalones. Mejor que no... un Tamacún
vengador de la afrenta que significó osar subir al pedestal de la gloria,
casi me pega, así que me resigné a no lograr mis fotografías y venirme
a mi casa. Hoy, le doy gracias, quizá su arrogancia salvó mi vida.
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- Las horas transcurren, la violencia
oficial cuece un guiso demoníaco, y un pueblo bonito desconoce que en
breve será blanco del ataque más cobarde que podamos recordar.
Paralelamente acumulo sabrosos detallitos: escuchar a uno de esos
portentos analíticos que nos gastamos, decir el día anterior que es José
Vicente Rangel un interlocutor democrático y válido, volviéndolo a
escuchar de un otrora "arriechi", ya sentado de nalgas al ver
que es mejor cuadrarse y lavar afrentas de un tiempo en el cual se ejerció
un rol que hoy sería bueno cubrir de olvidos. Olvido que desean los que
esa mañana soleada del 12 de abril fueron llegando de uno en uno, de dos
en dos, a esa especie de "Plaza liberada" que creíamos era
Miraflores.
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- Llegué antes de las 8 de la mañana, por
circunstancias que más obedecen a la amistad que a la política. Me llama
el general Medina Gómez, mi amigo, y me pide que vaya muy temprano, por
eso pude ver el arribo de los que hoy ponen cara de "Yo no fui"
ni de ir ni de ser... Tres tristes tigres llegan casi de primeros, conocen
de golpes y asonadas, sonrientes buscan ser aceptados o al menos
tolerados. Uno de ellos dice después en televisión que estuvo para
impedir lo que sabía vendría íCómo nie! Minuto a minuto se agranda el
grupo en ese salón, antesala del otro del que salen generales y
almirantes, y donde convergen las incógnitas de los que allí estamos:
buenos y malos, inocentes o interesados, calculadores o espontáneos...
Hubo de todo y dio para todo ese sueño de cambio trastocado en desastre
de múltiples paternidades: civiles, militares, clérigos... Una Venezuela
distinta a la que marchó el día anterior. En palacio estaban las
nulidades engreídas, los nuevos paladines y su corte de felicitadores, y
también, en menor número, hombres y mujeres esperanzados que inocentes
creyeron estar en buenas manos y en cabezas lúcidas.
- Los figurones
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- Me encuentro con un viejo amigo: Andrés
Velásquez; él y Lucas Matheus se retiran al mediodía sin estigmatizar a
nadie. Se retiran sin duda conociendo ya lo que venía. En la mañana se
habla de un Consejo Consultivo de 25 miembros, muchos suponemos que será
plural... Van apareciendo figurones: Uno ex convergente, chávista. Un
banquero revolotea pensando que si una vez se sentó con Pablo Medina y le
dio explicaciones, qué importa entonces hoy en "Ese amanecer de
libertad" (Espero que suene suficientemente cursi) buscar colarse
nuevamente... y lo logró. La eminencia gris del "Super Decreto"
cocina el gran desastre, desmentirlo es inútil, muchos hombres que sí
que arriesgaron y perdieron, dan fe de ello. El constitucionalista
vanidoso ahora lo niega. Para qué? De las cosas más ciertas está su
autoría.
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- Dos bufones se mueven como Archivillanos
de Ciudad Gótica. Uno sin genio alguno, y otro arrogante y estulto,
vanidoso quizá de una genealogía forjada en bastardías de dictadores.
El azar de nuevo me permitió presenciar cómo, unos días antes, uno de
los almirantes le increpó: Y ustedes qué arriesgan? Ustedes que ponen 20
millones para luego sacar 2.000. Lástima de este militar que al final fue
presa de esta fauna. Aparece un muchachón arrogante, sonrosado, que el
pueblo nuestro definiría como "Pecho'e paloma". Le reconozco y
supe cuánto daño hizo. Muchos no arriesgaron posiciones por irse a comer
algo. Yo sí, y es así que hay un lapso en el cual pierdo contacto con la
comedia... Vuelvo a las 2:30 de la tarde y ya hay lleno total. Es justo
decir que otros se fueron: Cova, de la CTV, y la gente de AD que había
llegado en la mañana. Circulo y recojo comentarios de uno y otro grupo.
Oigo a un empresario, ya a buen resguardo fuera del país, de los que hoy
lanzan en la hoguera a Pedro Carmona, ofrecerle su sastre a un general. No
me sorprende, he oído y visto cosas peores, como leer a aquellos que
capitalizaron para si informaciones nacidas del estamento militar, y hoy
novelan, mienten y adaptan.
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- En estampida
- íAl Salón Ayacucho! Y una estampida se
sucede. El recinto se hace pequeño para tanto demócrata dispuesto a que
la patria muera por ellos. Hablan relajados, contentos, muchos ya marcan
la distancia que el poder requiere. Todos esperamos a los protagonistas de
la gesta. Como el buen Kepchup se hacen esperar... Recuerdo cosas...
