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A los afghanos se les prohíbe el uso de los tableros de ajedrez, los fuegos de artificio, las estatuas, los catálogos de moda y las tarjetas de felicitación con imágenes humanas, los instrumentos musicales, los cassettes, los diskettes para computadora, las películas de cine, los productos elaborados con grasa de cerdo y cualquier objeto que contenga pelo humano. |
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El mismo 26 de septiembre de 1996, cuando los talibanes se apoderaron de Kabul, convirtieron la vida en un infierno. Vivir en Afganistán es como vivir en una celda vacía, bajo la custodia de carceleros fanáticos y siempre vigilantes. Desde su toma de poder, los talibanes irrumpen en las casas para destruir los televisores y romper las fotos de familia, cualquier cosa donde se pudiera ver la cara humana es motivo de persecución. Hasta la música tradicional ha sido víctima del fanatismo. |
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| Muchos son ya los testimonios de estas mujeres, olvidadas por un mundo insensible. En esos testimonios nos dicen con voces desesperadas que una depresión colectiva y terrible, está conduciendo a miles de mujeres afghanas al suicidio. |
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| Todo el pueblo de Afghanistán vive sometido al fundamentalismo más retrógrado, pero son las mujeres las que sufren la peor barbarie inhumana, su demencia religiosa. Sabemos que la Organización de las Naciones Unidas fue incapaz de impedir la destrucción de los Budas de Bamiyán. ¿Podrá ahora la ONU -o tal vez la OTAN- detener la atroz opresión física, psicológica y espiritual de que son objeto las mujeres afganas por parte de los talibanes? |
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Nos preguntamos y les preguntamos ¿Seguiremos permitiendo a estos enemigos de la mujer, de la música, de la cultura, de la vida tener patente libre para cometer tantas y tantas atrocidades en el siglo XXI y en el Tercer Milenio, amparados en una religiosidad que no es otra cosa más que el fanatismo más terrible y paralizante que el peor oscurantismo de la Edad Media? |
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