EneroEditorial99
¡Bienvenido 1999!
Antesala del 2000
 
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Es algo que hace que me sorprenda...
Que me detenga un poco y piense en ese
pasar del tiempo con su carga de sueños, de propósitos, de quehacer y afanes, y también
de cosechas...
Ha habido siempre un especial imán en la idea y la visualización del año 2000.
Quién, como yo, no jugó a imaginar desde la edad niña, qué pasaría, qué sería, cómo
estaría, dónde nos alcanzaría ese año
recubierto de trajes distintos, colocados lapso a lapso, de acuerdo a historietas, comics, series televisivas, libros de ficción, películas, y también de la propia dinámica de la vida, de la información y de lo cotidiano...
Conscientemente creo que no me aboqué a esperarle. Inconscientemente estoy segura que si... Sumaba y sumaba mental y libertariamente para ubicarme con la edad que tendría en él; me regodeé especulando sobre cómo sería mi vida, con quién la compartiría, que alcanzaría y que perdería, que rutas andaría...
 
A un año de ese foco de expectativas, el primer día del último año de un siglo que se despide ya, y que nos deja la posibilidad de enorgullecernos ante los combates que el hombre le ha ganado a la muerte, busco la tangible presencia del talento y el milagro del pensamiento creativo, y nombres como Bell, Edison, Marconi, Curie, Einstein, Fermi, Harry Compton Crick, James Dewey Watson, Maurice Wilkins, me reconfortan, me esperanzan y apuntalan mi fe.
Amo la realidad de lo numerosos que son estos gladiadores de la vida, aunque deba aceptar la obligatoriedad de obviar a muchos por esa tirana síntesis periodística, que impide que en espacios tan estrechamente rígidos, pueda mencionarles.
Siglo también de guerras pavorosas, de muerte masiva, de mayoreo de cadáveres, refugiados y perseguidos; de cotidianidad de la violencia, de números supliendo troncadas existencias. Viejos demonios reencarnados, caballos de hierro trasladando a ejércitos de muerte, mares surcados por naves letales. Explosiones cuyo combustible mayor ha sido las pieles, los huesos y la sangre de gente que una vez tuvo nombre, pero que este Siglo obsesivo de las estadísticas les convirtió en impersonales "Partes oficiales".
 
Como en los viejos cuentos infantiles, mi siglo es rico en príncipes buenos, vencidos por fugaces y perversos amos, cancerberos de infiernos, constructores de fosas...
Centuria de contrastes, de ironías, "Cancan" travieso, burlador de tabúes, trastocador de moralidades pacatas...
 
Me gusta haber corrido buena parte de su segunda mitad. Me gusta lo que de él he mamado y que forma mi osamenta vivencial.
Me gusta ser ciudadana de dos tiempos con mi pensamiento crecido en la blasfema pero cierta posibilidad de desmentir a Cohelet, hijo de David, y decirle:
¡Oh no! Sí que hubo, hay y habrá cosas nuevas bajo el sol...
Y decirlo no me significa vanidad, aunque, si lo fuese, creo que el hombre le demostró a ese Dios, que parece que si lo hizo a su imagen y semejanza, que es capaz de retar y asumir, de luchar, caerse, levantarse y vencer. Ese hombre que a pesar de tantas y terribles torpezas, no le defraudó, y entonces, aceptable es la vanidad...
 
Me gusta como este tiempo me obliga a estar alerta, a hurgar y descubrir, a pensar y actuar.
Amo sus tecnologías, su dinámica, sus virtualidades...
En mi trozo de tierra, en esta mi casa grande, mi país, me va a resultar apasionante seguir de cerca cambios, nuevos estilos, observar a noveles actores que se estrenan en el complicado guión de pasar de prometedores a cumplidores, de opositores a elementos activos y comparsas de una Historia Oficial. En la tierra toda, se me brinda el prodigio de un mundo sin fronteras, donde la inmediatez acuciará mis potencialidades, donde la globalidad dejó, hace tiempo ya, de ser un giro semántico y snob, y me convierte en habitante universal sin importarme sí por existencia propia o sí por pensamiento humano.
¿Realismo o nominalismo, qu'importe qui...?
 
Me siento en parte, hecha a la medida de sus exigencias, y si en esas exigencias encuentro, como creo, tiempo para seguir sorprendiéndome, tiempo para seguir fascinándome, tiempo para abrigar mi fe en el hombre, qué otra cosa mejor me resta, que no sea caminar este año 1999 preñado de un guarismo que al sumarle, me brinda la mágica existencia del 28, múltiplo del cabalístico 7.
Año 2000, como me emociona tu cercanía.
 
Eleonora Bruzual
Enero, 1999
wpe98.jpg (5989 bytes) Editorial "Kosovo"
Archivo de Editoriales
botonluz.gif (2410 bytes) Editorial del Movimiento Les Femmes du Troisième Millénaire
botonluz.gif (2410 bytes) Editorial Noviembre-Diciembre 1998
 
Música de fondo: Danza de Edvard Grieg
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