"Erase un joven internacionalista a un celular pegado, érase una
conversación superlativa". Imagino que para exhibirse así en el
presídium, debía hablar con Dios... Pasan las horas, los nuevos
personajes ni siquiera se ocuparon de traer su gente de prensa o
protocolo; ministerios, embajadas, contratos eran más importantes que
recordar por ejemplo que el canal del Estado permanecía como la una:
solo. Era más importante para aquellos que se repartían puestos
dirigentes irse a vejar a Cecilia Todd destituyéndola no sé a razón de
qué derecho y nombrando a Guillermo Dávila. Pienso en todo eso y no veo
diferencias entre la Fosforito y la Primerísima. Me asusta pensar que algún
showman deseaba imponerse "En cadena".
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- Al fin aparece el cuadro protagónico.
Recordé a la Billo's: Unos son de la Marina, otros son de la Aviación...
Salen al ruedo sin saber que pronto serían pasto de banderillas y
estocadas. Un ambiente de asamblea de empresarios domina. Después, no sería
a Cristo a quien negarían... Pedro negado bastante más que tres veces
por sus apóstoles...
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- Eso que los conductistas llaman la pérdida
de la individualidad nos dominó a todos, y a cada anuncio dimos
"Hurras". Me produce una gran rabia no haber podido sortear la
multitud abalanzada sobre el libro de firmas con la gula que despierta
creerse que terminó ese chocante rol de opositor. Ahora tampoco mi nombre
está estampado al lado de unos cuantos que da- rían bastante por
borrarlo o al menos ponerle Tipp-Ex.
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- Termina lo que fue debut y despedida;
consecuencia lógica de unos hechos manejados por un atajo de "Don
Fulgencios" evidenciando que carecemos de un liderazgo maduro, con
conciencia de modernidad, realmente democrático. Allí se evidenció lo
que mil veces percibí en plazas de la libertad, coordinadoras, frentes
institucionales, y otros parapetos relacionados con el ramo. Ahora nadie
se responsabiliza. Como un Karma fuimos sujetos al encadenamiento de unos
hechos que anunciaban el final... Saliendo, dos sesudos me piden: Tienes
que escribir, esto hay que defenderlo...
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- De vuelta de El Edén, me entero de las
torpezas de los "Jóvenes Maravillas". Esa misma noche, y
gracias a Dios ya es parte de las hemerotecas, escribo para el Herald:
"En la Embajada de Cuba, todos sitiados hoy por un pueblo enfurecido
que clama justicia, pero al que es obligación impedirle que actúe como
ellos. A los que si fuera necesario iré a hablarles para que no actúen
como Castro y sus secuaces. Hay que sacarles, sí, pero con gallardía,
con justicia, con eso que nos hace diferentes a ellos: El respeto a la
condición humana."
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- Sueño de una noche...
- El sueño prolonga la ilusión. El sábado
temprano percibo que algo pasa. Comienza la recriminación. Muchos hábilmente
marcan distancia. El "Plan de Contingencia" chavista/fidelista
es puesto en marcha. La fea costumbre de descalificar al contrincante dio
frutos. Se imaginaron que el otro no se defendería. Casi como un cuadro bíblico,
los intereses, las ambiciones, las mediocridades de unos actores de
reparto elevados a roles estelares, convirtieron a un pueblo noble, a un
bravo pueblo en otro Isaac bueno, que habrá de preguntar: "Y el
cordero para el Holocausto dónde está"?, desconociendo que es él
mismo...
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- Un catálogo de salvadores mesiánicos
aparece en TV. Al inicio del aquelarre de saqueos, vandalismo y muerte,
aparece uno, vestido de amarillo, no sé si "para que no lo
conocieran", diciendo venir de Petare, de Guarenas, de zonas
mirandinas y donde no pasaba nada...
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- Miserias desnudas
- Hasta aquí mi crónica de unos días que
marcan de vergüenza nuestra historia. Un final que no merecen los caídos,
no merecen los que a pecho descubierto marcharon por la libertad. De unos
hechos que desnudaron miserias, que obligan a revisar y revisarnos. Que
nos llevan a admitir que actuamos impulsados por conductas emocionales y
no por racionales. Que tienen que llevarnos a ser más exigentes, más
desconfiados, más responsables. Me dan ganas de llorar por los sueños de
aquellos que escribieron graffitis en un muro de La Carlota, iluminando
con velas lo que creían la conquista de un pueblo derrotando a un déspota.
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- Leo historias sesgadas a favor de
intereses individuales. Veo a donde nos trajo ese protagonismo que me
preocupaba y me preocupa tanto. Me adueño de un epigrama de Ernesto
Cardenal, lo adapto para decir que un atajo de vivos evade culpas y
responsabilidades al estigmatizar a Carmona y a los militares como únicos
responsables diciendo: "Si ellos estuvieron en Miraflores, en
Miraflores no había nadie más..."
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- 22 de abril de 2002