enemigosdelavida

Enemigos de la vida
Emisarios de terror
Odian y vejan a las Mujeres
Silencian la música y cubren con un manto de oscuridad toda cultura, toda manifestación humana
No hay la menor duda en expresar que los Talibanes son enemigos de la mujer y de la música, ellos, tratando de empobrecer todavía más la vida de los afganos, recientemente prohibieron la importación de naipes, de corbatas. Los lápices labiales, esmaltes de uña y cosméticos en general son casi objetos criminales para la mentalidad de estos enfermos de oscurantismo. 
A los afghanos se les prohíbe el uso de los tableros de ajedrez, los fuegos de artificio, las estatuas, los catálogos de moda y las tarjetas de felicitación con imágenes humanas, los instrumentos musicales, los cassettes, los diskettes para computadora, las películas de cine, los productos elaborados con grasa de cerdo y cualquier objeto que contenga pelo humano.
 El líder supremo de los talibanes, el mulá Omar Mohamed Omar, ha ordenado estas nuevas y absurdas prohibiciones, ya que según él son objetos contrarios a la sharia, o ley islámica. 
Como se sabe, este hombre es el mismo que en marzo pasado, ordenó la destrucción de los dos Budas gigantes de Bamiyán, esculpidos en roca entre los siglos III y IV en la región central de Afganistán, siglos antes de la llegada del Islam. Para nada sirvieron las protestas globales, ni las condenas morales que hasta en gobiernos totalitarios y teocráticos como el de Irán, origino tal crimen contra el patrimonio cultural de la humanidad.  
 
Muchos pidieron -en vano- "respetar los valores de todas las religiones". Fueron mundiales las peticiones exigiendo no destruir estas estatuas. Por meses, aparecían notas y fotos con la crónica de la destrucción, hasta que por fin no quedaron más que unos restos tristes en la roca. 
Esta barbaridad es una más del rosario de terribles brutalidades que unos enfermos han puesto en marcha para desgracia del pueblo Afghano, y ahora, como lo refleja el terrible atentado contra las ciudades de Washingron y New York, contra todo el mundo libre y la cultura occidental. Estos religiosos irracionales, quemaron también una gran biblioteca al norte de Kabul que albergaba unos 55 mil libros, entre ellos bellos manuscritos iluminados, como parte de su programa de destruir todas las obras de arte en el país.
El mismo 26 de septiembre de 1996, cuando los talibanes se apoderaron de Kabul, convirtieron la vida en un infierno. Vivir en Afganistán es como vivir en una celda vacía, bajo la custodia de carceleros fanáticos y siempre vigilantes. Desde su toma de poder, los talibanes irrumpen en las casas para destruir los televisores y romper las fotos de familia, cualquier cosa donde se pudiera ver la cara humana es motivo de persecución. Hasta la música tradicional ha sido víctima del fanatismo.
Una crónica de Cloe Aridjis publicada por el Diario Reforma refiere:  "Una censura brutal de toda música en la región: lo único que se permite son cánticos musulmanes. Según los talibanes, la música corrompe. Cualquier tipo de diversión es vista como una distracción que aleja a la gente de su religión." Esta joven escritora, entrevisto al músico afgano Yusuf Mahmoud, exiliado en Londres, quien toca el rubab y canta, él dijo: "Todos estamos esperando un futuro, pero por ahora no hay futuro. Es como un callejón sin salida, sin porvenir. No hay ninguna felicidad por el momento." Afganistán es un país de fantasmas donde no volvió a sonar su hermosa música.

Todos sabemos, que hasta la llegada de los talibanes, las mujeres podían trabajar, vestirse a su antojo, manejar y andar solas por las calles y pueblos de ese país; ahora, desde el desgraciado arribo de estos locos, ellas  son objeto de una persecución abyecta. Sólo pueden salir vestidas con las terribles Burkas, especie de jaula portátil perforada por una reja estrecha que permite ver sin ser vista. Es cotidiano el hecho de infligirles golpizas pavorosas o lapidarlas sin más no más, sólo por el hecho de no estar  totalmente cubiertas, o si por casualidad están usando calcetines o zapatos blancos. 
Se les obliga a usar zapatos que no hagan ruido, ya que según ellos "A  las mujeres no se les debe oír". Las niñas no pueden recibir ninguna enseñanza. Las mujeres no pueden trabajar, y las mujeres profesoras, las doctoras, las abogadas, las artistas y las escritoras han sido obligadas a abandonar su trabajo para recluirse en su casa, y convertirse en muertas vivientes, dentro de lo que sin duda son verdaderas tumbas.
Las ventanas de todas las casas están pintadas de blanco, por orden del gobierno,  y según ellos, así evitan que se vislumbre a las mujeres adentro. La mujer no puede salir a la calle sin ser acompañada por un pariente masculino. El marido tiene poder de vida y muerte sobre las mujeres de su familia. Si una mujer no tiene algún pariente masculino que la mantenga, o mendiga en la calle o muere de hambre. No existe atención médica para las mujeres, y las pocas que llegan a los hospitales, en su mayoría mueren de mengua y malos tratos.  
Muchos son ya los testimonios de estas mujeres, olvidadas por un mundo insensible. En esos testimonios nos dicen con voces desesperadas que una depresión colectiva y terrible, está conduciendo a miles de mujeres afghanas al suicidio.

Internet ha logrado mucho en la cruzada por lograr justicia para el pueblo Afghano y en especial para las mujeres y niños. Mary Robinson, la alta comisionada para Derechos Humanos de las Naciones Unidas, quizá habrá leído algunos de los millones de mensajes firmados y avalados por números de identidad, donde se le pide  que se actúe para poner fin a la situación actual en Afganistán.
Pero un hecho vergonzoso que debemos destacar aquí, es que nada ha sucedido. Naciones Unidas es cómplice de crímenes contra la humanidad al permitir este horror. En agosto de 2001 en la Conferencia de Durban, los grandes tiranos y asesinos de pueblos inocentes, encabezados por Fidel Castro, el Verdugo de Cuba, pidieron la condena de la única democracia del Mezzo Oriente, el Estado de Israel, y cómplices y alcahuetas nada dijeron sobre el drama de Afghanistán. Esto desnuda su verdadera esencia y su comunión de ideas con la barbarie.
Todo el pueblo de Afghanistán vive sometido al fundamentalismo más retrógrado, pero son las mujeres las que  sufren la peor barbarie inhumana, su demencia religiosa. Sabemos que la Organización de las Naciones Unidas fue incapaz de impedir la destrucción de los Budas de Bamiyán. ¿Podrá ahora la ONU -o tal vez la OTAN- detener la atroz opresión física, psicológica y espiritual de que son objeto las mujeres afganas por parte de los talibanes? 

¿El mundo entero, cómplice de brazos cruzados permitirá hacer justicia con lo que sin duda es el peor desastre humanitario de nuestra época? 

Nos preguntamos y les preguntamos ¿Seguiremos permitiendo a estos enemigos de la mujer, de la música, de la cultura, de la vida tener patente libre para  cometer tantas y tantas atrocidades en el siglo XXI y en el Tercer Milenio, amparados en una religiosidad que no es otra cosa más que el fanatismo más terrible y paralizante que el peor oscurantismo de la Edad Media?
 
 
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Ay Qashang Tar Az

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El 11 de septiembre de 2001
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EL ATENTADO
Jamás debemos olvidar